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Mi Kabbala – Sivan 17, 5786 – Martes 2 de junio del 2026.

¿Corazón?

El Texto de Textos nos revela en Jeremías 10:10, “Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino los pensamientos, para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras”.

En hebreo la palabra corazón es lev (לב), que se escribe con las letras: lamed y bet, las cuales se leen como dos lamed (ל), debido a que la letra bet, segunda letra del alfabeto, equivale numéricamente a la cifra: dos, que se conectada gráficamente al verse cara a cara. Si es como ver la segunda lamed volteada. Se cree que este signo se enfrenta para formar la imagen de ese Corazón, que es diferente al que históricamente nos enseñan, ya que parece más una vasija, revelándonos así que nuestro ser debe recibir de esa Luz del Creador reorientándose hacia el cielo: hacia el Padre.

El corazón es el órgano a través del cual podemos ascender, quebrando nuestras fronteras físicas. Denotándonos ese nuestro potencial espiritual, el cual nos hace conscientes de nuestra esencia. Por ello lamed (ל) como signo lingüístico, nos propone que aprendamos para que luego enseñemos a nuestras nuevas generaciones de ese concepto que se entrelaza gracias a nuestra dimensión divina, para la cual todo se interrelaciona. Llamado a convertirnos en receptores, gracias a nuestros sentimientos los cuales se deben trasformar al recibir de esa Su luz, la misma que debemos irradiar; dar (נְתַן, nethan).

Lamed, al quebrarse en otras tres letras desde su parte superior, como una yod (י), la más pequeña de las letras hebreas y que representa la cabeza, nos invita igualmente a amar desde la mente: intelecto, que afecta a la vez nuestro ser. Por lo que la búsqueda es la de ser honorables (yashar-lev), sinceros, para que lev (va-lev) llene nuestras vivencias de esa fraternidad y servicio que deben iluminar nuestros entornos hasta unirnos al Creador. Doble corazón que nos llena de valentía (amitz-lev), para lograr superar todas esas obstinaciones (kashe-lev) egocéntricas que nos dominan y llenan de arrogancia (gevah-lev). Dureza de corazón que eleva nuestro ego y nos aleja espiritualmente.

La Biblia como manual de vida y guía para nuestras diarias interrelaciones, nos motiva constantemente a mantener nuestro corazón dispuesto, gracias a ese fluir que como vinculo perfecto nos presenta un modelo interrelacional que tiene como ejemplo, el corazón del Rey David (דָּוִיד), quien nos enseña de la importancia de mantener nuestra confianza plena en Él, tanto, que podamos enfrentar a esos Goliat, aparentemente poderosos, seres que solo están allí para que no dudemos, para que aun cometiendo errores nos mantengamos firmes en nuestra fe: abiertos, atendiendo todas esas señales de vida que a través de SU palabra se nos dan, para que podamos aferrarnos a Su palabra.

Desde esa mirada, Elul gracias a alef (א), es otra letra que trazada a través de lamed, nos llama a reconectarnos con Su obra: vav, manteniéndonos en esa perspectiva de atender los latidos de nuestro corazón, el cual nos habla de un verdadero amor: el del Creador. El mismo que implica una totalidad de conexión, símbolo del por qué fuimos creados, pero a la vez de qué es lo que debemos lograr, siendo ese fluir, el mecanismo perfecto para mantenernos vinculados con la divinidad, ya que en nuestro ADN se plasman las enseñas que al final encajan con el principio rector de todo: vincularnos al Creador.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 6:21, “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Oremos para lograr un corazón conforme a los mandatos del Creador.

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