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Plan es… Reconectarnos…

Dia II.23.

El Jeshván 23 de 5787 corresponde al 3 de noviembre de 2026 y ese día comienza al atardecer anterior en pro de invitarnos a comprender que la espiritualidad se demuestra en la vida cotidiana. Este día nos invita a profundizar en una enseñanza que encaja con el camino de crecimiento integral que venimos desarrollando: la fe no se mide solamente por lo que comprendemos de las Escrituras, sino por la manera en que transformamos nuestra conducta cuando regresamos a las actividades cotidianas.

Después de Tishrei, mes cargado de solemnidades, arrepentimiento, celebración y renovación espiritual, Jeshván nos sitúa en un escenario diferente. Es el tiempo de llevar a la práctica lo que hemos reconocido delante del Creador. Ya no basta con experimentar momentos de elevación; debemos aprender a vivir con conciencia en medio del trabajo, la familia, las responsabilidades, los desacuerdos y las decisiones ordinarias.

El laboratorio donde se prueba la fe

Jeshván, también llamado Marjeshván en la tradición judía, es conocido popularmente por no contener las principales festividades bíblicas que caracterizan a Tishrei. Sin embargo, no debemos interpretarlo como un mes espiritualmente vacío. Su particularidad nos permite reflexionar sobre una pregunta esencial:

¿Quiénes somos cuando desaparecen los estímulos religiosos extraordinarios y solamente queda nuestra disposición interior para vivir conforme a la voluntad divina?

Durante las celebraciones podemos sentir entusiasmo, fraternidad y renovación. Pero la verdadera integración de esas experiencias se manifiesta después, cuando debemos:

Responder con serenidad a quien nos contradice.

Cumplir nuestra palabra aunque nadie nos supervise.

Reconocer un error sin buscar culpables.

Administrar los recursos sin convertirlos en el centro de nuestra existencia.

Ayudar a una persona sin esperar reconocimiento.

Conservar la esperanza cuando todavía no vemos los resultados de nuestras oraciones.

Esto nos recuerda Deuteronomio 10:12-13, donde Moisés resume lo que el Creador pide de su pueblo: temerle, andar en sus caminos, amarlo y servirlo con todo el corazón y el alma, guardando sus mandamientos para su bien.

La secuencia es significativa: el conocimiento debe convertirse en camino, el camino en servicio y el servicio en una vida que produzca bien.

En nuestra lectura mesiánica, esta idea armoniza con Santiago 1:22: no basta con escuchar la Palabra; estamos llamados a ponerla en práctica.

Jeshván nos propone, por tanto, pasar de la inspiración a la encarnación de nuestras convicciones.

Retirar las piedras contaminadas

Hay un detalle histórico particularmente significativo para esta fecha. El calendario de Chabad registra que el 23 de Jeshván se conmemoraba la retirada de las piedras del altar del Templo que habían sido profanadas durante el dominio griego. Se trata de una conmemoración del calendario histórico judío, no de una festividad bíblica universalmente observada.

Podemos convertir este recuerdo en una profunda analogía para nuestra vida interior.

El altar representa el lugar de encuentro entre nuestra disposición humana y el servicio al Creador. Las piedras representan, simbólicamente, aquello sobre lo que construimos nuestra relación con Él: intenciones, hábitos, pensamientos, decisiones y compromisos.

Si algunas de esas piedras se han contaminado, no basta con decorar el altar. Es necesario reconocer qué debe ser retirado, purificado o reconstruido.

¿Cuáles podrían ser nuestras piedras contaminadas?

El orgullo espiritual: creer que sabemos más que los demás y utilizar el conocimiento bíblico para juzgarlos.

El resentimiento: conservar una ofensa hasta convertirla en el filtro mediante el cual interpretamos todas las relaciones.

La doble intención: hacer algo aparentemente bueno mientras buscamos reconocimiento, control o beneficio personal.

La religiosidad sin misericordia: defender una norma y olvidar a la persona que necesita nuestra compasión.

El apego a los resultados: creer que el Creador solamente nos acompaña cuando las circunstancias se desarrollan según nuestros planes.

Esta lectura encuentra una analogía poderosa en el Salmo 51:10: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio». La petición no es simplemente que cambien las circunstancias externas, sino que se renueve la fuente interior desde la cual vivimos.

También podemos relacionarla con Mateo 5:23-24, donde la reconciliación con el hermano aparece vinculada a la ofrenda. En una lectura mesiánica, esto nos recuerda que el culto no debe utilizarse para esconder las fracturas que nos negamos a reparar.

