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Mi Kabbala – Tevet 12, 5786 – Jueves 1 de enero del 2026

¿Misericordiosos?

El Texto de Textos nos revela en II de Samuel 24:14, “entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano del Creador, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres”.

Debemos entender la misericordia como un atributo divino que nos enseña a tener consideración, amabilidad, compasión, si perdón para con los otros, dejando de juzgar y descalificar a quienes debemos más bien comprender, ya que al condenarles nuestras mismas acciones u omisiones nos juzgan, errores (jattáʼth, חטא) producto del pecado que mora en nuestros cuerpos, así que esa piedad para con esos otros, es también para con nosotros, que al vivir alejados del Creador reproducimos esa genética desobediente, que se retroalimenta todos los días del árbol del conocimiento del bien y del mal.

Toda virtud (jayil, חַיִל) parte por ende de esa misericordia la cual se cultiva día a día obviando esa lastima hacia alguien que poco tiene que ver con estar dispuestos a cambiar ese molde pecador y desobediente para asumir con nuestro sano ejemplo el acompañar a esos otros que como nosotros cometen equivocaciones diarias incluso sin reconocerlas, primer paso para poder enmendar esas intenciones cultivando la bondad en nuestros corazones, acciones que buscan el bienestar hacia todos esos seres que siendo nuestros próximos percibimos en ocasiones como opositores.

Pacto (בְּרִית berít) del Creador que nos guía hacia ese estado armónico en donde hasta nuestras emociones cual indicadores nos incitan a cogobernamos, teniendo como referente ese fluir amoroso divino que luego, debemos irradiar en nuestros entornos, para que estos escenarios nos permitan el construir puentes con todos los seres vivos, de tal forma que nos reconectemos a través de ellos a Él y desde esa perspectiva motivemos desde nuestro ser esa perfecta armonía Creadora, la cual rige este universo, así los humanos con nuestro libre albedrio sigamos replicando otra realidad egoísta.

Al nutrirnos del Árbol de la Vida, nos elevamos a esos niveles que con sus senderos nos manifiestan esa Su voluntad, la cual entendemos como misterios, cuando son oportunidades de crecer, por ende: Jesed como Misericordia, Chesed (חסד), o Gedulah (גדול) o cuarta Sefirá, situada debajo de Chokmah, nos refleja ese deseo de compartir incondicionalmente, corrigiendo nuestra voluntad hacia esa misión de dar todo de nosotros mismos, en vez de solo querer recibir, generosidad sin límites: Hesed, que nos lleva a reencontramos con esa extrema compasión que nos redime y que nos lleva a la salvación.

Oseas (הוֹשֵׁעַ, Hōšēa) como profeta nos reitera que dicha Salvación se da gracias a la misericordia divina que como acto gratuito y espontaneo, denota dicha bondad que debemos irradiar, ya que ella nos guía, permitiéndonos aportar antes que apartarnos, llamado general como creyentes a dar a nuestros próximos de aquello que creemos poseer para que gracias a nuestras propias vivencias estos reciban de esa Luz divina que nos integra al todo, por ello, al hablar de Divina Misericordia como devoción cristiana debemos pedirle a nuestro Señor Jesucristo que nos permita aprender de la bondad y amor desinteresado que Él nos proyectó y que está implícito en los evangelios que de Él hablan.

El Texto de Textos nos revela en Marcos 9:35, “entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: – Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

Oremos para poder aprender y compartir la misericordia divina.

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