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Mi Kabbala – Iyar 7, 5786 – Viernes 24 de abril del 2026

¿Ungidos?

El Texto de Textos nos revela en Lamentaciones 4:20, “El aliento de nuestras vidas, el ungido del SEÑOR, fue atrapado en sus fosos, aquel de quien habíamos dicho: A su sombra viviremos entre las naciones”.

A diario se nos habla del Mesías: el Salvador o Redentor, sin embargo, existen conceptos variados al respecto, que van desde verle como el Creador humanado o como ese rey ungido que de la genealogía de David heredará el trono para ser guiado por el mismo Creador y posibilitar un reinado lleno de paz y prosperidad en este mundo. Conceptos que no desdicen los unos de los otros, pero que si nos invitan a comprender que nuestro único rey, señor y redentor es el Creador, el cual debe cogobernar (מָשַׁל, mashal) todos nuestros actos cotidianos aquí y ahora.   

Comprender esta visión en donde nuestro Señor Jesucristo representa tanto al Creador humanándose, como al Rey, descendencia de David, que anhelan algunas creencias, nos lleva a asimilar que desde el antiguo Israel, Él mismo nos ha mostrado a través de sus profetas que es más que un rey humano, y que mas allá de nuestras costumbres terrenales idolatras este no requiere joyas en su cabeza sino aceite, que derramado en su sien mas que un rito nos llama a esa búsqueda espiritual mesiánica (משיחה – ungido), para vivir conforme a los mandatos de ese Ser superior, otro tipo de rey, que clama para que la humanidad viva en armonía con Su voluntad.

Nuestro Señor Jesucristo cumplió con todas las profecías y premisas premonitorias, quizá por ello una mujer: María, hermana de Marta y de Lázaro, dejo sus labores caseras en contra de la petición de su hermana para tomar el lugar de esos profetas y recibir con fervor las palabras de ese Rey redentor, descendiente de David, y mientras cenaban en casa de Simón, el leproso, en Betania, ella derramó sobre la cabeza de nuestro Salvador un frasco entero de un caro aceite perfumado, mientras los demás asistentes no entendían el por qué, María nos recordó que es a Él a quien debemos ungirle (מָשַַח, mashaj).

El Creador sabe el cómo y el para qué de algunas cosas y ese acto sencillo de María cumplía por lo tanto con dicho presagio mesiánico, ya que solo ese aceite, el más preciado, perfumado con nardo, sería el adecuado para aquel Ser, que se humano para salvarnos y denotarnos que con Su reinado transformaría nuestras realidades. Y aunque aún se mantiene el paréntesis de misericordia creado por Él para que todos nos acojamos a su reinado, llegará el momento en su segunda aparición en donde cumplirá con todas las otras visiones mesiánicas que algunos esperan (קָוָה, qavah) ver.

Los creyentes como María (מרים) ‎estamos llamados a empoderarnos reconociéndole como nuestro Mesías, Rey y Señor, ungiéndole con el aceite de nuestro amor, entendiendo que otros, que están más apegados a sus razones y creencias, que al Espíritu Santo, no tendrán el valor para proclamarle como el Mesías. No podemos olvidar que ese mismo termino hebreo, se convirtió luego en la palabra griega christos, por lo cual los seguidores de nuestro Señor Jesucristo somos llamados cristianos; bella descripción que nos obliga a ser ejemplo de esa palabra misericordiosa y redentora por la cual acepto ser crucificado.

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 2:20, “Pero vosotros tenéis unción del Santo, y todos vosotros lo sabéis”.

Oremos para ungir con nuestro amor al Creador.

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