
Mi Kabbala – Elul 16, 5786 – Jueves 27 de agosto del 2025
¿Releer?
El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 9:4, “y le dijo el Creador: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella”.
Cada signo lingüístico del alfabeto hebreo original contiene esas chispas de luz divinas que iluminan nuestro entendimiento y se convierten en palabras, frases, y sí, en una comunicación permanente que consolida nuestra nueva realidad. Por lo tanto, la vigésima segunda y última letra de ese alfabeto, Tav (ת), Tau o Τ del alfabeto griego, pronunciada como θ o T en el abecedario latino, nos proyecta como signo una marca o cruz, que, para los estudiosos, explica por qué es uno de los signos más antiguos de la humanidad. Tanto es así, que se encuentra en grutas prehistóricas, ratificándonos que este grafismo incluso se puede vislumbrar en ese antiguo Egipto como llamado.
Tav es, entonces, esa marca o sello divino que, como primer signo, se menciona en la Biblia, representando la culminación de la creación y de todas las cosas creadas. Por ello, también se cree que este signo representa el final de una enseñanza, pero, a la vez, una iniciación o un paso hacia la perfección. Allí se nos revela el resumen de todo en el todo, lo que la ciencia denomina “los absolutos” y por ello otras interpretaciones, leen en este símbolo el misterio revelado directamente al alma y por ende, el camino completo que implica nuestra meta (מַטָּרָה, matará) final en Èl.
Tav como imagen de una cruz, debe entenderse como la absoluta perfección de la creación. Por ello, se le compara con Shin (שׁ), otro signo lingüístico que, unido a Tav, permite que el aliento dinámico produzca la diversidad de las formas. Al comprender estos simbolismos, llegamos más fácilmente a esa verdad: la sabiduría, que es la culminación de todo en la vida, gracias a la palabra creadora que nos proyecta en estas letras y sus movimientos llevados a la vibración de Su palabra a una especie de red (רִשְׁתּ, rishet) que nos integra hasta complementarnos, formarnos y estructurarnos conforme a Su plan.
Todo nos revela ese propósito para con nosotros, pero no queremos atender sus manifestaciones, prefiriendo distraernos en otro tipo de percepciones. Aun así, sus señales siguen intentando guiarnos a través de mensajes simples que, aunque no concuerdan con nuestras alucinaciones y expectativas; nos aportan, lo que significa que nuestra tarea voluntaria es obedecerle y permanecer fieles a sus mandatos, asumiendo esos preceptos de Su palabra como nuestra luz cotidiana en pro que asumamos que cada signo lingüístico del Texto de Textos ilumina nuestra conciencia (מודעות, modaút).
Al asumir la posición de aprendices; seres a quienes todo lo que les sucede les otorga una enseñanza, podremos gracias a dichas reflexiones sumar nuestras diarias oraciones y el estudio de la Biblia y guía del Espíritu Santo, a este plan para que sus manifestaciones nos integren como Sus hijos, sirviéndole así dentro de este corto proceso terrenal, al sabernos útiles a Su creación, vislumbrando así esos destellos que cual chispas de luz posibilitan el salir de nuestras egoístas oscuridades (חֹשֶׁךְ, jóshéj).
El Texto de Textos nos revela en Hechos 5:30, “El Creador de nuestros padres levantó a Jesucristo, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. 31 A éste, el Creador ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados”.
Oremos para que atendamos las diarias señales que el Creador nos presenta.



