
Mi Kabbala – Iyar 2, 5786 – Domingo 19 de abril del 2026
¿Nación?
El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 7:6, “Porque tú eres pueblo santo para el SEÑOR tu Dios; el SEÑOR tu Dios te ha escogido para ser pueblo suyo de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra”.
El mes de Iyar (octavo del año civil y el segundo del año eclesiástico en el calendario hebreo) es quizá uno de los más importantes para Israel como nación y aunque ello no coincide con nuestro calendario gregoriano (abril o mayo), si podemos asimilar ese llamado como nación (Goy, גוֹי): Israel a retornar a la tierra prometida, proceso que nos llama además a salir de la esclavitud de egipcio, de babilonia, de siria, siendo guiados como creyentes por nuestro salvador y Mesias, con la certeza que Él ya venció nuestro pecado y que por lo tanto, es nuestro único Rey y redentor.
Una vez Él reina, no tenemos diferencias de fondo, ni entre judíos o gentiles y menos entre razas, sabiéndonos todos hijos, hermanos, lo que implica que algunos seguirán teniendo la responsabilidad como tesoro especial de mantener históricamente la Palabra del Creador entre los demás, finiquitando nuestras idolatras paganas. Pueblo Judío que como primogénitos (bejor, בְּכוֹר) seguirán siendo el canal de bendición para todos como hermanos en la tierra, nutriéndonos finalmente del Árbol de la vida, siendo esa nuestra Fe como nos lo enseño Abrahán la garante de este retorno.
Una vez se cumplan los tiempos de la profecía, todas las naciones (goim), acudirán a Jerusalén para adorar al Señor en perfecta armonía, espacio territorial que algunos estudiosos ya no fijan en este planeta, ni en esta dimensión, sino que nos traslada a nuestro paraíso eterno. Pero mientras tanto como Moisés, debemos ser fieles en esta la casa terrenal del Creador, dando testimonio con nuestro servicio, sabiéndonos guiados por sus preceptos fruto de la iluminación del Espíritu Santo, quien nos denota que como hermanos (אָח, ach) debemos cohabitar fraternalmente.
La Torá como Palabra del Creador nos sirve de instrumento para liberarnos de la esclavitud del pecado, al predicar esos cimientos que nos reiteran que creamos y nos recreamos gracias a este insumo divino, el mismo que nos llama a amarnos, a agradarnos, a alabarle, alejándonos así de tantas absurdas rivalidades que como humanos han marcado nuestras tradiciones. Confrontaciones que nos han llevado a no percibirnos como parte de esta familia celestial. Insubordinación que nos genera un castigo, que como la lepra (צָרַע, tsará) nos llaman es, a usar mejor nuestra capacidad verbal.
Como Moisés entendamos que estamos obligados a bien decir de todo y de todos, asumiendo que nuestras expresiones nos incitan humildemente a obedecer, acogiéndonos a la voluntad de nuestro Creador, quien nos reitera que no somos enemigos, sino hermanos y que por no atenderle seguimos presos del pecado, razón de peso para que busquemos la sanidad y la paz de todas las naciones, la cual debe comenzar siempre en nuestros corazones (לֵב, leb) o de lo contrario, incluso nuestras propias familias seguirán siendo víctimas de los frutos de nuestra desobediencia.
El Texto de Textos nos revela en Romanos 11:24, “Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?”
Oremos por Israel y por todas las naciones para que nos hermanemos.



