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MI Kabbala – Shevat 4, 5786 – Jueves 22 de enero del 2026

¿Descansamos?

El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 20:19, “Yo soy Jehová vuestro Dios; andad en mis estatutos, y guardad mis preceptos, y ponedlos por obra; 20 y santificad mis días de reposo, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Creador”.

Se nos invita regularmente a descansar un día a la semana, como a la vez a dedicar cada instante de vida al Creador. Reposo (מְנוּחָה, menukjá), necesario para renovarnos y encontrar esa armonía que por nuestra diaria movilidad y distractores tal vez perdemos al alejarnos de Él: Shabat (שבת)que su pueblo, lee como elprimer día de la semana y que los creyentes entendemos como el día de la resurrección, tiempo que nos llama a todos a cada instante a reencontrarnos como familia, con nosotros mismos y lógicamente con Él.

Reencuentro espiritual necesario para retomar cada semana ese propósito fraternal y servicial que nos conduce más allá de esta existencia material y que nos condiciona con su dualidad a entender la muerte como un renacimiento, en donde este reposo en medio del mundo de la acción, nos reorienta hacia la eternidad; al Creador, siendo sus preceptos y mandatos los que nos posibilitan santificarnos, viviendo por y para Él, lo que implica el recargarnos a través de la oración y la lectura de la Biblia de esa Fuerza Espiritual que necesitamos para no desviarnos, fruto de su guía (נָחָה, nakjá). 

Nuestra inteligencia (binà, בִּינָה) debe ajustarse por ello a Su sabiduría (jojmà חכמה) para que nuestros pensamientos sean limpios y apegados a esos Sus mandatos, meditando para ello en Él, logrando que nuestra esencia entienda la razón de ser de todo, bien estar que nos denotará que vamos por buen camino, lo que significa además ver en cada instante esa oportunidad de buscarle, reposo, que altera nuestra voluntad para que se ajuste a la suya, logrando además que nuestros dones, destrezas, deseos y determinaciones se alineen a ese fluir que vibra con Su palabra.

Visión esperanzadora (tikvah, תקווה) que más allá de nuestros sesgados conceptos, los mismos que nos llaman a evitar deseos, anhelos o expectativas, que se opongan a integrarnos a través de Su Santo Espíritu, quien orienta nuestra conciencia estimulando incluso nuestras emociones para que nos indiquen cómo podemos cogobernar nuestras vidas, superando los desafíos que nos ofrecen nuestras propias sin razones. Se trata por lo tanto de ver en esas pruebas, espacios para acercarnos más a Él, convirtiendo incluso dicho reposo en un escenario para redescubrir las manifestaciones divinas, siendo para ello la oración nuestra mejor herramienta de acercamiento.

Vivir para Él, implica recordarle (zajar, לזכור) a cada instante, insinuación para que busquemos esa información celestial que disfrazada de datos cotidianos esta dormida en nuestro ser interior, pero que nos proyecta esos destellos que avivan nuestra parte adámica, dándonos luces a ese ADN que en nuestra sangre y producto del pecado nos habla de purificación, lo que implica que al revisar esos mensajes dados incluso por nuestros patriarcas, salgamos de ese exilio y tinieblas egipcias mercantiles y nos reorientemos, atendiendo más esa Luz interior, reflejo de Su Haz de Luz.

El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 4:3, “pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen del Creador”.

Oremos para que cada instante se la ofrezcamos al Creador.

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