Pregunta para el 23 de Jeshván: ¿qué parte de mi vida espiritual necesita una reconstrucción verdadera, en lugar de una apariencia de perfección?

Transformar la intención antes de transformar el resultado

La tradición cabalística ofrece un lenguaje para comprender la relación entre la intención interior y la acción exterior.

Podemos considerar tres dimensiones:

Jojmá (חכמה): sabiduría

Reconocer una verdad que hasta ahora no habíamos visto. No confundir sabiduría con acumular información.

Biná (בינה): comprensión

Profundizar en esa verdad, reconocer sus consecuencias y comprender cómo afecta a nuestros vínculos y responsabilidades.

Maljut (מלכות): manifestación

Llevar lo comprendido al mundo concreto: una conversación pendiente, una decisión justa o una acción de servicio.

Estas tres dimensiones constituyen una aplicación pedagógica de las sefirot, no una interpretación exclusiva del día 23 de Jeshván.

La enseñanza consiste en que una verdad que nunca alcanza nuestra conducta permanece incompleta en nuestra experiencia.

Podemos estudiar durante años el perdón, pero si seguimos alimentando el deseo de venganza, todavía no hemos integrado esa enseñanza. Podemos hablar de humildad, pero si necesitamos tener siempre la última palabra, nuestra comprensión no ha alcanzado la práctica.

El Zóhar, dentro de su lenguaje simbólico, explora reiteradamente las relaciones entre el mundo interior, las acciones humanas y la armonía espiritual. Inspirados por esa perspectiva, podemos preguntarnos si nuestras acciones están contribuyendo a la armonía o si están alimentando la separación.

No se trata de creer que podemos controlar la voluntad divina mediante técnicas espirituales. Se trata de asumir nuestra responsabilidad ante ella.

Una aplicación al concepto de hitkashrut y al egoísmo

En las reflexiones que hemos desarrollado sobre los apegos, podemos distinguir entre amar profundamente y convertir aquello que amamos en una posesión.

El apego desordenado dice: «Necesito que esta persona actúe como yo deseo para poder estar en paz».

El amor consciente dice: «Deseo el bien de esta persona, incluso cuando debo aceptar que no puedo controlar todas sus decisiones».

Del mismo modo, el egoísmo busca que la realidad confirme nuestra importancia; la humildad procura que nuestra existencia contribuya al bien común.

La práctica de este día es revisar nuestros apegos sin negar nuestros afectos. No estamos llamados a dejar de amar, sino a amar sin convertir al otro en una extensión de nuestro ego.

Gematría: el número 23 como invitación a construir

En hebreo, el número 23 se escribe כ״ג, formado por estas letras:

LetraNombreValor
כKaf20
גGuímel3
Total23

Aquí conviene ser rigurosos: el hecho de que una fecha tenga el número 23 no demuestra por sí mismo que exista un mensaje cabalístico específico para ese día. Podemos desarrollar una meditación numérica, pero debemos distinguirla de una enseñanza tradicional documentada.

Como ejercicio simbólico, podemos meditar en dos ideas:

Kaf (כ): su nombre está relacionado con la palma de la mano. Nos permite pensar en lo que recibimos, sostenemos y ofrecemos.

Guímel (ג): en algunas explicaciones tradicionales se relaciona con la raíz hebrea גמל (g-m-l), asociada, según el contexto, con dar o recompensar. Una asociación espiritual posible es la generosidad que se pone en movimiento.

Esta combinación nos sugiere una pregunta: ¿qué hacemos con aquello que hemos recibido?

La sabiduría, el tiempo, los recursos económicos, las oportunidades y los talentos pueden convertirse en instrumentos de servicio o en objetos de apropiación egoísta.

Podemos resumir esta meditación de manera sencilla:

Lo que recibimos adquiere una dimensión espiritual más profunda cuando aprendemos a compartirlo responsablemente.

Esta es una reflexión inspirada en las letras, no una traducción literal de כ״ג ni una fórmula que permita predecir acontecimientos.

El Talmud: el verdadero crecimiento se mide en las relaciones

Una de las grandes contribuciones de la tradición rabínica es insistir en que la sabiduría debe manifestarse en el comportamiento.

En Pirkei Avot (Ética de los Padres) 1:2, Simón el Justo presenta tres pilares del mundo: la Torá, el servicio a Dios y los actos de bondad. Esta enseñanza nos permite comprender que la vida espiritual no puede reducirse a una experiencia privada: también debe expresarse en el bien que hacemos.

Para el 23 de Jeshván, podemos traducir esta enseñanza en tres compromisos.

Primero: estudiar para comprender, no para imponernos.

