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Mi Parashà – Génesis 21:1

En este versículo, observamos el cumplimiento de la promesa divina hecha a Sara y Abraham. La expresión “pakad” (פָקַד), con un valor de 184, significa “visitar” o “recordar”. Esta noción implica, en un sentido espiritual, la atención divina y el cumplimiento de la promesa de concebir un hijo para Sara. Este cumplimiento refleja la manifestación de lo divino en lo material, así como la misericordia divina en el desarrollo de un plan cósmico.

El número 184 se asocia con el concepto de cumplimiento y manifestación, y nos recuerda que el tiempo divino puede no coincidir con el tiempo humano. Sin embargo, cuando el Creador “recuerda” o “visita”, las promesas hechas siempre se cumplen. Por ello, este concepto también se relaciona con la idea de recompensa y ajuste de cuentas, pero en el plano espiritual.

La expresión “Ka’asher amar” (כַּאֲשֶׁ֣ר אָמָ֑ר, “como había dicho”) nos reitera la conexión entre la palabra divina y su realización. No debemos olvidar que la palabra es creadora y que lo que Él pronuncia inevitablemente se cumple, a diferencia de nosotros, que a menudo obviamos que la dualidad entre palabra y acción representa el proceso creativo que se origina en los mundos superiores y se manifiesta en el plano terrenal.

Por otro lado, el valor numérico de la palabra “Sarah”, que es 505, se asocia con el concepto de nobleza y liderazgo, dado que ella desempeña el papel de madre de las naciones y representa la fuerza femenina receptora, fundamental para la continuidad de la línea espiritual de Abraham y la nuestra. Así, el número 505, relacionado con el concepto de “Bina” (entendimiento), es además la sefirá que simboliza ese poder creativo y maternal en el Árbol de la Vida.

Este versículo nos enseña sobre el poder del cumplimiento divino y cómo las promesas que el Creador nos hace, aunque puedan parecer distantes o imposibles desde una perspectiva humana, se cumplen con exactitud en el tiempo divino. La palabra “pakad” refleja la idea de que Él nunca olvida sus promesas, y que, cuando llega el momento adecuado, esas promesas se materializan.

En nuestras vidas, este versículo nos invita a reflexionar sobre la confianza en el tiempo divino. A veces, podemos sentir que nuestras oraciones no son respondidas o que nuestras esperanzas están muy lejos de cumplirse. Sin embargo, este versículo nos recuerda que las promesas divinas se cumplen, pero en el momento justo, cuando estamos listos para recibir esas bendiciones y cuando la energía espiritual está alineada para que se manifiesten en nuestras vidas.

Se trata de confiar en que el plan divino siempre está en marcha y que, al igual que Sara, cuando llegue el momento oportuno, las bendiciones que hemos esperado se manifestarán en nuestras vidas.

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