
Mi Kabbala – Tamuz 25 – Lunes 21 de julio del 2025
¿Sesgos?
El Texto de Textos nos revela en Éxodo 31:18, “Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo del Creador”.
Los seres humanos, desconectados de nuestra fuente primaria de vida, adquirimos un tipo de lenguaje limitado, sesgado y finito que nos impide incluso comunicarnos plenamente con ese Creador del que nos separamos (מְפַלֵּג, mefaleg) producto de nuestra desobediencia. Probablemente por ello, con el paso del tiempo, las traducciones e interpretaciones de sus preceptos y mandatos son tan variadas como opuestas, logrando con ellas más y nuevas confusiones que convertimos desafortunadamente en mitos y hasta en ritos, sobre los cuales tejemos nuestras equivocadas creencias.
Al comprender mejor esos sesgos verbales, visionamos desde los nombres de algunos patriarcas y sus significados, que Moisés (Moshé) al provenir del verbo mashá (משה), nos indica “sacar” por ende que esa era Su Misión, tanto que incluso ese nombre fue dado al bebé por la hija del Faraón después de que ella misma lo sacara del Nilo, al rescatarle en señal de ese plan que nos propone a nosotros como creyentes la necesidad de ser sacados como ellos de la esclavitud del pecado, teniendo que salir de este desierto terrenal para volver a nuestra tierra prometida celestial.
Cada letra, cada palabra, cada nombre nos revela si así lo queremos interpretar esos mensajes divinos que tristemente obviamos al intentar adecuar la literalidad de algunos versículos más que a esos contextos, a nuestras sesgadas búsquedas obviando esos profundos significados del texto original, que desde el principio (bereshit), nos indica la importancia de mantener nuestra cabeza (rosh, ראש) enfocada en esa Luz celestial que nos otorga la Palabra, la cual gracias a esas chispas le da a nuestro entendimiento la posibilidad de interpretar con claridad esas manifestaciones divinas.
Todas las traducciones nos hablan de esa visión original, sin embargo, si nos permitimos profundizar aún más en ese idioma primigenio hebreo que sale de la boca y cabeza de nuestro Creador, podemos comprender con mayor fluidez y claridad que nuestra parte superior del cuerpo (בִּינָה, binah), asiento del intelecto, cual vasija, debe llenar ese vacío con la luz de la palabra del Creador, núcleo de nuestra identidad, razón de peso para que busquemos a diario el asimilar todo lo que el mismo Creados nos comunica y que convertimos en conocimientos, los mismos que nos otorgaran el reconocimiento como hijos de ese amoroso Padre celestial.
Al alejarnos de nuestras propias y sesgadas especulaciones como creyentes, gracias a una permanente relectura y la guía del Espíritu Santo podemos darle a esa constante actividad intelectual y Neuronal, la oportunidad de integrarse al fluir de la voluntad divina y así lograr la armonía interior necesaria para sabernos parte de esos mensajes de nuestro Creador, los mismos que nos incitan a amar a nuestros próximos como a nosotros mismos y lógicamente a Él por sobre todas las cosas, para así alejarnos de la esclavitud que hoy nos mantiene anclados al pecado (עָ֫בֶד, ebed).
El Texto de Textos nos revela en Santiago 2:8, “si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; 9 pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores”.
Oremos para que nuestra fe mueva montañas.



