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Plan es… escuchar…

DIA 23.1. Tishrei 23, 5787 – 04-10.06

El 23 de Tishrei (que en el calendario gregoriano corresponderá al domingo 4 de octubre de 2026) marca la celebración de Simjat Torá («La Alegría de la Torá»), la cual sigue inmediatamente a la festividad de Sheminí Atzéret.  Esta fecha representa una poderosa estación de renovación interior y elevación espiritual y en la diáspora judía es Simjat Torá (שִׂמְחַת תּוֹרָה, “alegría de la Torá”), el día que cierra el ciclo anual de lectura de la Torá y, al mismo tiempo, inicia nuevamente el ciclo con Génesis.

Fecha que comienza al anochecer del 3 de octubre y termina al anochecer del 4 y que además contiene una coincidencia espiritual muy hermosa: el año termina leyendo Deuteronomio 34 y vuelve inmediatamente a Génesis 1. Es decir: Moisés termina su recorrido, pero la Palabra no termina; comienza de nuevo: de la culminación al nuevo comienzo

Podemos tomar este día como una especie de puerta espiritual entre dos ciclos: Devarim → Bereshit /  Palabra → creación /  culminación → comienzo /  experiencia → nueva conciencia / aprendizaje → acción.  Y para nuestro crecimiento integral como creyentes, yo destacaría siete aportes. La verdadera culminación no consiste en terminar, sino en volver a comenzar. Por ello la lectura termina con: וְזֹאת הַבְּרָכָה – Ve-zot ha-berajá – “Y esta es la bendición”. Pero inmediatamente comienza: בְּרֵאשִׁית – Bereshit – “En el principio”.

Esto contiene una enseñanza extraordinaria: Dios puede llevarnos hasta el final de una etapa sin que ese final sea nuestro destino definitivo. Moisés llega al límite de su misión, contempla la tierra y muere; Josué continuará. Y cuando termina Deuteronomio, no nos quedamos en la muerte de Moisés: regresamos al principio de la creación. Para nuestra vida: No confundamos terminar un capítulo con terminar nuestra historia. Puede haber proyectos que terminan, relaciones que cambian, etapas que se cierran, conceptos que necesitamos abandonar. Pero la espiritualidad bíblica nos enseña que un cierre puede convertirse en el punto de partida de una nueva creación.

La alegría de la Torá: conocimiento que debe convertirse en vida. Simjat Torá no significa simplemente “estudiar la Torá”. La palabra שִׂמְחָה — simjá significa alegría. Y תּוֹרָה — Torá está relacionada con la raíz ירה (y-r-h), asociada tradicionalmente con enseñar, instruir o dirigir. Por eso podemos formular una reflexión: La verdadera enseñanza espiritual no solamente aumenta lo que sé; transforma la manera en que vivo. Aquí aparece una conexión muy importante con el camino que hemos venido desarrollando en nuestros estudios de Mateo. Jesús no presenta la Palabra como información acumulada, sino como una realidad que debe hacerse vida. La Torá comienza otra vez en Bereshit, “en el principio”, porque la Palabra recibida debe producir una nueva manera de mirar la realidad.

El número 23: una lectura simbólica, no una doctrina. Aquí debemos hacer una distinción importante: la gematría es una herramienta interpretativa tradicional, no una demostración matemática de que un día tenga determinado destino espiritual. El número 23 puede utilizarse como punto de meditación. En hebreo: כ״ג — kaf-guímel = 20 + 3 = 23 – Podemos contemplarlo como una transición entre dos dimensiones: 20 → maduración, plenitud de una etapa. 3 → estructura, relación, síntesis.

Y aunque esto no constituye una enseñanza bíblica obligatoria, simbólicamente podemos preguntarnos: ¿Qué conocimiento adquirido durante el ciclo anterior necesita ahora integrarse en mi vida concreta? No basta con haber leído la Escritura. Hay que preguntarse: ¿Qué cambió en mí porque la leí?

El gran secreto de Simjat Torá: regresar al principio. Este es quizá el aporte más profundo del 23 de Tishrei. Cuando termina Deuteronomio, no comienza una nueva Torá diferente. Volvemos a: בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִים, Bereshit bará Elohim, “En el principio creó Dios…” La comunidad vuelve al principio porque la Palabra nunca queda agotada por una sola lectura. Esto tiene una enorme importancia para el creyente. La primera lectura de un texto puede enseñarnos una cosa. La segunda, otra. La tercera puede revelar algo que antes no éramos capaces de percibir. ¿Por qué? Porque no solamente cambia el texto que leemos; también cambia la persona que lo lee. Después de atravesar un año entero, volvemos a Génesis siendo otra persona.

