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Mi Parashà – Génesis 21:31

Este versículo nos relata cómo Abraham y Abimelec sellan su pacto al nombrar el lugar Be’er Sheva (בְּאֵ֖ר שָֽׁבַע), que significa “Pozo de los siete” o “Pozo del juramento”. El nombre no solo hace referencia al pozo como una fuente de vida, sino que también destaca el número siete y el juramento, dos elementos profundamente simbólicos en la tradición judía.

El número siete es recurrente en este pasaje. Representa completitud y perfección, como hemos mencionado en los versículos anteriores. En la Cábala, el siete está relacionado con las siete sefirot inferiores del Árbol de la Vida, que son las manifestaciones emocionales de Dios en el mundo. El número siete también conecta con la creación del mundo en siete días, lo que simboliza la plenitud del ciclo creativo.

La palabra בְּאֵ֖ר (Be’er, “pozo”), valor gemátrico de 203, lo que está asociado con la idea de nutrición espiritual y sabiduría. El pozo es un símbolo de provisión, tanto física como espiritual, y en este contexto, es también el lugar donde se forja un juramento sagrado entre Abraham y Abimelec, lo que refuerza la importancia del pacto.

La palabra שָֽׁבַע (Sheva, “juramento” o “siete”) valor gemátrico de 372. Este número está vinculado a la santificación y la promesa divina, resaltando que el acto de jurar en este contexto es un acto de compromiso espiritual profundo. Al utilizar el número siete en el nombre, se subraya la idea de un pacto perfecto y completo, que conecta tanto con lo divino como con lo humano.

El nombre Be’er Sheva simboliza la completitud y el compromiso que Abraham y Abimelec establecen. El pozo, un recurso vital en un desierto, representa el acceso a la sabiduría y la vida, mientras que el número siete subraya la perfección del acuerdo alcanzado entre los dos.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre la importancia de los pactos y acuerdos que hacemos en nuestra vida. Al igual que Abraham, debemos asegurarnos de que nuestros compromisos sean sólidos y estén arraigados en la verdad y la responsabilidad. El nombre del lugar nos recuerda que los actos conscientes y sagrados crean un legado que perdura en el tiempo, estableciendo una conexión no solo entre los individuos, sino también con lo divino.

Be’er Sheva también nos enseña a valorar los recursos espirituales y físicos que nos rodean y a utilizar estos recursos de manera sabia y equitativa para beneficiar tanto a nosotros mismos como a nuestras comunidades. La acción de nombrar el lugar con un nombre tan significativo es un recordatorio de la importancia de la memoria y de cómo nuestras acciones pueden resonar en el futuro, dejando una huella duradera de justicia y paz.

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