Cada pasaje bíblico que estudiemos debería ayudarnos a revisar nuestras propias decisiones antes de utilizarlo para evaluar a los demás.

Segundo: servir con conciencia.

El servicio al Creador no se limita a los momentos de oración. También se manifiesta en la honestidad profesional, la responsabilidad familiar y la forma en que tratamos a quien no puede ofrecernos ningún beneficio.

Tercero: practicar la bondad concreta.

Podemos preguntarnos quién necesita una palabra de aliento, una disculpa sincera, una ayuda material o simplemente nuestra presencia.

Esta reflexión se conecta con Miqueas 6:8, que reúne la justicia, la misericordia y la humildad ante Dios. También armoniza con Mateo 23:23, donde Jesús critica la práctica religiosa que descuida lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad.

La conclusión es exigente: podemos conocer los nombres de las sefirot, calcular valores de gematría y estudiar textos antiguos, pero el conocimiento debe ayudarnos a convertirnos en personas más justas, compasivas y fieles.

Tres relatos para orientar el día

Noé: salir del arca y volver a construir

Génesis 8:15-22

El relato del diluvio nos permite reflexionar sobre la transición entre sobrevivir a una crisis y comenzar una vida renovada. Noé no permanece indefinidamente dentro del arca: sale, construye un altar y vuelve a relacionarse con la tierra.

Aplicación: después de una dificultad, no basta con recuperar la tranquilidad. Debemos preguntarnos qué hemos aprendido y qué necesitamos reconstruir.

Jacob: reconocer la lucha interior

Génesis 32:24-30

Jacob atraviesa una lucha que precede a un encuentro decisivo con su pasado y con su hermano Esaú. El relato permite contemplar cómo una transformación interior puede acompañarse de vulnerabilidad y de una nueva manera de caminar.

Aplicación: no siempre podemos cambiar inmediatamente nuestras circunstancias, pero sí podemos revisar la actitud con la que nos enfrentamos a ellas.

Jesús: convertir la autoridad en servicio

Juan 13:3-17

Jesús lava los pies de sus discípulos y redefine la grandeza mediante el servicio. El conocimiento y la autoridad dejan de ser instrumentos para dominar y se convierten en oportunidades para cuidar.

Aplicación: preguntarnos si las responsabilidades que tenemos nos hacen más serviciales o más exigentes con los demás.

Los tres relatos apuntan hacia una misma dirección: la transformación espiritual no consiste en escapar de la realidad, sino en regresar a ella con una conciencia renovada.

El Zóhar y la reparación del mundo: del interior hacia el exterior

La tradición cabalística utiliza el concepto de tikún (תיקון), que significa reparación, rectificación u ordenamiento, según el contexto.

En la historia de la Cábala, especialmente en las enseñanzas asociadas a Isaac Luria, el tikún adquiere un sentido cosmológico y espiritual particular. No debemos reducir toda esa tradición a una simple técnica de superación personal. Sin embargo, podemos extraer una aplicación ética para nuestra vida cotidiana.

La reparación comienza por reconocer que nuestras acciones tienen consecuencias.

Una palabra puede restaurar la confianza o destruirla. Una decisión económica puede proteger a una familia o perjudicarla. Una reacción impulsiva puede prolongar un conflicto que una conversación honesta habría comenzado a resolver.

Por eso, para este día propongo tres niveles de reparación:

Reparación interior: identificar una emoción que está gobernando nuestras decisiones y aprender a responder con mayor conciencia.

Reparación interpersonal: corregir una conducta, pedir perdón o establecer un límite necesario sin humillar a nadie.

Reparación comunitaria: realizar una acción concreta que contribuya al bienestar de otras personas.

La reparación no significa asumir que todo depende de nosotros ni cargar con culpas ajenas. Significa reconocer nuestra parte de responsabilidad y actuar allí donde realmente podemos producir un cambio.

Podemos relacionar esta idea con Isaías 58:6-12, donde el ayuno que agrada a Dios se vincula con liberar al oprimido, compartir el pan y atender al necesitado. La espiritualidad adquiere una dimensión visible cuando mejora la vida humana.

El Hito del Talmud (Meguilat Taanit)

De acuerdo con el Talmud, el 23 de Jeshván conmemora el día en que los Hasmoneos (Macabeos) retiraron del Templo de Jerusalén las piedras del altar que habían sido profanadas por los griegos.

