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Mi Kabbala – Tamuz 8, 5786 – Martes 23 de Junio del 2026

¿Templo?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 25:25, “Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú. 26 Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz”.

Hay historias en la Biblia que en ocasiones como creyentes no entendemos en su profundidad e importancia, como es quizá la de Hiram de Tiro y Salomón, quienes hicieron un tratado en donde el rey fenicio envió troncos de cedro y cipreses del Líbano a Israel. Lujosa madera que formaría las vigas del techo y los intrincados paneles dentro del templo. Contexto que desde esa relectura nos debe llevar a la palabra original: brit (בְרִית) que nos habla de unir, pacto que el mismo Creador hace con nosotros, siempre y cuando nuestras estructuras espirituales estén soportadas en Él.

No podemos obviar que nuestro Señor Jesucristo nos denotó que el templo realmente es nuestro cuerpo y aunque el de Jerusalén desde sus inicios fue diseñado para ser una institución universal: una casa de oración, está claro que el templo que debemos reconstruir es nuestro ser espiritual, ese que perdió su naturalidad fruto del pecado y que adornamos dentro de lo material obviando ese sentido que nos llama a integrarnos a Él a través del Espíritu Santo que debe morar allí, abriendo nuestro entendimiento para que la muerte física no sea la que nos mantenga esclavizados a este plano (מימד, memad) terrenal.

Todo se entrelaza entre sí, aunque en ocasiones no nos percatemos, porque nos falta no solo más oración, sino esa guía celestial, lo que implica que vale la pena que nos detengamos a diario no solo a revisar las vidas y expresiones de esos personajes ancestrales que nos dejaron como legado a través de sus vivencias, entendiendo que cada lugar (רווח, revaj) en donde ellos habitaron, como los nuestros nos llevan a experimentar a diario dichas revelaciones que nos sirven a todos de insumos para nuestro crecimiento integral, tanto en lo físico, lo mental, como lo espiritual.

Como templo, nuestro cuerpo, nos llama a buscar la diaria bendición de nuestro Creador, la cual desde esas analogías cronológicas nos recuerda que Esaú se la entregó a Jacob por acomodarse a un modelo de vida que distorsiona esas búsquedas en donde lo prioritario es enfocarnos en el Creador y no lo material. Quien olvido que lo material nunca es demasiado (יֶשׁ-לִי רָב), mientras con Él lo tenemos (יֶשׁ-לִי-כֹל), confianza que como la de Jacob nos llama a sabernos guiados y amados por nuestro Padre Celestial y por lo tanto, bendecidos.

Nuestro templo corporal es sagrado y quizá por ello, cuando desde el hebreo original se usa la palabra na (נָא), expresada por Jacob, ella nos está indicando la importancia de pensar y hablar por y para el Creador. Bella perspectiva que sumada a las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo nos denota que pereceremos físicamente, pero que resucitaremos luego, si hemos trabajado conscientemente a través de la fe en Él, obteniendo la guía de su Santo Espíritu, viviendo así por y para Él, para que entremos a esa nuestra morada eterna celestial: Edén, ya sin el pecado original, reorientándonos desde Su Palabra y luz.

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 6:19, “¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis del Creador, y que no sois vuestros?”

Oremos para que desde este templo corporal honremos a nuestro Creador.

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