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Mi Kabbala – Nisán 22, 5786 – Jueves 9 de abril del 2026.

¿Esperanza?

El Texto de Textos nos revela en Miqueas 7:7, “Pero yo he puesto mi esperanza en el Señor; yo espero en el Creador, mi salvador, ¡Él me escuchará!”

Fuimos hechos a imagen y semejanza del Creador, de allí que la palabra Adam, logra a través de la fusión de las letras hebreas originales: dam (דם) mostrarnos cómo de esa carne y hueso viven a través de la sangre, líquido esencial que se nutre del aliento del Creador, el cual fluye con ese aire que como halito moviliza todo lo que existe, perspectiva que se debe traducir en confianza, en esa esperanza eterna que a la vez nos llama a trabajar mas que unidos en pro de nuestra integración voluntaria, degustando de todo lo que ha sido creado para nuestra coexistencia.

Todo nos integra y nos denota que debemos hacernos parte y trabajar para ello. Bajo esa mirada no parece lógico que cuando tengamos conflictos lleguemos a perder esa esperanza (תִּקְוָה, ticvá) desanimándonos, lo que solo nos demuestra que erradamente nos alejamos más y más del Creador y su aliento de vida, el mismo que fruto del Espíritu Santo nos sacia y calma nuestra sed de vivencias, gracias a que toma de esa agua viva que es nuestro Señor Jesucristo nuestro salvador, se trata entonces de coexistir en Su amor, irradiando de Su misericordia a través de nuestro servicio desinteresado.

Cada partícula de lo creado contiene esa Su esencia en diferentes niveles, lo que nos expresa además que Él es esa fuente (mikve, מִקְוֶה) de vida, expresión que viene de la raíz: קוה, lo cual nos sirve como creyentes de recordatorio para superar nuestra impaciencia, visionándonos en la eternidad, gracias a la fe en nuestro salvador, quien nos llama a esperar en Él. Lo cual implica recibir de Su ánimo y aliento, de Su palabra, de ese fluir amoroso que nos demuestra que solo hay un tiempo presente a través del cual deberíamos vivenciar cada circunstancia e interacción que nos acontece, buscando siempre corregir todo aquello que no nos permite coexistir armónicamente con todo lo creado.

Desde una etimología más profunda se nos recuerda también a través de la palabra hebrea mikve, que significa charco de agua, que hubo un momento inicial de la creación en donde al conjunto de las aguas, fueron llamadas por Él, para con ellas forjar los mares (יָם, yam) denotándonos que es ese líquido, recurso más abundante de la tierra, base de toda vida, contiene su propia esencia, siendo este un preciado recurso, manantial que preserva y que a través de la lluvia nos posibilita beber de esa fuente transformada, profunda esperanza para aceptar que de Él nace nuestra propia sangre. 

Todo se hilvana en pro de nuestro crecimiento integral, si así lo queremos comprender, sin embargo, es importante que esa espera terrenal, se convierta en confianza o sea en fe, lo que quiere decir el sabernos Sus hijos y por ende a cada instante gracias a ese mensaje amoroso de nuestro Señor Jesucristo compartir con nuestros próximos de Su fluir, comprendiendo que aunque debemos esperar otro tipo de entornos en donde nos percibamos realmente más cerca del Creador, Él siempre estará allí en nuestra sangre, ADN, que alimenta nuestro cuerpo, Su templo, para que Su Espíritu, nos de vida y guie en pro de elevarnos (נָשָׂא, nasah), retornando a Su lado.    

El Texto de Textos nos revela Hebreos 11:1, “Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve”.

Oremos para esperar en Él pacientemente.

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