El aporte al crecimiento integral: Espiritualmente, las “piedras profanadas” representan las áreas de nuestra vida que, aunque alguna vez fueron sagradas (nuestra mente, intenciones, energía o intromisiones emocionales), se contaminaron con patrones tóxicos o influencias externas. Este día nos invita a hacer una limpieza y remoción consciente: quitar aquello que ya no sirve para construir de nuevo un espacio sagrado en nuestro interior.

Mar-Jeshván y la Semilla de Transformación

Jeshván es conocido popularmente como Mar-Jeshván (Jeshván “Amargo”) porque es el único mes del calendario hebreo que no posee festividades bíblicas de regocijo público. Sin embargo, la Cábala enseña que este mes posee la energía del potencial oculto.

La letra del mes (Nun – נ): Representa al Nofel (el que cae) pero también a Nishmat (el alma) y Jaim (la vida). La letra Nun tiene un valor de 50 (las 50 Puertas de la Entendimiento o Biná). Marca el proceso de caer y volver a levantarse refinado.

El Sentido del mes (El Olfato / Riaj): En la Cábala, el olfato es el único sentido que no se corrompió con el pecado en el Jardín del Edén. Representa la intuición espiritual, la capacidad de discernir lo verdadero de lo falso sin dejarse llevar por las apariencias superficiales.

El Signo de Escorpio (Akrab)

Jeshván corresponde al signo zodiacal de Escorpio (Akrab), regido cabalísticamente por el planeta Marte (Ma’adim).

Energía de Escorpio: Es un signo de Agua fija, denso, profundo, apasionado y transformador. Representa la capacidad de regeneración (el ave fénix).

Escorpio como símbolo de transformación, no como destino

En las asociaciones tradicionales del calendario hebreo, Jeshván se relaciona con el signo de Escorpio (Akrav, עקרב).

Podemos utilizar esta correspondencia como lenguaje simbólico de introspección, siempre distinguiendo la interpretación astrológica de una afirmación científica o de una doctrina bíblica obligatoria.

Escorpio suele asociarse, dentro de la astrología, con la profundidad emocional, la transformación, los secretos y la capacidad de afrontar aquello que preferiríamos ocultar.

Aplicado a nuestro crecimiento integral, este simbolismo nos permite plantear cuatro ejercicios:

Examinar lo oculto: ¿qué motivación me cuesta reconocer ante mí mismo?

Transformar el resentimiento: ¿qué dolor estoy convirtiendo en una justificación para actuar mal?

Aprender a soltar el control: ¿qué situación intento dominar porque me cuesta aceptar la incertidumbre?

Renovar la confianza: ¿cómo puedo actuar con prudencia sin permitir que el miedo gobierne mi vida?

La advertencia espiritual es importante: ni Escorpio ni ninguna configuración astrológica determina nuestro carácter, nuestro destino o nuestra relación con el Creador. Tampoco podemos deducir de los astros qué decisiones divinas se producirán en una fecha determinada.

Desde una perspectiva bíblica, el centro de nuestra orientación debe permanecer en la justicia, la sabiduría, la oración y la responsabilidad moral.

La pregunta no es qué nos obligará a hacer el signo del mes, sino qué debemos aprender a transformar conscientemente en nosotros mismos.

Autocontrol y gestión del juicio (Gevurá): Marte aporta fuerza y dinamismo, pero si no se encauza, genera ira, reactividad o desconfianza. El trabajo del creyente ese día es transformar el juicio duro en juicio rectificado (Dínim Metukim – endulzamiento de los juicios).

Profundidad emocional: No quedarse en la superficie de los problemas; examinar los motivos ocultos con honestidad.

Gematría y Analogías Bíblicas

Gematría del día (23 = כ״ג):

La combinación de las letras Kaf (כ = 20) y Guímel (ג = 3) conforma el número 23.

La raíz de Kaf con nota de Guímel conecta con la acción de dar e impartir bondad (Guemilut Jasadim).

En la Torah, el versículo Números 23:9 declara: “Un pueblo que habitará confiado y no será contado entre las naciones”, lo cual alude a la capacidad de mantener nuestra identidad espiritual intacta frente a las distracciones del mundo exterior.

El Arca de Noé (Nóaj):

Jeshván es el mes en que comenzaron y terminaron las lluvias del Diluvio (Bereshit / Génesis). El agua purifica y destruye lo que frena el crecimiento para dar paso a un nuevo pacto.

El Zohar enseña que la quietud exterior de Jeshván es deliberada: es un tiempo de asimilación e integración de la luz recibida durante las grandes festividades del mes anterior (Tishrei: Rosh Hashaná, Yom Kipur, Sucot).

Paso a la acción cotidiana: El Zohar compara este periodo con la semilla bajo la tierra. No hay flores visibles todavía, pero en la oscuridad es donde se arraiga la raíz.

