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Mi Kabbala – Nisán 13, 5786 – martes 31 de marzo del 2026.

¿Muerte?

El Texto de Textos nos revela en Oseas 6:1, “venid y volvamos al Creador; porque Él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de Él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia”.

El fin de esta vida es el elevarnos por encima del egoísmo y poder integrarnos a nuestro Creador a través de Su obra. Desde esa lógica hay que coexistir en comunidad, para lo cual nuestra primera unidad la hacemos con nuestra pareja, engendrando hijos, que nos posibiliten ese aprendizaje. Los estudiosos hablan de salir de los Kelim (כלי); del recibimiento y absorción hacia adentro y así pasar al Kelim de otorgamiento, hacia afuera. Logrando asemejarnos al Creador para lo cual debemos tener en cuenta sus atributos como otorgador, recordando que somos eternos y que la muerte es solo una transición.

Como creyentes debemos sabernos responsables de nuestra propia desobediencia y así alejarnos de esos deseos egoístas que solo nos enfrentan a la condenación eterna, para lo cual Él nos pidió confiar más en las recompensas eternas que en las terrenales, esas que aumentan nuestra Fe en Él y que nos llevan a servir en Su obra. Pero el tema es tan complejo de asumir que esa señal de salvación que confirma su juicio y que es su resurrección, se sigue viendo como un acto simbólico y no como la puerta que se nos abre hacia la eternidad, llevándonos a obviar además un concepto fundamental como el perdón (סְלִיחָה, selikja) de nuestro Creador, para con nosotros a través de Su crucifixión.

Es esa fe en Él, la que realmente nos une con el todo, ayudándonos además a recibir el perdón de nuestros pecados. Regalo que nos recuerda que estamos separados del Creador temporalmente y que sin Él, somos incapaces incluso de tener una relación estable con nuestro Padre Celestial, debido a que por nuestra desobediencia, solo hemos quebrantado su ley (תּוֹרָה, Torah) lo que nos acarreó la muerte. Pero Él pagò por nosotros y como salvador nos rescató dándonos una nueva oportunidad de tener una relación eterna.

Justificación que significa que aunque pusimos a prueba su divinidad al tener que humanarse Él, muriendo en la cruz, tomo nuestros pecados y los subsiguientes castigos para que pudiéramos ser justificados delante del Padre, resurrección que implica que nos rescató de esa muerte eterna, confirmando así que Él como Creador aceptó su propio sacrificio a través de nuestro Señor Jesucristo para morir por nosotros y darnos acceso a una nueva relación eterna con Él, gracias a la comunión (חָ֫סֶד, checed) con el todo.

Elias (Ēliyahū, אליהו), nos ratifica que la resurrección se debe vislumbrar como la forma de vencer la muerte, esa que nos corresponde a todos. Al pagar Él por nuestros pecados, nos resucitará, evitándonos el castigo que viene después del juicio de la muerte. Resurrección que también significa que quienes en Él creemos estamos unidos a Él eternamente y por lo tanto, gracias a esa nuestra Fe ya no ve nuestros pecados, sino la justicia que gracias a Él nos limpia, obviando que moriremos ya que viviremos gracias a Él.

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 15:55, “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57 Mas gracias sean dadas al Creador, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Oremos para que cada día nos sirva de excusa para depositar nuestra fe en Jesús. 

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