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Mi Kabbala – 14 Tishrei, 5787 – Jueves 24 de septiembre del 2026

¿Significados?                   

El Texto de Textos nos revela en Isaías 45:18, “Yo soy el Creador y no hay ningún otro”.

Él nos dio libertad, nos deja ser (yehi, יְהִי), sin embargo Su luz nos guía y alimenta, cual leche materna. Llamado a entender que Él es nuestro todo y que absolutamente cada una de nuestras vivencias contiene en sí misma esas chispas de luz divinas que reproduce el vibrar de Su palabra. Movilidad universal que nos integra, que comunica, que nos coloca en común, en comunidad, en comunión con Él y Su obra, siendo necesario tan solo adaptar nuestro lenguaje finito y limitado a ese diagrama lingüístico celestial, que con sus revelaciones ilumina esas ignorancias y desconocimientos que tanto reproducimos.

Cada signo lingüístico contiene las señales de los senderos que nos permitirán reintegrarnos a Él voluntariamente, así que cada una de nuestras expresiones cotidianas debe reconocerse en Su Palabra. Propuesta que nos hacen los profetas y patriarcas como Abrahán y Jacob, quienes usando analogías revestidas de conceptos terrenales, como el Shaddai (אֵל שַׁדַּי), nos hablan de nuestra esencia, esa con la que podemos reencontrarnos incluso en este desierto (sadé, שדה) imaginario terrenal, que solo reproduce deseos cual necesidades, que nos distancia de confiar más en Él y depender plenamente en Su guía.

Confundidos por nuestras interpretaciones finitas y limitadas de nuestro día a día, le clamamos a Adonai (mis señores) obviando que las mismas Escrituras, nos llaman a abrir nuestras compuertas mentales, para que Adonai Tzevaot (יְהוָה צְבָאוֹת), “Señor de los ejércitos”, como comandante de Su pueblo, nos alinee armónicamente si se lo permitimos para dejar nuestras luchas diarias y superar esas batallas internas que solo evidencian lo distraídos que vivimos de Su ser, para lo cual esas brigadas de soldados celestiales o ángeles, nos ayudan para que nosotros encontremos las fuerzas de la naturaleza física y podamos derrotar esos deseos egoístas y retornemos a Él.

Cada letra con su Luz nos señala ese camino. Lenguaje en que deberíamos recrearnos reverentemente para comunicarnos con ese Ser Superior a través de Su obra. Lo que implica asimilar cada decodificación e imaginario como insumo de Su voluntad, la misma que obviamos al ser desobedientes e ingratos, sirviendo a todo menos a Sus mandatos. Invocando y evocando acciones que van en Su contra, adjudicándole además lo malo de nuestros propios deseos, cuando Él creó todo bueno (tôv, טוב), lo cual implicaría, más bien, complacerle y alabarle, disfrutando de Su obra al dejarnos guiar por Su Palabra.

Job (אִיּוֹב), como espejo de nuestras propias pruebas, nos llama a cuidarnos de las expresiones que usamos, especialmente de las quejas, ya que ellas mismas nos están llamando la atención en pro de reconectarnos con nuestra propia esencia a través de nuestras oraciones, para luego al invocarlo respetuosamente, acercarnos más y más a Él a través de Su obra. Gracias a nuestras intenciones y deseos enfocados en esa visión armónica e integral nos podemos reconocer desde esa esencia que vive una experiencia terrenal y que anhela ese renacimiento espiritual, para lo cual se debe atender a cada instante todas Sus señales, reconociéndonos conscientemente como hijos.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 21:23, “la ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria del Creador la ilumina, y el Cordero es su lumbrera”.

Oremos para que comprendamos nuestra dependencia absoluta de Él. 

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