
Mi Kabbala – 19 Tishrei, 5787 – Miércoles 30 de septiembre del 2026
¿Misterios?
El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 2:7, “Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes”.
La cábala y la gematría, tras muchos años de estudio, nos hablan de las sefirot (ספירות) o emanaciones: diez atributos a través de los cuales el Ein Sof (el Infinito), se revela a sí mismo y crea continuamente, tanto el reino físico, como la cadena de los reinos superiores. Movimiento del rayo o haz de luz que al vibrar, activa los polos energéticos generando nuestras dimensiones de vida, las cuales se soportan en tres pilares: el derecho, que encarna la misericordia; el izquierdo, más pasivo que simboliza el rigor; y el central, del equilibrio. Principios o esplendores ocultos que le otorgan a nuestra voluntad las condiciones para que nos reconozcamos en Él desde este escenario terrenal contraído.
Estructura básica de nuestras vidas que, al desentrañarse nos presenta a la divinidad a través de sus atributos o arquetipos. Pilares que en sus diez manifestaciones nos proyectan otra realidad de la cual tan solo percibimos un reflejo. Kéter (כתר); la corona, sefirá situada en la cúspide del Árbol, es la representación del Creador. Jojmá (חכמה), representa Su sabiduría; Biná (בינה), nuestro entendimiento; Jésed (חסד), Su misericordia; Guevurá (גבורה), que Él es nuestra fortaleza; Tiféret (תפארת), que lo bello está en Él; Netsaj (נצח), nuestra victoria como eternidad; Hod (הוד), Su esplendor y guía; Yesod (יסוד), que todo se fundamenta en Él; y Maljut (מלכות), Su reino, nuestra morada. Sefirot que nos hablan de como los signos semánticos de Su Palabra nos reorientan.
Todo nos habla del Creador y de nuestra necesidad de Él. Por ello, nuestro proceso de vida nos lleva a recorrer esos senderos o caminos (oraj, ארַַח): veintidós según los eruditos, que proyectados como signos lingüísticos o ramas de las sefirot, iluminan a través de sus interacciones nuestros imaginarios. Lo que hace que ese alfabeto con sus chispas, nos reoriente en pro de retornar al Edén. Lo que para nosotros los creyentes requiere además de mucha oración y de la guía del Espíritu Santo para que esa irradiación se traduzca en reconocernos en Él y ser útiles a sus propósitos a través de esta Su obra.
Somos parte de esa esencia divina, lo cual nos revela el verdadero sentido de trascendencia de nuestras existencias, siendo nuestro Señor Jesucristo quien rompió dicho velo (pargod, פרגוד) o cortina cósmica, primer estado de manifestación, que en las sefirot se reconoce como Kéter para reordenar así las otras nueve esferas o emanaciones, con las cuales se complementa de diferentes formas lo creado, reproduciendo en esa estructura jerárquica que armoniza esa guía hacia nuestro destino final, al reconocernos como Sus hijos.
Miqueas (מִיכָה, Mijá) nos llama a buscar conocer más cada día del Creador y a confiar en Él, entendiendo que nuestro lenguaje limitado y finito nos mantiene presos de esta dimensión caída: alejados del Creador. Lo que significa entender que solo a través de esa oración como canal de comunicación podemos nutrirnos de ese Árbol de la Vida, el cual con sus sefirot y sus senderos, demarca nuestros aprendizajes en pro que crezcamos a Su lado, compartiendo de Su amor, el mismo que nos aporta más y nuevos elementos cotidianos para poder retornar a ese nuestro destino final celestial a Su lado.
El Texto de Textos nos revela en Hechos 1:9, “Habiendo dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista.
Oremos para comprender mejor el amor de nuestro Creador.



