
Mi Kabbala – 23 Tishrei, 5787 – Domingo 4 de octubre del 2026
¿Imaginarios?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 2:8, “Y plantó el SEÑOR Dios un huerto hacia el oriente, en Edén; y puso allí al hombre que había formado”.
Fuimos creados a través de Su palabra (לברוא, levará), la misma que mal usamos para construir nuestra realidad de ficción, obviando que en nuestra boca; Él sopló Su aliento para que el polvo de nuestro cuerpo cobrará vida. Vibración que deberíamos armonizar con nuestras expresiones al recrearnos en Su obra para que ese fluir energético que genera imaginarios a través de nuestra capacidad mental use dichos signos, símbolos y alucinaciones para percibir con mayor claridad sus manifestaciones y revelaciones: Sus propósitos, esos que anhelan nos integremos con Él, para los cual nos dotó de una serie de múltiples habilidades que deberíamos colocar al servicio de dicha causa divina.
Nuestro universo simbólico (Notaricón, נוטריקון), desde la movilidad de esas letras y números cual acróstico, reinterpreta y da un sentido a lo que supone percibir de sus chispas de Luz, pero al estar alejados, traducimos ello como temor (yirá, יראה), obviando su Plan trascendente, el mismo que implica que en este proceso de vida nos hagamos conscientes de nuestras inconsciencias, transformando todas esas desinformaciones hasta que nuestras facultades: voluntad, intelecto, sentimiento y conciencia en conjunción, nos permitan acogernos a Su sabiduría a través de nuestra dialéctica.
Su palabra, pilar central del equilibrio del Árbol de la Vida y sus sefirot, nos denotan esa necesaria armonía mediante la cual podemos valorar de mejor forma nuestra interrelaciones e interacciones, ayudándonos además a comprender las distintas dimensiones por las que transitamos en pro de unirnos con esa raíz, a ese tronco común, a nuestras ramas filogenéticas: Árbol (Etz, עץ) que, refleja nuestras etapas de crecimiento que nos incitan a: llamar, crecer, formar y hacer, iluminándonos a través de los cuatro elementos del Cosmos: fuego, aire, agua y tierra, materializados en esta Su narración.
Creamos una realidad en pro de reconectarnos con Él, de allí la importancia de usarla para alabarle y agradecerle; bendiciendo, pero sobre todo omitiendo aquellas expresiones que tendrán ramificaciones y consecuencias no solo físicas sino también espirituales. Maljut (מלכות), como sefirah, nos recuerda que desconocer esos efectos receptivos de dichas chispas de luz y cerrar nuestro entendimiento con decisiones incoherentes, no solo afecta nuestro mundo imaginario, sino que hace que esa energía ascienda a otros mundos, nublando aún más nuestra conciencia e infectándonos con la oscuridad terrenal.
José (יוֹסֵף, Yoséf: Él añadirá) nos recuerda desde su testimonio de vida, que nuestra estructura espiritual, contiene lo físico y mental, requiriendo nutrirse de Su palabra para que podamos crecer lumínicamente: conscientemente. Proceso indispensable que nos permite vislumbrar desde todas las áreas de nuestras coexistencias la tarea de corregir nuestro lenguaje distorsionado y sus imaginarios, enfocándonos en Sus emanaciones (sefirot), las cuales correlacionan todo, especialmente nuestra anatomía psicoespiritual y física. SE trata de entendernos como espejos de Su esencia y replantearnos nuestras metas, priorizando nuestra integración con Él a través de esta Su obra.
El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 22:2, “Y a cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce clases de fruto, dando su fruto cada mes; y las hojas del árbol eran para sanidad de las naciones”.
Oremos para que entendamos el cómo el Creador se nos manifiesta.



