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Mi Kabbala – Nisán 25, 5786 – Domingo 12 de abril del 2026.

¿Pentateuco?

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 2:10, “y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué”.

Hay palabras que para algunas personas tienen un significado más amplio del que reconocemos normalmente y desde esa perspectiva cada nombre o denominación contiene toda una representación imaginaria para cada quien, lo que nos denota que pueden existir otros significados que trascienden lo que pensamos frente una misma expresión, quizá por ello para quienes entiende el Pentateuco o la Torah (תורה) como la Palabra del Creador esta se convierte en el texto guía para conocer de Él y reconocernos como sus hijos.

Quienes suponen que Moisés escribió esta obvian que fue el mismo Creador quien se la entregó inicialmente en dos tablas, presentándonos Sus mandatos, guía para poder atravesar este desierto terrenal en un mundo que nos presenta como destino final nuestra tierra prometida. Corto peregrinaje existencial que nos llama a trascender espacios y días en que parece estamos sin Él, siendo necesaria esa búsqueda (Parshat Tetzavé, פָּרָשָׁה, Pārāšâ) espiritual, en pro nos aporte las enseñanzas necesarias que nos permitan coordinar nuestra pecaminosa voluntad hacia la del Creador.

Confundidos en nuestras interpretaciones de los mismos textos en vez de interconectarnos como pueblo del Creador obedeciendo sus preceptos, preferimos alejarnos. Lo triste es que contamos con Su palabra y además la guía del Espíritu Santo, el cual nos ofrece el suficiente entendimiento para no confundirnos con los ritos allí descritos, esos que hacen parte tan solo de tradiciones, las mismas que contienen en ocasiones interpretaciones de un momento especial, pero que no pueden llevarnos a obviar los propósitos (מִשְׁפָּט, mishpát, juicio) que Él mismo nos proyecta a través de ese Texto sagrado, el cual nos dejó como luz y guía para no perpetuarnos en nuestras cotidianas oscuridades.

Cada letra y versículo de la Biblia contiene los destellos de Su luz (אוֹר, or) siendo necesario dejarnos iluminar de esa esencia Divina, a través de la relectura, oración y Su guía, logrando así encender nuestra conciencia con nuevos pensamientos, de esos que motiven nuestra voluntad para que nuestras palabras, actos e incluso omisiones estén acordes a lo que allí se preceptuada, provocándonos por ende una intrínseca relación con Él, quien a través nuestro irradia sus rayos, para iluminar esos entornos con Su sabiduría, la cual además difiere sustancialmente de nuestra mal llamada inteligencia.

Jetro (יִתְרוֹ, Yitro) como hombre sabio, tenía amplios y diversos conocimientos, sin embargo una vez convivio con Moisés, aprendió que para ser justos, los creyentes debemos intentar aplicar lo que Su palabra nos enseña, texto que nuestro Salvador Jesucristo resumió en amarnos, vinculándonos con nuestros próximos como hermanos, entendiendo que más que leer o no las cincuenta y cuatro Parshiot, (parashá, פרשה) bíblicas, debemos reconocerle como el único Ser Supremo, bebiendo de esta forma a cada instante de esa fuente de agua viva que es Él y para lo cual debemos depender plenamente de Su guía.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 17:1, “seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Él”.

Oremos para que cada que leamos la Biblia el Creador ilumine nuestras vidas.

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