
Mi Parashá – Génesis 8:20
Una vez en tierra firme, Noé construye un altar y ofrece sacrificios al Creador al salir del arca, siendo esta su primera acción tras el diluvio. Esto nos llama, como humanos, a tener siempre actos de agradecimiento y devoción. Es por ello que expresiones como “מִזְבֵּחַ” (Mizbeaj – “altar”) con un valor numérico de 57, “הַטְּהוֹרָה” (Hatahora – “limpio/puro”) con un valor de 620, y “עֹלֹת” (Olot – “holocaustos”) con un valor de 500, nos llevan a entender ese acto de construir un “מִזְבֵּחַ” (Mizbeaj) para tener un punto de conexión físico con Él.
Esta idea realmente nos habla de mantener un fundamento, una base sólida sobre la cual sostengamos nuestras relaciones con Él, entendiendo que estas son sagradas. Por ello, la palabra “הַטְּהוֹרָה” (Hatahora) nos invita a la idea de pureza y perfección, simbolizando que los sacrificios de Noé fueron ofrecidos con intenciones puras y con la totalidad de su devoción.
El acto de Noé de construir un altar y ofrecer sacrificios inmediatamente después del diluvio subraya, por ende, la importancia del agradecimiento y la devoción en momentos de renacimiento y renovación. Después de haber sido testigo de la purificación de la tierra, Noé reconoce la necesidad de conectarse con lo divino y de expresar su gratitud a través de un acto sagrado.
Dicho altar no es simplemente una estructura física, sino un símbolo de la pureza de intención y la sinceridad de la devoción de Noé para mantener esa conexión entre lo humano y lo divino, la cual es representada por el altar, un espacio esencial que actúa como un medio para elevar lo terrenal hacia lo sagrado.
Vale la pena entonces reflexionar sobre cómo y cuándo expresamos nuestra gratitud y devoción al Creador, especialmente después de haber superado desafíos significativos, en momentos de renovación, en los que es vital reconocer las fuerzas divinas que nos han guiado y ofrecerles gracias mediante un acto de alabanza a través de la oración, profundizando así en nuestra espiritualidad.
La pureza en nuestras intenciones y acciones nos llama a realizar todo con un corazón puro y un propósito claro, asegurándonos de que nuestras intenciones estén alineadas con lo divino. Esta gratitud, devoción y pureza nos inspira a construir “altares” en nuestras vidas, lugares o momentos simbólicos, quizás no físicos, en los que podamos expresar nuestra gratitud y conectar con lo sagrado, especialmente en tiempos de renovación y nuevos comienzos.



