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Mi Parashá – Génesis 24.48

Este versículo resalta la gratitud y reconocimiento del siervo de Abraham a Dios por haber sido guiado en su misión con éxito. En la cábala, la gratitud y el reconocimiento de la guía divina son elementos esenciales del crecimiento espiritual. “Va’ekod va’eshtachaveh” (וָאֶקֹּד וָאֶשְׁתַּחֲוֶה): “Entonces incliné mi cabeza y adoré”. El acto de inclinarse y postrarse simboliza la humildad y el reconocimiento de la grandeza divina. En la cábala, la verdadera espiritualidad se basa en el bitul ha-yesh, o la anulación del ego. Al inclinarse ante el Creador, el siervo de Abraham está reconociendo su lugar en el universo espiritual y su dependencia total de la guía divina.

“Va’avarech” (וָאֲבָרֵךְ), que significa “bendije”, tiene un valor numérico de 228, que se reduce a 12 (2+2+8=12), un número relacionado con las 12 tribus de Israel y con la completitud espiritual. El acto de bendecir a Dios conecta al siervo con el proceso de expansión espiritual y la construcción de las futuras generaciones de Israel.

“Y bendije al Señor, Dios de mi señor Abraham”: “Va’avarech et-Adonai Elohei adoni Avraham” (וָאֲבָרֵךְ אֶת-יְהוָה אֱלֹהֵי אֲדֹנִי אַבְרָהָם). La palabra “bendije” (אֲבָרֵךְ, avarech) en la cábala se asocia con el acto de expandir la santidad. Al bendecir a Dios, el siervo está canalizando la energía divina hacia el mundo físico, reconociendo que todo éxito en su misión proviene de la fuente divina.

“Que me había guiado por el camino de la verdad”: “Asher hinchani bederech emet” (אֲשֶׁר הִנְחַנִי בְּדֶרֶךְ אֱמֶת). En la cábala, la palabra “emet” (אֱמֶת, verdad) es de gran importancia, ya que representa la realidad divina y la autenticidad espiritual. El siervo de Abraham reconoce que fue guiado en un camino de verdad, lo que implica que su misión estaba en alineación perfecta con el propósito divino. La verdad es vista como una energía pura que conecta todos los niveles de la existencia, desde lo físico hasta lo espiritual.

“Emet” (אֱמֶת), que significa “verdad”, tiene un valor numérico de 441, que se reduce a 9 (4+4+1=9). En la cábala, el número 9 está asociado con el concepto de verdad eterna y con la plenitud espiritual. El hecho de que el siervo haya sido guiado por el “camino de la verdad” sugiere que su misión estaba en perfecta sintonía con el propósito divino.

“Para tomar a la hija del hermano de mi señor para su hijo”: “Lakachat et-bat achi adoni livno” (לָקַחַת אֶת-בַּת-אֲחִי אֲדֹנִי לִבְנוֹ). La mención de que Rebeca es la hija del hermano de Abraham refuerza la idea de la conexión familiar y espiritual. En la cábala, las familias espirituales están unidas por misiones divinas compartidas, y el matrimonio entre Isaac y Rebeca no es solo una unión física, sino una unión de almas destinadas a cumplir con el propósito divino.

“Derech” (דֶּרֶךְ), que significa “camino”, tiene un valor numérico de 224, que se reduce a 8 (2+2+4=8), un número que en la cábala está relacionado con el infinito y la trascendencia. El camino por el que fue guiado el siervo no es solo un viaje físico, sino un camino espiritual hacia la realización del plan divino.

El versículo refleja un momento de profunda gratitud espiritual y reconocimiento por parte del siervo de Abraham, quien entiende que todo lo que ha logrado es gracias a la guía divina. En la cábala, la gratitud no es solo una reacción emocional, sino un acto de expansión espiritual que canaliza bendiciones hacia el mundo.

La gematría del versículo refuerza la idea de que este momento de bendición y adoración está vinculado a la completitud espiritual y a la expansión de la verdad divina. Al reconocer el camino de verdad por el que fue guiado, el siervo está alineándose completamente con la voluntad del Creador.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre la importancia de la gratitud en nuestras propias vidas. Al igual que el siervo de Abraham, cuando reconocemos y agradecemos la guía divina en nuestros caminos, nos alineamos con la verdad espiritual y expandimos las bendiciones que recibimos. El acto de inclinarse y postrarse simboliza nuestra humildad y disposición para recibir la sabiduría y la dirección divina, recordándonos que nuestros éxitos son el fruto de su guía.

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