Back

Plan es… Agradar Ser…

DIA 18.1. Tishrei 18, 5787 – 29.09.06

El 18 de Tishrei de 5787 (29 de septiembre de 2026) coincide con el cuarto día de la festividad de Sucot (Chol HaMoed, los días intermedios): «La vida que aprende a habitar en lo transitorio»

Este es el cuarto día de Sucot y el segundo día de Jol HaMoed, es decir, un día intermedio de la festividad. La lectura de la Torá correspondiente es Números 29:20-28. Hay además un detalle particularmente rico para nuestra reflexión: en la tradición de los ushpizin, el huésped espiritual que encabeza el cuarto día es Moshé (Moisés). El Zóhar es la raíz de esta tradición de los siete huéspedes que acompañan simbólicamente a Israel en la sucá.

“No necesito controlar la estructura de mi vida para descubrir quién la sostiene.” Sucot nos coloca deliberadamente en una estructura frágil y temporal. La sucá nos enseña que aquello que creemos permanente puede ser provisional, mientras que la presencia del Creador puede convertirse en nuestra verdadera morada. Y aquí aparece una conexión extraordinariamente significativa con el 18: חַי — Jai, vida, en gematría: ח = 8, י = 10. Por tanto: חי = 18. Jai significa “vida”. La tradición jasídica ha señalado precisamente esta relación entre el día 18 y chai, “vida”, relacionándola con la dimensión de la vida divina.  Pero podemos llevarlo un paso más profundo. El 18 de Tishrei no nos invita simplemente a tener vida, sino a preguntarnos: ¿Qué clase de vida estoy construyendo? Porque una persona puede estar biológicamente viva y, sin embargo, vivir atrapada en: miedo, ego, acumulación, resentimiento, necesidad de reconocimiento, control, apariencias. Sucot introduce una paradoja: para descubrir la vida verdadera, salgo temporalmente de aquello que consideraba seguro.

El cuarto día: Moshé como maestro de transición. Según la tradición de los ushpizin, el cuarto día corresponde a Moshé. Y esto resulta muy poderoso para nuestro crecimiento. Moshé representa al hombre que sale de un sistema para conducir hacia otro. Su vida está marcada por transiciones: Egipto → desierto → Sinaí → tierra prometida. Pero Moshé nunca llega personalmente a instalarse en la tierra prometida. Esto puede enseñarnos algo profundamente espiritual: No todas las personas que participan en una transformación están destinadas a disfrutar inmediatamente de sus resultados. Hay personas llamadas a: preparar, enseñar, abrir caminos, sanar generaciones, transmitir conocimiento, construir fundamentos. Y después otros continuarán. Esto confronta directamente al ego. El ego dice: “Quiero ver el resultado de aquello que hice.” La espiritualidad responde: “Haz aquello que debe hacerse, aunque parte del fruto pertenezca a otra generación.”

Moshé y la Torá: salir del conocimiento para entrar en transformación. Moshé está íntimamente relacionado con la Torá. Y aquí encontramos una enseñanza particularmente importante para nuestro estudio como creyentes. Podemos conocer muchísimo acerca de Dios y, sin embargo, no permitir que ese conocimiento transforme nuestra conducta. Por eso el verdadero conocimiento espiritual tiene tres etapas: ידע — Yadá — conocer –  הבנה — Havánah — comprender – מעשה — Ma’asé — hacer.  El conocimiento que no llega a la conducta permanece en la mente. Sucot nos obliga a llevar la espiritualidad al cuerpo: entrar físicamente en la sucá, comer, convivir, agradecer, recibir, compartir, alegrarnos. La Torá no pretende solamente producir personas que sepan. Pretende producir personas que vivan de acuerdo con lo que saben.

La sucá: una escuela contra el control. Aquí aparece uno de los mensajes más profundos del 18 de Tishrei. La sucá tiene una característica extraordinaria: es una vivienda que deliberadamente revela su fragilidad. Una casa convencional intenta producir: seguridad, estabilidad, protección y permanencia. La sucá nos recuerda: “Todo eso es relativo.” El Talmud incluso discute las condiciones de permanencia y habitación de la sucá, mostrando que la experiencia de Sucot no consiste simplemente en construir una estructura física, sino en convertirla en lugar de habitación.  Aquí aparece una pregunta para nuestro día: ¿Dónde está realmente mi seguridad? ¿En: dinero?, propiedades?, reconocimiento?, relaciones?, proyectos?, inteligencia?, posición social?, salud?, control del futuro?, ¿O en una confianza más profunda? La sucá no nos dice que las cosas materiales sean malas. Nos enseña algo diferente: No conviertas lo temporal en absoluto.

