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RESPLANDOR DIVINO

Según el Zóhar:

“El Nombre Santo es el engranaje que mueve todos los mundos.”

Y en el Sefer Yetzirá:

“Por la palabra del Creador fueron formadas todas las cosas… y por las letras son sostenidas.”

Desde el Zóhar: el ser humano como “movedor de mundos”

El Zóhar enseña:

“El hombre mueve los mundos superiores y los inferiores con cada uno de sus movimientos.”
(Zóhar II, 161a)

Especialmente tres tipos de movimientos:

Pensamiento – mueve la raíz espiritual.

Palabra – da forma.

Acción – cristaliza la energía en la materia.

Para el Zóhar, el ser humano es un puente dinámico entre lo infinito (Ein Sof) y la manifestación.

Cuando elegimos bien:

elevamos nitzotzot (chispas divinas),

armonizamos mundos,

atraemos luz.

Cuando elegimos mal:

interrumpimos el flujo de luz,

creamos distorsión (sitra ajra).

Es una responsabilidad cósmica.

Desde el Talmud: libre albedrío como parte del diseño divino

El Talmud dice:

“Todo está en manos del Cielo, excepto el temor al Cielo.”
(Berajot 33b)

Interpretación:
Dios da la vida, las circunstancias y el escenario, pero tú decides cómo moverte dentro de ese escenario.

El Talmud también afirma:

“Un acto pequeño en este mundo genera un eco inmenso en los mundos superiores.”
(Midrash Tanjuma)

Esto refuerza que la movilidad humana—aunque libre—tiene consecuencias espirituales reales.

El Zóhar enseña:

“Una palabra despierta un mundo, un gesto despierta otro mundo.”

Y también:

“El alma del hombre toca almas cuando habla.”

Esto significa que:

No existe interacción neutral.

Toda relación es un intercambio de luz o sombra.

Todo encuentro humano es un cruce de campos energéticos.

¿Por qué ocurre esto?

Porque cada ser humano es un “Nombre Divino viviente”.
Somos una miniatura del YHVH.

Por eso, cuando dos personas se encuentran, se encuentran dos secuencias creativas:

una Yod (intención),

una He (emoción),

una Vav (transmisión),

una He final (acción/expresión).

Si la intención está alineada, la interacción genera armonía.
Si hay desconexión, se genera caos.

¿CÓMO AFECTAN NUESTRAS RELACIONES A LOS DEMÁS?

Tres principios cabalísticos:

Cada acción despierta su equivalente

Zóhar:

“El despertar de abajo despierta el despertar de arriba.”

Tu intención despierta la intención del otro, aunque no lo diga.

Las palabras son vehículos (merkavot) de energía

Cada palabra lleva una frecuencia que toca directamente el campo emocional del otro.

Todo se mueve por resonancia

Cuando estás en paz, ordenas el campo del otro.
Cuando estás en caos, contagias caos.

El Zóhar es profundamente claro en este tema:

Cada acción humana mueve mundos

El Zóhar enseña repetidamente que:

El ser humano es un puente entre mundos.
Cada acto, palabra o pensamiento despierta movimientos en lo alto y en lo bajo.

Es decir: no existe neutralidad espiritual.

Las palabras crean realidad

Según el Zóhar:

las palabras son “llamas” que suben y abren canales arriba, o los cierran;

la persona que habla con ira despierta fuerzas de caos;

la persona que habla con compasión despierta fuerzas de bendición.

Es exacto: la vibración interna se vuelve vibración del mundo.

Todo lo que ocurre entre dos personas ocurre también entre sus almas

Cuando dos personas interactúan:

sus almas “se tocan”,

se transmiten energía,

se influyen mutuamente en niveles invisibles.

El Zóhar dice que dos personas que conversan están “entrelazando raíces”, no solo intercambiando palabras.

El ser humano “tiñe” la luz divina

Las energías superiores descienden como luz pura,
pero la condición del corazón humano colorea esa luz al manifestarse.

Por eso, dos personas que reciben la misma bendición pueden generar resultados distintos.
Depende de la intención.

La intención (kavaná) es el punto más alto del libre albedrío

El Zóhar explica que:

otros seres obedecen a su naturaleza,

pero el ser humano puede transformar su naturaleza mediante la intención,

y elevar o degradar su energía interior.

Esto es lo que permite que dos personas enfrenten la misma situación con efectos completamente diferentes.

La Shejiná responde a la armonía humana

Cuando hay armonía entre las personas,
la presencia divina se amplifica.
Cuando hay discordia,
se retrae.

Por eso el Zóhar dice: La paz en lo bajo crea paz en lo alto.

Aunque el Talmud es más normativo y jurídico que el Zóhar, sus enseñanzas sobre el comportamiento humano son muy profundas.

 “Todo está en manos del Cielo, excepto el temor al Cielo”

Esta frase talmúdica es esencial:

Dios controla el mundo.

Tú controlas tu respuesta ante él.

Es la definición clásica del libre albedrío.

Las palabras crean ángeles

El Talmud enseña que cada palabra pronunciada crea un “mensajero” espiritual (malaj).

Palabras de bondad crean protectores.

Palabras de daño crean acusadores.

Esto coincide con la visión del Zóhar: lo que dices toma forma espiritual.

El que humilla al otro destruye mundos

En varias secciones, el Talmud explica que:

Hacer sentir vergüenza a otra persona se considera un pecado equivalente a derramar sangre.

La vergüenza “blanquea” el rostro porque quita la vida interior.

Esto enseña la enorme responsabilidad emocional que tenemos en cada interacción.

La paz vale más que el carisma, el talento o el conocimiento

El Talmud repite que:

la paz es el recipiente que contiene todas las bendiciones;

sin paz, todo lo demás se dispersa.

Y en relaciones humanas:

“El que busca la paz se convierte en compañero de Dios.”

 “El mundo se sostiene por el susurro de los niños y la compasión entre las personas”

El Talmud presenta una idea luminosa:

el mundo se sostiene por el estudio puro

y por la bondad entre seres humanos.

Es decir: la armonía humana no es solo deseable, es estructural.

La recompensa y la consecuencia nacen del acto mismo

No son castigos externos: las consecuencias espirituales se desprenden del mismo acto.

actuar con ira genera caos interno;

actuar con bondad genera equilibrio interno;

ambos estados, eventualmente, se manifiestan en lo externo.

El Zohar explica lo invisible.

Describe mecanismos espirituales.

Enseña que cada acto mueve energías en los mundos.

Ve al ser humano como un microcosmos del Nombre Divino.

El talmud explica lo visible.

Da pautas éticas, prácticas y relacionales.

Enseña que toda acción tiene una consecuencia directa.

Ve al ser humano como responsable de su mundo emocional y moral.

Ambos coinciden en que:

El libre albedrío es sagrado.

Las relaciones humanas tienen efectos cósmicos.

Las palabras son fuerzas.

El estado interno determina el mundo externo.

La armonía humana atrae la presencia divina.

Lo que hacemos a otros vuelve a nosotros de manera natural.

El ser humano participa en la creación a través de la intención.

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