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Mi Kabbala – Jeshván 17, 5787 – Miércoles 28 de octubre del 2026

¿Estar?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 7:14, “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

Antes de que nuestro Señor Jesucristo naciera, su padre: José, fue visitado por un ángel que le profetizó al respecto. Advirtiéndole que aunque María, era virgen como su prometida, daría a luz un hijo sin su intervención. Ser que crecería como el Mesías, a quien llamarían Jesucristo (Yeshua, יֵשׁוּעַ): Salvador. Todo acorde a lo dicho por Isaías, quien siete siglos antes, predijo ello e incluso, dio su nombre (Imanu-El, עִמָּנוּ אֵל) “El Creador con nosotros”, recordándonos aún hoy que el nombre de nuestro Creador es innombrable y que solo podemos acercarnos a Él a través de nuestro Redentor.

Emanuel: como expresión reúne las cualidades de sagrado y santo, esas que nuestro Señor Jesucristo llevó consigo toda su vida. Sin embargo, nunca se las reveló a nadie, pues tenía claro que las autoridades judías no toleraban a aquellos que afirmaran ser el Mesías y menos aún que, se refirieran a sí mismos como el Cristo (משיח, Māšîaḥ): “ungido”. Por esta razón, solo en ocasiones muy selectas proyecto quién era, literalmente: el Creador humanado, quien estaba entre nosotros para perdonarnos y mostrarnos el camino de retorno. “Blasfemia” para algunos que provocó en los fariseos el anhelo de crucifixión pero que para los creyentes, se convirtió en la eterna redención.

Al estar con nosotros, no solo se manifestó como Salvador cumpliendo con las profecías y con lo expresado hasta en los Salmos, sino que trajo su bendición redentora a nosotros: su Iglesia. Por ello, la palabra Selah (סֶלָה‎) amén, que aparece a lo largo de la Biblia más de 70 veces, nos reitera a través de ese aleluya, que así es y será. Y que todo es gracias a su santidad. Quizá por ello el término Selah aparece regularmente al final de un párrafo o de los versículos, mostrándonos desde su raíz, SLL (סלל) “levantar”, que, así como los levitas, debemos levantar nuestras voces y almas para honrarle y verle en lo alto.

Isaías (Ysa’yahu, ישעיה) “Él salva”, nos recuerda además a través de sus profecías, que Él está con nosotros en cada instante a través de su Santo Espíritu y que se humanó para rescatarnos, para salvarnos. Desafortunadamente, nosotros comprendemos poco lo que ello significa y simplemente lo despreciamos, tanto que, no le agradecemos a cada instante por tan maravilloso regalo, olvidando que al alabarle constantemente, como deberíamos hacer, nos acercamos a Él. Incluso los Salmos nos reconfirman que debemos servirle para reorientar nuestros caminos y así enfocarnos cada vez más en Él.

Él está con nosotros, vino a salvarnos y a bendecirnos pero es necesario que elevemos nuestro ser, nuestra alma y nuestras voces para alabarle y agradecerle, asumiendo así, por fe, el valor de ese acto que se tradujo en nuestra salvación al dejarse crucificar, forma en que Él pagó por nuestros pecados, lo cual nos lleva a que voluntariamente, creamos en Él para retornar al Edén que desde el principio Él mismo creó para nosotros. Y es que al verlo como Emanuel, asumimos que está siempre con nosotros, que está aquí y ahora, y que gracias a Él, hemos retornado a la vida eterna (עוֹלָם, olam)

El Texto de Textos nos revela en Mateo 1:22, “Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo: HE AQUI, LA VIRGEN CONCEBIRA Y DARA A LUZ UN HIJO, Y LE PONDRAN POR NOMBRE EMMANUEL, que traducido significa: DIOS CON NOSOTROS.”

Oremos para que el se manifiesta a diario en nosotros.

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