Los cuatro elementos del lulav: integrar lo que somos. Durante Sucot se toman las cuatro especies: Etrog, Lulav, Hadás. Aravá. La tradición rabínica identifica estas especies y establece su utilización durante Sucot. Una lectura espiritual muy conocida relaciona las cuatro especies con diferentes dimensiones humanas. Podemos aprovecharlas para nuestra reflexión: Etrog — corazón: Representa la sensibilidad, el deseo, el interior. Pregunta: ¿Qué estoy deseando realmente? Lulav — columna / dirección: El lulav crece verticalmente. Nos invita a preguntarnos: ¿Hacia dónde estoy dirigiendo mi vida? Hadás — ojos: Tradicionalmente sus hojas se relacionan simbólicamente con los ojos. Pregunta: ¿Cómo estoy mirando a los demás? ¿Desde juicio? ¿Desde comparación? ¿Desde sospecha? ¿Desde compasión? Aravá — labios: La aravá, en esta lectura simbólica, nos conduce hacia la boca. Pregunta: ¿Qué está produciendo mi boca? Porque podemos construir o destruir mediante palabras. Y aquí aparece una enseñanza particularmente importante para nuestro crecimiento: corazón + dirección + mirada + palabra deben integrarse. Eso es crecimiento integral.

La gematría del 18 y la palabra «vida». Hay una preciosa conexión: חי — Jai = 18. Pero chai está formado por dos letras: ח — Jet y י — Yod. Podemos hacer una lectura contemplativa: Jet puede evocarnos chayim, la vida que se desarrolla dentro de un espacio. Yod, la letra más pequeña, puede recordarnos que aquello que parece pequeño puede contener una realidad enorme. Esto permite una aplicación espiritual: La vida divina no siempre se manifiesta mediante acontecimientos gigantescos. Puede aparecer en: una conversación, una reconciliación, una decisión correcta, una palabra de perdón, una renuncia al orgullo, un acto de generosidad, un momento de silencio. El 18 de Tishrei podría convertirse entonces en un día para aprender a reconocer lo pequeño que contiene vida.

Netzach (Victoria y Perpetuidad). Durante los días de Sucot, la Cabalá enseña que la humanidad es visitada por las energías de los Ushpizin (huéspedes espirituales supernos). El cuarto día está vinculado al patriarca Moisés (Moshé) y a la Sefirá de Netzach.

Netzach representa la persistencia, la determinación y la capacidad de superar obstáculos internos o externos sin perder la fe. En tu caminar diario, este día invita a evaluar la constancia en tus metas espirituales y a transformar la motivación pasajera en compromisos duraderos.

El mandato del Talmud y la Torá de habitar en una cabaña temporal (Sucá) rodeados por el Sjaj (techo de follaje natural) simboliza el desapego del ego y la confianza en la providencia divina. Es un recordatorio de que las estructuras materiales que construimos (casa, estatus, seguridad económica) son transitorias. El verdadero refugio no lo dan cuatro paredes de concreto, sino la presencia y la protección interior.

El mes de Tishrei está regido por la constelación de Libra (Moznaim – las balanzas), el signo del equilibrio y el juicio divino, y por el planeta Venus (Noga), que canaliza el deseo de armonía.  Gematría del día (18 = Jai – חי): En la numerología hebrea, el valor 18 equivale a la palabra Vida. Caer en el cuarto día de Sucot activa una vibración de vitalidad y renovación espiritual. Integrar Libra con la energía de Jai implica alinear la mente, el corazón y las acciones para vivir de manera equilibrada, justa y llena de propósito.

El Zohar enfatiza que Sucot es “Zman Simchatenu” (el tiempo de nuestra alegría). La verdadera alegría cabalística no es la euforia superficial, sino la plenitud que surge al conectar la luz (Or) con la vasija (Kli). Recibir al huésped. Según la tradición vinculada al Zóhar, cuando Israel entra en la sucá por amor al Nombre divino, los siete pastores espirituales —los ushpizin— son invitados simbólicamente a entrar. Esto nos permite hacer una lectura muy bella: la sucá no es solamente un lugar donde yo entro.

Es un lugar donde: aprendo a recibir. Y eso toca uno de los problemas fundamentales del ego. El ego pregunta: “¿Qué voy a obtener?” La hospitalidad espiritual pregunta: “¿A quién puedo recibir?” Por eso Sucot tiene una dimensión profundamente comunitaria. No basta con tener una relación vertical con Dios. La espiritualidad debe producir una transformación horizontal: Creador → yo → próximo.

Aquí encontramos una analogía especialmente hermosa. Juan 1:14 dice: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.” La palabra griega utilizada es ἐσκήνωσεν — eskḗnōsen, relacionada con skēnē, “tienda”, “tabernáculo”. La idea puede expresarse conceptualmente así: Tabernáculo → presencia → habitación → humanidad. Por eso podemos contemplar Sucot desde una perspectiva mesiánica: Dios no permanece distante de la experiencia humana; entra en nuestra fragilidad. Y esto puede relacionarse con Mateo 3, que estamos estudiando actualmente. Juan el Bautista aparece precisamente en el desierto anunciando: μετανοεῖτε — metanoeîte. “Cambiad vuestra mente / arrepentíos / volveos”. El desierto y la sucá comparten entonces una pedagogía: quitar las seguridades artificiales para escuchar nuevamente la voz de Dios.

