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Mi Kabbala – Elul 18, 5786 – Sábado 29 de agosto del 2025

¿Códigos?

El Texto de Textos nos revela en Amós 3:7, “Ciertamente el Señor Creador no hace nada sin revelar su secreto a sus siervos los profetas”.

Nuestro lenguaje es una decodificación de signos y símbolos lingüísticos que, con sus intercambios lumínicos, nos proporcionan conocimientos e imaginarios que, fruto de esos códigos semiológicos, convierten esa narración en pensamientos. Semántica con la que nos identificamos y relacionamos y que como resultado de dichos intercambios de información, consolida lo que reconocemos como realidad. Vivencias que reproducimos y que representan, en sus diferentes combinaciones, lo que suponemos son nuestras vidas. Las mismas que dependen de Su orientación, sin la cual nada tiene sentido (משמעות, mashma’ut). De allí la importancia de guiarnos por la Tora: Su manual de vida.

Atender la Palabra creadora nos lleva a proyectarnos dentro de esa otra realidad (מְצִיאוּת, metziut) espiritual de la cual solo percibimos fragmentos, debido a que coexistimos confundidos, apegados a nuestras alucinaciones terrenales, que traducimos como experiencias y acumulamos en nuestra oscura memoria, incomunicándonos de Él. Necesitando por ello de Su guía en pro de reorientarnos, alejándonos del modelo a través del cual nuestras coexistencias pierden su verdadero sentido trascendente, que es lo que posibilita que nuestras realidades sean transformadas gracias a la Luz de Su Palabra.

Códigos y simbologías plasmados no solo en Su manual de vida, sino también en nuestro propio ADN y que reconocemos desde nuestra conciencia (מַצְפּוּן, matzpun), la cual nos incita a mantenernos en comunión con Él. Sin embargo, en nuestra obstinación, preferimos seguir malinterpretando no solo el significado de sus preceptos y mandatos, sino también sus mismas Palabras, que con su Luz recodifican nuestros idiomas. Llenándonos de una confusión mental que predomina desde Babel y que simplemente le da a nuestras interrelaciones una desarmonía e incoherencia semiótica de la que poco nos ocupamos.

Las cuatro letras del tetragrámaton se decodifican en 22 senderos que fundamentan esa narración que Él grabó, talló, permutó, pesó, transformó y dibujó en todo lo creado. Desde alef (אמת, verdad) hasta bet (ב, casa), se nos entregan en nuestros abecedarios un mapa mental que producto de la vibración de Su palabra hace que todo fluya, movimientos que le dan vida a lo creado y que, por lo tanto, logran que emane en nosotros su ser al recrearnos en Su obra, reproduciendo un universo que percibimos como fragmentado para que lo unamos y con Él reescribamos el libro de nuestras vidas (Séfer Yetzirah, ספר יצירה).

Séfer (סֵפֶר), “libro” y Yetzirah (יְצִירָה) o yatzar (יָצַר), “formar” o “crear”, como palabras formadas desde las veintidós letras del alfabeto hebreo con las que Él creo todo y sus emanaciones, nos llevan a las sefirot que son la estructura básica de nuestra realidad. Vibración que genera Luz o energía con la cual interactuamos a través de un proceso que involucra tanto lo espiritual como lo físico, y en el que cada aspecto del universo está conectado a esa narración divina, la misma que nos otorga a través de su sabiduría el alimento y aliento: conocimientos, para que voluntariamente podamos acceder a nuestra transformación que, siendo espiritual, se inicia con esas interacciones lingüísticas.

El Texto de Textos nos revela en Juan 5:39, “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.

Oremos para que el espíritu santo nos revele los misterios de la Palabra.

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