Desde la Cábala: cerrar el ciclo es hacer tikkún. Desde la perspectiva cabalística, podemos contemplar el ciclo como un movimiento de tikkún — תיקון, reparación, ordenamiento o rectificación. La idea no debería entenderse simplemente como “corregir errores”. Puede significar: volver a colocar cada cosa en su relación correcta. Pensémoslo así: pensamiento → palabra → acción → relación → propósito. Si durante el año hemos adquirido conocimiento pero no hemos modificado nuestras acciones, el conocimiento permanece separado de nuestra vida. Por eso el 23 de Tishrei puede convertirse en una pregunta de tikkún: ¿Qué parte de mi vida todavía no está alineada con aquello que digo creer? Esta pregunta es mucho más profunda que: “¿Cuánto aprendí este año?” La pregunta sería: “¿Cuánto de lo aprendido se convirtió en mí?”

La conexión con Mateo: Juan, Jesús y el comienzo de una nueva creación. Aquí encontramos una conexión muy poderosa con Mateo 3. Juan el Bautista proclama: מַתְא — arrepentimiento / cambio de orientación, en el sentido conceptual de metanoia que encontramos en la tradición griega del Evangelio. Y después aparece Jesús. En otras palabras: preparación → transformación → manifestación → nueva vida.

Esto conecta muy bien con el movimiento de Simjat Torá: Deuteronomio termina → Génesis comienza. En lenguaje espiritual: La transformación verdadera no consiste únicamente en arrepentirse del pasado; consiste en permitir que Dios genere un nuevo comienzo. Y aquí podemos conectar con Mateo 3:9–11. Juan está cuestionando la seguridad de una identidad religiosa basada solamente en pertenencia externa. La pregunta fundamental pasa a ser: ¿Qué fruto produce aquello que afirmamos creer? Por eso el 23 de Tishrei podría convertirse para nosotros en el día de: “Volver al principio para comenzar de nuevo, pero no volver a ser el mismo.”

El Gran Reinicio. Mientras que en el calendario gregoriano el año comienza el 1 de enero, en el calendario espiritual hebreo el mes de Tishrei es la cabeza del año (Rosh Hashaná). Lo cual marca el final del ciclo anual de lectura de la Torá (con los últimos versículos de Deuteronomio) e inmediatamente inicia un nuevo ciclo con la lectura de Génesis (Bereshit). Para un creyente en el mundo occidental, este día actúa como una “transición de frecuencia”. En el plano profano, el otoño occidental invita al recogimiento; en el plano del alma, el 23 de Tishrei es un punto de inflexión. En lugar de ver el cierre de un ciclo con melancolía, la sabiduría hebrea nos enseña a enlazar el fin con el principio de forma continua, sin vacíos espirituales.

La Sefirá de Maljut y la Danza de la Luz. Según la Cábala, Tishrei atraviesa las etapas de juicio (Rosh Hashaná y Yom Kipur) y purificación (Sucot). El Zóhar ensaña que si en Sucot habitamos la «sombra de la fe» (la Sucá), en el 23 de Tishrei alcanzamos el estado de intimidad pura (Sheminí Atzéret / Simjat Torá). Es la integración del Luz Retornante (Or Jozer).

Las Hakafot (Danzas en Círculo): En esta fecha se baila en 7 círculos sosteniendo los rollos sagrados. Cabalísticamente, el círculo no tiene principio ni fin; representa la dimensión de Maljut (el Reino o la manifestación física) conectada directamente con Kéter (la Corona o la Luz Infinita). Lo cual enseña que no se requiere de intelectualismo abstracto para conectar con lo Divino. Al bailar con el libro cerrado, el cuerpo se convierte en el vehículo de la luz. El crecimiento integral exige alegría corporal, movimiento y celebración plena de la vida diaria.

El número 23 (): En gematría,  es la letra Kaf (כ), que simboliza la palma de la mano abierta para recibir o coronar.  es la letra Gímel (ג), que representa al Gomel (aquel que otorga bondad y recompensa). La combinación de  evoca la capacidad de recibir la bondad divina activa.

El año 5787 (2026): El número  en gematría hebrea equivale a la palabra Paz / Refugio o atributos de sabiduría (Jojmá). La vibración de este día nos invita a sintonizar la mente para recibir bendición en forma de acción concreta. No es solo pedir, sino estar dispuesto a sostener la luz que se nos confiere. Tishrei está regido por Libra (las balanzas) y por el planeta Venus (Noga). Mientras que el inicio del mes fue de evaluación y equilibrio, el día 23 representa la armonización final. Venus aporta el elemento de amor, belleza y armonía interpersonal.

El Talmud y la Oración por la Lluvia (Mashiv HaRúaj): En este periodo se comienza a pedir por la lluvia en la liturgia. En el Talmud, la lluvia simboliza el sustento terrenal que desciende gracias al trabajo espiritual previo. Es el momento de descender la espiritualidad a la tierra. Libra nos pide buscar el equilibrio emocional y relacional, mientras que el concepto de la lluvia nos recuerda que todo esfuerzo interior debe dar frutos materiales y colectivos.

Del Fin al Principio (Bereshit) En la lectura de este día se conecta el pasaje final de la Torá (la muerte de Moisés y la bendición a las tribus) con las primeras palabras del Génesis: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra». El creyente aprende la lección de la resiliencia y la continuidad. La pérdida o el cierre de una etapa (representada por la partida de Moisés) no es un abismo, sino el suelo fértil donde germina una nueva creación (Bereshit).

Aquí también conviene mantener una distinción: la astrología no forma parte de la doctrina bíblica central, y no deberíamos utilizarla para determinar la voluntad de Dios o predecir acontecimientos. Pero podemos emplear simbólicamente el lenguaje astrológico como una herramienta de reflexión. El 4 de octubre de 2026 cae bajo el signo occidental de Libra, asociado tradicionalmente con la imagen de la balanza. Y esto ofrece una metáfora muy interesante para nuestro proceso espiritual: ¿Existe equilibrio entre lo que creo y lo que hago?, ¿Entre lo que doy y lo que recibo?, ¿Entre mi mundo interior y mis relaciones?, ¿Entre conocimiento y acción?, ¿Entre justicia y misericordia? La imagen de la balanza puede convertirse entonces no en una predicción astrológica, sino en un examen espiritual.

סוף → התחלה, Sof → Hatchalá, Final → Comienzo. Pero existe algo todavía más profundo: Finalizar no significa regresar al punto cero. Cuando volvemos a Bereshit, no somos quienes éramos cuando comenzamos el ciclo anterior. Hemos atravesado: Rosh Hashaná: despertar, Yom Kippur: revisión y reconciliación, Sukkot: fragilidad y confianza, Hoshana Rabbá: clamor y búsqueda, Shemini Atzeret: permanecer en la presencia, Simjat Torá: alegrarnos con la Palabra, Bereshit: volver a crear. El calendario se convierte así en una pedagogía espiritual.

Enfoquémonos entonces en responder estas cinco preguntas: ¿Qué terminó en mí durante este ciclo?, Una actitud, un miedo, un apego, una forma de pensar. ¿Qué aprendí? No solamente conocimiento bíblico, sino conocimiento sobre mí mismo. ¿Qué debo reparar? Aquí entra el concepto de tikkún. ¿Qué debo comenzar nuevamente? Aquí aparece Bereshit. ¿Qué fruto concreto debería producir mi fe? Aquí regresamos directamente al mensaje de Juan el Bautista.

El 23 de Tishrei de 5787 puede contemplarse como una extraordinaria paradoja: la Torá termina y comienza; Moisés muere y Josué continúa; Deuteronomio concluye y Génesis nace; el ciclo termina y el aprendizaje comienza nuevamente. Y quizá esa sea una de las grandes enseñanzas espirituales para nosotros: Dios no solamente nos llama a llegar al final de un camino; nos prepara para tener la madurez necesaria para comenzar nuevamente. Por eso, el 4 de octubre de 2026 podría ser para nosotros un día de alegría consciente, revisión, integración y nuevo comienzo.

No preguntarnos solamente: “¿Qué recibí de Dios durante este ciclo?” sino: “¿En qué persona me estoy convirtiendo gracias a aquello que recibí?” Y todavía más profundamente: “Si hoy volviera a comenzar Bereshit, ¿qué tendría que crear nuevamente Dios dentro de mí?” Esa pregunta une maravillosamente Torá, Cábala, crecimiento interior y la visión mesiánica que estamos explorando en Mateo: la Palabra no está destinada únicamente a ser escuchada; está destinada a producir vida, fruto y transformación.

Nuestro PLAN es…

Inicia algo nuevo: Es el día ideal para comenzar un proyecto, un estudio o un hábito de fe. No esperes al inicio del año gregoriano.

Celebra con el cuerpo: Incorpora la alegría física (música, danza, una comida festiva). La espiritualidad auténtica no aísla el cuerpo, lo eleva.

Cierra ciclos sin culpa: Acepta lo que concluyó en tu año previo y proclama tu capacidad de «volver a empezar» con mayor madurez.

Busca la armonía relacional: Bajo la energía de Libra y la festividad de la Torá, restaura la paz en tus vínculos cercanos.

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