Back

Mi Parashà – Génesis 21:4

El concepto de circuncidar (וַיָּמָל, Vayamol), con un valor gemátrico de 86, simboliza el pacto entre el Creador y su pueblo. Este número contiene el mismo valor que el nombre del Creador (אֱלֹהִים, Elohim), lo que nos recuerda que el acto de la circuncisión está directamente ligado a la manifestación de la divinidad y a la creación de un lazo inquebrantable entre lo humano y lo divino.

El hecho de que dicho acto se lleve a cabo a los ocho días (בֶּן־שְׁמֹנַת יָמִים, ben shemonat yamim) reitera, a través de este número relacionado con el más allá, que trascurre el séptimo día, el cual representa la perfección y la creación del mundo físico. Esto nos invita a trascender lo natural y a elevarnos al plano espiritual. Así, la circuncisión en el octavo día simboliza la elevación del ser humano por encima de lo material, consagrando su cuerpo al Creador.

Este mandato (צִוָּה, tzivá) nos llama a obedecer, reflejando nuestra sumisión a la voluntad divina. Con un valor de 101, esta palabra nos conecta con la idea de perfección y cumplimiento de la ley divina, dado que el mandamiento de la circuncisión es uno de los primeros y más importantes pactos entre el Creador (אֱלֹהִים, Elohim) y Abraham, asegurando así la justicia y el orden cósmico.

Al obedecer la instrucción de circuncidar a su hijo, Abraham no solo sigue un mandamiento, sino que también alinea su linaje con el orden divino. Como creyentes, estamos llamados a mantener nuestros propios compromisos espirituales, convirtiendo algunos de ellos en señales que dejamos como testimonio de nuestra relación con lo divino. Gracias a estos actos, trascendemos las limitaciones físicas o cotidianas para alcanzar un nivel de conciencia y conexión espiritual superior.

Es de suma importancia cumplir con nuestras promesas y seguir las instrucciones que se alinean con nuestro propósito divino. La obediencia no es solo seguir una regla, sino una forma de alinearse con un plan mayor que trasciende el entendimiento humano. Este compromiso espiritual profundo define nuestra relación con nuestro Padre, consagrando nuestro ser y nuestras acciones a un propósito más elevado, confiando en que estos actos nos conectan más profundamente con lo divino.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *