
Mi Kabbala – Nisán 10, 5786 – Sàbado 28 de marzo del 2026.
¿Levadura?
El Texto de Textos nos revela en Levítico 23:5, “en el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová.6 Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levadura a Jehová; siete días comeréis panes sin levadura”.
La fiesta de los panes sin levadura nos invita como creyentes a alimentarnos del Pan de Vida: nuestro Señor Jesucristo y a digerir a diario Su Palabra, para lo cual Su Santo Espíritu nos ayuda a transformarnos. Simbolismo que implica alejarnos de la levadura (שְׂאֹר, seór) del ego, de todo lo que nos infecta: deseos, que se reflejan en cómo nos retroalimentamos a diario. Proceso que en el caso del pecado fermenta nuestra masa, mezclándonos con impurezas revestidas de dulces placeres de los que debemos liberarnos, para que no se esponje nuestro ego, leudante artificial que con su química altera nuestro ser.
Proceso que nos deja como enseñanza el dejar de asimilarnos al mundo y de interpretar las cosas como no son, mintiéndonos, al presuponer que estamos cumplimento los mandatos del Creador, mientras en nuestros corazones no somos capaces siquiera de denotar ese amor al próximo que Él nos exige; fermentándonos (מַתְסִיס,matsis) al fusionarnos con costumbres y creencias paganas, pese a la advertencia divina de no hacerlo, por lo cual terminamos padeciendo los dilemas que reproduce esa harina leudada, que llama nuestra atención mal nutriéndonos, cuando son los preceptos y mandatos divinos, el único alimento espiritual que nos integra a esa vida nueva en Cristo.
La Palabra (עדן) deleitarse con o disfrutar de la vida, no aparece mucho en la Biblia y aunque algunos eruditos la traducen por su sustantivocomún: Edén, es claro que aunque esta tiene matices de delicias, placeres, lujo y deleite, también nos recuerda que fuimos expulsados de dicho jardín agradable debido a no obedecer una sola cosa: comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, por ende, de este término procede igualmente el concepto de Paraíso (pardes, פרדס), visión de un futuro jardín celestial que será aquel lugar donde solo los justos tendrán derecho a comer del árbol de la vida, que está en dicho espacio, árbol que para los creyentes es nuestro Señor Jesucristo: pan de vida.
Todo nos habla de la forma como deberíamos vivir, sin embargo, nosotros por seguir alimentándonos del árbol del conocimiento y su levadura, obviamos que necesitamos del Pan de Vida: Árbol de la Vida, para poder retornar al Edén: a nuestro paraíso. No olvidemos que así como el proceso de fermentación hace que el pan se leude (מִתְחַמֵּץ, mitjamet) a través del tiempo, nosotros también fruto de seguirnos retroalimentando del pecado y sus deseos incoherentes, nos alejamos de nuestro amoroso Padre celestial viviendo en un cuerpo que muere y que por ello, requiere de otro tipo de nutrientes para dicha alma.
Aquel profeta: נָבִיא (nabi de Juda) engañado por el anciano, nos recuerda la necesidad de evitar todo tipo de retroalimentaciones egocéntricas y más bien nutrirnos del Pan de Vida que no tiene levadura, así por su apariencia esos alimentos mundanos nos parezcan mejores y hasta sanos. Como creyentes debemos alejarnos de todo lo que nos confunde y aleja: máscaras, engaños y disfraces, que solo nos incitan a percibirnos como justos, cuando nuestros comportamientos están plagados de pecados. Es el tiempo de limpiar nuestro ser y evacuar todo aquello que no nos nutre para la vida eterna.
El Texto de Textos nos revela en Gálatas 5:9, “un poco de levadura leuda toda la masa”.
Oremos para que evitemos alimentarnos de todo aquello que nos hace daño.



