
Mi Kabbala – Sivan 19, 5786 – Jueves 4 de junio del 2026.
¿Oracción?
El Texto de Textos nos revela en I de Reyes 8:30, “Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona”.
La mejor forma de acercarnos y comunicarnos con el Creador es a través del canal que Él mismo dispuso para ello: la oración. Y aunque contamos con insumos como el Padre Nuestro, dado por nuestro Señor Jesucristo para guiar nuestras diarias reflexiones, también tenemos en los Salmos, fuentes especiales de encuentro para que con sus himnos y cantos de alabanza tengamos una guía, en pro de estar cada vez más cerca del Creador y así poder gracias a esas plegarias que deberíamos ser más agradecidos (תּוֹדָה, todah).
Los salmos como cantos y alabanzas contienen experiencias humanas y por ello sus letras (shir) presentan una especie de pasos (HaMa’alot, שִׁיר הַמַּעֲלוֹת) que nos sirven de referencia para elevarnos por esa escalera que conduce desde el patio de este mundo, hasta el santuario más sagrado del Templo, en el cielo. Corazón que nos permite ese reencuentro con el Creador a través del Espíritu Santo, quien alinea nuestro templo corporal con esa armonía sagrada que lleva nuestros sacrificios y ofrendas hacia Él, los cuales nos posibilitan como hijos, el limpiarnos de nuestros errores y pecados.
Los salmos nos ayudan a redirigirnos hacia arriba y nos invitan a percibirnos como peregrinos en este viaje por la tierra, el mismo que nos denota que a medida que nos acerquemos más al Creador, hacia la ciudad de Jerusalén celestial, debemos irnos alegrando convirtiendo ello en alabanza, esperanza de nuestra victoria final. Es por ello, que la Biblia a través de este libro de alabanza nos ejemplariza a través de seres como Ana (חנה, Jana), madre del profeta Samuel, quien con sus emotivas oraciones nos aporta para atender la guía de nuestro Padre Celestial.
Ella por años, se sintió avergonzada porque era incapaz de concebir hijos, enseñándonos con su paciencia a confiar en Él. Incluso por ello, al quedar embarazada exclamó llena de alegría: “mi corazón se regocija en ti, Señor, Tú levantas del polvo al pobre”. Contexto que en hebreo, hitpalel (התפלל), que nos habla desde la raíz PLL (פלל), que significa juzgar, pero que a través de las otras letras contiene el prefijo reflexivo hit, llamado a: “hacer algo hacia uno mismo” o sea, que la alabanza y oración siempre deben empezar por observar nuestros estados internos, para con ellos evaluar sinceramente nuestras reflexiones y así cada uno sea en última instancia, su propio juez y por ende, quien corrije lo que no viene haciendo conforme a esos propósitos divinos.
Ejemplos y conceptos que nos reiteran que solo después de estar uno mismo bien y en paz con el Creador, es que puede comenzar a elevar peticiones. Por ello la oración de Ana y sus efectos trascendentales. No obviemos entonces que cuando el mismo Salomón (שְׁלֹמֹה) terminó de construir el Templo, oró al Padre amoroso para agradecerle. Y que también Jonás cuando estuvo en el vientre del gran pez, oró al Creador por su liberación arrepintiéndose de sus actos, lo cual nos incita no solo a orar como creyentes sino a reconocer nuestros errores y pecados, alabándole permanentemente por todo y por todos sus favores, teniendo como referencia los Salmos.
El Texto de Textos nos revela en Santiago 5:16, “la oración del justo es poderosa y eficaz”.
Oremos y alabemos permanentemente a nuestro Creador con los Salmos.