La alegría: no como entretenimiento, sino como presencia. Levítico 23:40 ordena: וּשְׂמַחְתֶּם לִפְנֵי יְהוָה אֱלֹהֵיכֶם – Usmachtem lifné YHWH Eloheikhem. “Y os alegraréis delante de YHWH vuestro Dios.” La fuente bíblica vincula explícitamente Sucot con la alegría durante los siete días. Esto cambia nuestra comprensión de la alegría. No dice simplemente: “Sé feliz.” Dice: “Alégrate delante de Dios.” La alegría bíblica no depende exclusivamente de que las circunstancias sean perfectas. Puede surgir de reconocer: “No controlo todo, pero no estoy solo.”

La astrología no forma parte de la base bíblica de la celebración de Sucot, por lo que no sería apropiado presentarla como si determinara espiritualmente lo que debemos hacer ese día. Pero puede utilizarse, si lo deseas, como lenguaje simbólico de reflexión, no como determinismo. El 29 de septiembre de 2026 cae bajo el signo occidental de Libra. Desde una lectura simbólica, Libra puede servirnos para meditar sobre: equilibrio — justicia — relaciones — reciprocidad — armonía. Y esto combina muy bien con Sucot: ¿Mi relación con Dios está produciendo equilibrio en mi relación con los demás? Porque una espiritualidad que me hace sentir más “espiritual” pero menos paciente, menos generoso y menos reconciliador necesita ser revisada.

El aporte del Talmud: la espiritualidad necesita hacerse concreta. Aquí está uno de los grandes aportes de la tradición rabínica. El Talmud no permite que la espiritualidad permanezca únicamente en ideas abstractas. Discute: cómo habitar la sucá, cuándo se come en ella, sus condiciones, las especies, las obligaciones concretas. Por eso podemos extraer una regla para nuestra vida: Una convicción espiritual que nunca modifica una conducta cotidiana todavía no ha terminado de convertirse en vida. Y esto conecta extraordinariamente bien con el significado de 18 = חי = vida.

Yo convertiría este día en una especie de examen espiritual: ¿Qué estoy intentando controlar que debería entregar? ¿Qué estructura aparentemente permanente de mi vida necesito reconocer como temporal? ¿Qué conocimiento bíblico necesito convertir en conducta? ¿A quién necesito recibir en lugar de juzgar? ¿Qué palabras están saliendo de mi boca: vida o destrucción? ¿Estoy dispuesto a sembrar algo cuyo fruto quizá no vea? ¿Estoy viviendo realmente o simplemente funcionando?

Podemos construir una secuencia muy significativa: 18 Tishrei – חי — Jai – Vida –  Sucá –  Fragilidad – Moshé – Torá –  Presencia – Alegría – Integración – y aquí aparece, para mí, el corazón de nuestra reflexión: La verdadera vida comienza cuando dejamos de confundir seguridad con permanencia, conocimiento con transformación y posesión con plenitud. Moshé nos enseña a caminar. La sucá nos enseña a confiar. El lulav nos enseña a integrar. Los ushpizin nos enseñan a recibir. El 18 / חי nos recuerda la vida. Y el Nuevo Testamento nos lleva a contemplar al Verbo que “habitó” entre nosotros.

Si quisieras convertir el día en una experiencia concreta de crecimiento integral, propondría cinco acciones: Al despertar: “Creador, hoy no quiero controlar mi vida; quiero aprender a habitarla contigo.” Durante el día: Identifica una preocupación que intentas controlar y entrégala conscientemente. En una conversación: Haz el propósito de escuchar antes de responder. En la relación con alguien: Haz un acto concreto de hospitalidad, reconciliación o generosidad. Al finalizar el día: Pregúntate: “¿Dónde descubrí hoy que había más vida de la que yo estaba viendo?” Y terminaría con esta frase: חַי — חי אני – “Estoy vivo.” Pero no simplemente porque respiro. Estoy vivo cuando mi vida se convierte en espacio para Dios, para el prójimo y para aquello que todavía estoy llamado a construir. Así, el 18 de Tishrei de 5787 — 29 de septiembre de 2026 puede ser contemplado como un día de vida, transición, confianza, enseñanza, hospitalidad y alegría, dentro del corazón de Sucot.

Nuestro PLAN es…

Cultivar la gratitud consciente. En el plano occidental, donde predomina el estrés y la prisa cotidiana, este día invita a hacer una pausa activa para celebrar lo que se es y lo que se tiene, transformando la ansiedad en gozo interior.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *