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Mi Parashá – Génesis 26:33

Este versículo se refiere al acto de nombrar el pozo y la ciudad en honor al número siete, llamándola Shivá (שִׁבְעָה), que significa “siete”. La ciudad recibe el nombre de Be’er Sheva (בְּאֵ֥ר שֶׁ֖בַע), que significa “Pozo de los Siete” o “Pozo del Juramento”. En la Cábala, el número siete tiene un significado profundo. Está asociado con la plenitud, la completitud y el ciclo natural del mundo creado por Dios, ya que el mundo fue creado en siete días. El número siete representa la integración de lo espiritual en el mundo material.

“Siete” שִׁבְעָ֔ה (Shivá) tiene un valor gemátrico de 377, número que está asociado con la completitud y la plenitud en el plano espiritual y material. Representa la conexión entre lo espiritual y lo físico, completando el ciclo de creación.

El hecho de que Isaac llame al lugar Shivá también está relacionado con la idea del juramento o pacto, ya que en este capítulo se establece un acuerdo de paz entre Isaac y Abimelec, consolidado con la construcción del pozo. En la Cábala, los nombres tienen un poder especial, ya que representan la esencia espiritual del objeto o lugar nombrado. Al llamar a este lugar Be’er Sheva, Isaac está imbuyendo a la ciudad con la energía del número siete, una energía de estabilidad y completitud divina.

Be’er Sheva se convierte en un lugar importante en la historia de Israel, un punto de conexión entre las promesas divinas y la vida cotidiana. El nombre también puede estar conectado con la idea de un pacto eterno, lo que nos recuerda que cuando una persona está alineada con el propósito divino, las bendiciones y la paz fluyen de manera constante.

“Pozo de los Siete” בְּאֵ֥ר שֶׁ֖בַע (Be’er Sheva) tiene un valor gemátrico de 615, el cual está relacionado con el equilibrio espiritual y la capacidad de mantener una conexión con lo divino a través de pactos y juramentos sagrados.

“Hasta el día de hoy” עַד־הַיּ֥וֹם הַזֶּֽה (ad hayom hazeh) tiene un valor gemátrico de 564, número que está vinculado a la continuidad y la eternidad, sugiriendo que las acciones que se llevan a cabo con una intención espiritual correcta tienen un impacto duradero que perdura en el tiempo.

Este versículo nos enseña sobre el poder de los nombres y la importancia de los pactos en nuestras vidas. Isaac no solo nombra el pozo, sino que también establece un pacto con el significado profundo del número siete, lo que simboliza la completitud espiritual y la armonía entre lo divino y lo material. La ciudad de Be’er Sheva se convierte en un símbolo de esta integración y estabilidad, un lugar donde las promesas divinas están firmemente arraigadas en el mundo físico.

La gematría de Shivá (377) refuerza la idea de que el número siete está asociado con la plenitud y la perfección. Cada ciclo de siete es un recordatorio de que el mundo físico y el espiritual están profundamente entrelazados, y que al establecer pactos sagrados, podemos acceder a las bendiciones del Creador de manera continua.

El valor gemátrico de Be’er Sheva (615) sugiere que este lugar no es solo un lugar físico, sino también un punto de conexión espiritual, donde la energía divina fluye de manera constante. Esto nos invita a reflexionar sobre cómo podemos crear espacios sagrados en nuestras propias vidas, lugares donde lo divino se manifiesta y donde la plenitud puede ser experimentada.

El valor de “ad hayom hazeh” (564) nos recuerda que los pactos y las acciones que hacemos con una intención espiritual pura tienen un impacto duradero y pueden generar bendiciones que perduran a lo largo del tiempo. La historia de Isaac y Be’er Sheva nos enseña que cuando estamos en armonía con el propósito divino, las bendiciones fluyen no solo para nosotros, sino para las generaciones que nos siguen.

Este versículo es una invitación a reflexionar sobre la importancia de los pactos en nuestras vidas y cómo podemos establecer conexiones más profundas con lo divino. ¿Estamos creando espacios en nuestras vidas para que las bendiciones fluyan? ¿Estamos en armonía con los ciclos de completitud y plenitud espiritual?

Buena parte de este capítulo nos muestra como Isaac reabre y cava pozos que habían sido cavados por Abraham y que sus siervos no pudieron mantener debido a disputas. El hecho de cavar y retomar estos pozos es clave ya que Representa la continuidad de la bendición y la promesa divina. Ello debido a que el pozo es fuente de agua, esencial para la vida en el desierto, y símbolo de sustento y prosperidad. Los pozos están vinculados a la perseverancia y la paciencia frente a la adversidad.

En la Cábala, el pozo (בְּאֵר, be’er) simboliza:

La fuente oculta del alma y del conocimiento: el pozo conecta la superficie (lo consciente) con las aguas profundas y misteriosas (lo inconsciente, el alma, el Ein Sof – lo infinito divino).

Yesod, la Sefirá del fundamento: esta sefirá es representada como un canal o “pozo” que recoge las energías superiores y las transmite al mundo físico (Maljut). Yesod es el depósito de la energía espiritual que luego se manifiesta en nuestra realidad material.

Así, cavar un pozo es un acto de conectar con lo profundo, con la raíz espiritual de la existencia.

La palabra באר (pozo) se compone de las letras: Bet (ב) = 2, Alef (א) = 1, Resh (ר) = 200, Suma total: 203, número que  en gematría es interesante porque puede vincularse con otras palabras o conceptos espirituales según las asociaciones cabalísticas, por ejemplo, la palabra “רחם” (Rajem – misericordia) suma 248, que no es igual, pero al analizar gematrías complementarias, se busca la relación entre misericordia y sustento (agua).

Además, la letra Bet (2) representa la dualidad y el comienzo (como en Bereshit – “En el principio”), la Alef (1) representa la unidad y el origen divino, y la Resh (200) representa la cabeza, el liderazgo, o el despertar espiritual.

Así, el pozo es la fuente espiritual que nace de la unidad divina y se manifiesta para despertar y sostener la vida.

Cavar pozos simboliza el esfuerzo consciente que debemos hacer para encontrar la “fuente interna” de espiritualidad y sabiduría. No es un regalo superficial, sino algo que se descubre con trabajo interior, paciencia y perseverancia.

Los pozos representan la profundidad de nuestro ser donde podemos acceder a la “agua viva” que sostiene el alma. Sin esta conexión profunda, nos encontramos en sequía espiritual.

En un mundo que a menudo es “seco” y conflictivo, cavar nuestros pozos internos nos permite no depender solo de lo externo para la vida y la felicidad.

Los conflictos por los pozos en Génesis nos recuerdan que proteger y mantener nuestra conexión espiritual es una tarea que puede enfrentar obstáculos, pero que vale la pena defender y preservar.

La enseñanza cabalística y de la gematría sobre los pozos en Génesis nos invita a ver la espiritualidad no como algo superficial o pasivo, sino como una fuente profunda que debemos cavar, descubrir y cuidar con dedicación. Esta fuente interior es la que realmente sostiene nuestra vida y crecimiento en medio de cualquier desierto personal o colectivo.

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