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Mi Parashá – Génesis 22:4

La frase “Bayóm ha’shelishí” (בַּיּ֣וֹם הַשְּׁלִישִׁ֗י), que significa “al tercer día”, tiene un significado profundo para los creyentes, ya que no solo hace referencia al momento que estaba viviendo Abraham, sino también a lo que sucedería más adelante con la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Esto implica que cada nueva relectura de este pasaje nos invita a reflexionar sobre las enseñanzas que aporta el número tres, que representa equilibrio y síntesis.

En este contexto, la expresión “el tercer día” simboliza esa revelación, cuando algo importante se manifiesta. Nos invita a profundizar en la gematría de este número tres (שְּׁלִישִׁי), para entender que alude a las tres columnas del Árbol de la Vida: misericordia, juicio y equilibrio, lo que los creyentes traducimos como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El mismo versículo, al señalar que Abraham alzó los ojos, “Va’yisá Avrahám et-eináv” (וַיִּשָּׂ֤א אַבְרָהָם֙ אֶת־עֵינָ֔יו), reafirma este sentido de elevación espiritual en la cábala, ya que el acto de alzar los ojos representa el intento de conectarse con lo divino, trascender lo físico y ver más allá de lo material. Levantar los ojos al cielo, como metáfora, nos invita, al igual que Abraham, a desear permanentemente acercarnos al Creador, para lo cual necesitamos cumplir Su voluntad.

La expresión “y vio el lugar desde lejos” (וַיַּ֖רְא אֶת־הַמָּק֑וֹם מֵֽרָחֹֽק), con la palabra makóm (מָּק֑וֹם), que significa “lugar” y se entiende además como uno de los nombres místicos del Creador, nos sugiere que, como Abraham, debemos buscar tener una visión espiritual que denote la presencia divina.

En gematría, makóm tiene un valor de 186, el cual está relacionado con el concepto de “sabiduría” (חָכְמָה, chochmá), lo que sugiere que Abraham percibe no solo el lugar físico, sino también un entendimiento profundo de su propósito espiritual. Este versículo nos recuerda que el viaje espiritual tiene fases.

El “tercer día” es un punto crucial en el camino de Abraham, en el que, tras una preparación interna, logra tener una visión clara de su destino. Al “alzar los ojos”, Abraham no solo está mirando con los ojos físicos, sino también con los ojos del alma. Este acto de ver desde lejos refleja la conexión con lo trascendente, una anticipación espiritual del sacrificio que está por venir.

Desde la perspectiva de la gematría, podemos reflexionar sobre cómo las acciones de Abraham en este versículo no son solo físicas, sino profundamente espirituales. La visión que tiene del lugar implica una percepción de su propósito divino. En nuestras vidas, este versículo nos enseña a mirar más allá de las apariencias físicas y a buscar el propósito divino en nuestras acciones, comprendiendo que lo que parece lejano puede acercarnos espiritualmente.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre nuestra capacidad de “alzar los ojos” y percibir no solo lo material, sino también lo espiritual y lo divino en nuestras vidas. Nos enseña la importancia de la paciencia y de seguir caminando hacia nuestros objetivos espirituales, aunque parezcan estar “a lo lejos”. Nos recuerda que la verdadera revelación y claridad vienen después de la preparación y el esfuerzo.

Al profundizar en la gematría y la cábala, comprendemos que la vida es un viaje en el que debemos buscar la conexión con lo divino en cada paso que damos, aprendiendo a equilibrar nuestras experiencias terrenales con un entendimiento espiritual profundo.

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