
Mi Kabbala – Tevet 10, 5786 – Martes 30 de diciembre del 2025
¿Abstinencia?
El Texto de Textos nos revela en Esdras 8:23, “así que ayunamos y oramos a nuestro Creador pidiéndole su protección, y él nos escuchó”.
Al caminar (halak, הָלַךְ) a través de este mundo en donde proliferan los deseos y al no satisfacer algunos de ellos, caemos regularmente en aflicción, lo que quizá implica otra dificultad para entender lo que son ejercicios sanos cómo el ayuno, que relacionan nuestra vulnerabilidad y fragilidad con las necesidades de nuestro día a día, llamándonos así a una nutrición integral siempre guiada por nuestro Creador, para gracias a Él obtener esa fuerza que nos hace sentirnos parte y por ende útiles, obviando así esa otra mentalidad de consumo y de pasiones que solo nos llenan de más y nuevas insatisfacciones.
El ayuno (עניח, ta‘anith, humillar) más que afligirnos, implica revisar si dicho cuerpo lleno de deseos predomina o si podemos vincularnos a través de el con el Espíritu Santo distanciándonos así de tantos intereses personales, como de todo lo que nos une a esos objetivos mercantiles que vemos como comunes, pero que realmente son individuales y egoístas, de allí que todo ayuno se debe acompañar de oración, la cual nos puede ayudar a pensar en el por qué y para qué de la vida, en esa búsqueda de acercarnos y unirnos con el próximo y por ende con el Creador a través de Su obra.
El pueblo judío nos enseña a través del ayuno de Asara Betevet (עשרה בטבת), a los diez días de Tevet, a través de esta conmemoración que no debemos depender de material y que más bien debemos comprender el final del sitiado de Jerusalén en el año 425 a.C. por Nabucodonosor, Rey de Babilonia, quien lo logró en treinta meses después de la destrucción del primer Templo de Jerusalén y el cual conllevo otros 70 años de exilio de babilonia, que solo debemos depender del sustento del Creador.
La Yohdh (י) como decima letra, al complementarse con he (ה) la quinta y con waw (ו) la sexta, nos presenta según la gematría, en expresiones como: Yohdh-he’ o Yohdh-waw a nuestro Creador como alimento, por lo que ese ayuno que comienza cuando sube el alba y termina a la noche con la salida de las estrellas, nos habla que Él al iluminarnos, nos nutre, llamándonos la atención para que fluyamos ya no en torno a nuestros egos y deseos sino motivándonos a distanciándonos más y más de ese plano material que impide nos articulemos con Su obra, y así no seguir como esclavos de dichos placeres vacíos, que se llenan realmente con Él; Su amor y no, con nuestras alucinaciones egocéntricas.
El número diez (‘esher, עשר) nos incita a la vez a ayunar, acompañado esta visión de las plegarias y lecturas bíblicas especiales del día, las cuales nos sirven siempre para realinear nuestra atención hacia el Espíritu y sus senderos altruistas. Y aunque supongamos que coexistimos en un ambiente espiritual, vale la pena cuestionarnos más a diario en pro de convertirnos en seres integrales, de esos que saben que sus causas principales les llevan como humanos a dejar a un lado ese sometimiento y dependencia de lo material para que sea el reino de lo Espiritual el verdadero propósito.
El Texto de Textos nos revela en Romanos 10:11, “Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.
Oremos para que nuestros ayunos nos inciten a desear menos y servir más.