Propongo convertir las reflexiones anteriores en una práctica sencilla que podamos llevar a cabo durante el día.

Por la mañana: examinar

Dedica unos minutos a responder por escrito:

¿Qué enseñanza espiritual necesito convertir en una acción?

¿Qué hábito está debilitando mi paz o mis relaciones?

¿Qué responsabilidad he estado aplazando?

Durante el día: reparar

Elige una sola acción concreta: reconciliarte con alguien cuando sea apropiado, cumplir una promesa, escuchar sin interrumpir, corregir un error o ayudar a quien lo necesita.

Por la noche: integrar

Revisa lo sucedido sin castigarte ni justificarte:

¿Dónde actué de acuerdo con mis convicciones?

¿En qué momento reaccioné desde el egoísmo o el temor?

¿Qué haré de manera diferente mañana?

La intención no es conseguir una perfección instantánea. Es desarrollar una disposición constante a aprender, corregir y crecer.

Si reunimos las distintas perspectivas, podemos construir una síntesis espiritual para el 23 de Jeshván.

La fecha nos recuerda simbólicamente la necesidad de retirar las piedras que ya no deben sostener nuestro altar interior.

La Cábala nos proporciona un lenguaje para examinar la relación entre conciencia y acción.

La gematría nos invita a meditar en lo que recibimos y ofrecemos.

El Talmud nos recuerda la importancia de la bondad y la conducta.

Los relatos bíblicos nos enseñan a reconstruir, luchar por la transformación y servir. La astrología, entendida aquí como recurso simbólico, nos invita a examinar las profundidades de nuestra vida emocional.

Todas estas perspectivas convergen en una pregunta:

¿Estoy utilizando mi conocimiento espiritual para transformar mi vida o solamente para enriquecer mi discurso sobre ella?

Esta pregunta también nos confronta con nuestros apegos. Podemos estar tan aferrados a una interpretación, una tradición, una posición o una expectativa que terminamos defendiendo aquello que nos impide crecer.

La madurez espiritual exige humildad para aprender, discernimiento para distinguir lo esencial de lo accesorio y valentía para corregir lo que sabemos que debemos corregir.

El 23 de Jeshván nos invita a retirar las piedras interiores que debilitan nuestra relación con el Creador y a reconstruir nuestra vida mediante acciones concretas de justicia, humildad, reconciliación y servicio.

No necesitamos esperar una nueva festividad para renovar nuestro compromiso espiritual. El verdadero terreno de prueba es la vida cotidiana: allí donde nuestras convicciones se convierten, o dejan de convertirse, en una manera de vivir.

Nuestro PLAN es…

Purificación de la “Estructura Interna” (Día del Altar): Identifica un hábito, rencor o pensamiento recurrente que haya contaminado tu paz interior y toma la decisión consciente de “remover la piedra profanada”.

Ejercicio de Intuición y Discernimiento (Sentido del Olfato): Antes de reaccionar ante una situación tensa, conéctate con tu intuición espiritual. Pregúntate: ¿Esto proviene del ego o de mi alma?

Canalización de la Fuerza de Escorpio/Marte: Transforma la prisa o la agresividad en determinación para avanzar en tus proyectos de crecimiento personal o de ayuda al prójimo.

Práctica de Introspección Silenciosa: Tómate un espacio de meditación o oración en privado para afianzar los compromisos espirituales del año en curso.

Oración para el 23 de Jeshván de 5787

Creador de la vida, ayúdame a comprender que la espiritualidad no se demuestra solamente en los momentos de recogimiento, sino también en la manera en que vivo cada jornada.

Dame sabiduría para reconocer las piedras que debo retirar de mi interior: el orgullo que me impide escuchar, el resentimiento que me aleja de mis semejantes, el egoísmo que distorsiona mis intenciones y el temor que me impide actuar correctamente.

Enséñame a convertir el conocimiento en comprensión, la comprensión en decisiones y las decisiones en obras de justicia, misericordia y servicio.

Que no utilice tu Palabra para sentirme superior a los demás, sino para reconocer mis propias responsabilidades. Que mis apegos no se conviertan en cadenas y que mi amor no pretenda dominar aquello que debe aprender a cuidar.

Ayúdame a reparar lo que esté a mi alcance, a aceptar con humildad lo que no puedo controlar y a conservar la esperanza mientras sigo caminando.

Que cada pensamiento, palabra y acción contribuya a una vida más íntegra, a relaciones más humanas y a una mayor fidelidad a tu voluntad.

Amén.

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