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Mi Kabbala – Av 29, 5785 – Sábado 23 de agosto del 2025

¿Preguntas?

El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 34:16, “Buscaré la perdida, haré volver la descarriada, vendaré la perniquebrada y fortaleceré la enferma; pero destruiré la engordada y la fuerte. Las apacentaré con justicia”.

La Biblia está llena de reflexiones para nuestro crecimiento, seguramente por ello, al leerla y estudiarla, debemos evitar esas interpretaciones sesgadas que solo nos llenan equivocadamente de especulaciones, especialmente cuando no contamos con la guía del Espíritu Santo, quien puede ayudarnos a aclarar esas revelaciones que nos entregan los  versículos cuando nos conectamos con Él a través de la oración para entender mejor sus promesas (הבטחה, havatá), las mismas que poco tienen que ver con lo terrenal y mucho con lo celestial, lo que significa el cuestionarle menos para confiar más.

A diario nos nacen expectativas que aunque Él tiene en cuenta, regularmente no concuerdan con su plan generándonos tan solo alejamiento y dudas, cuestionamientos al respecto del mismo Creador quien a diario nos provee a través de Su Palabra, la misma que con sabios mensajes nos evitan el caer en tentaciones como le sucedió a nuestros antepasados al consumir los frutos del árbol del conocimiento del bien y del mal, el mismo que solo genera desconfianza y vergüenza, cuando debemos es dejar de escondernos de Él (להתחבא, lehitjabé) para ser guiados por Su amor.

Al releer aquel versículo donde se nos recuerda el pecado original, podemos detallar que el Creador los encuentra y aunque se enfada, no los castiga, sino que les cuestiona dónde se encontraban (וַיִּקְרָא יְהוָה אֱלֹהִים אֶל-הָאָדָם וַיֹּאמֶר לוֹ אַיֶּכָּה, “Vayikra Adonai Elohim el ha-Adam vayomerlo ayeka”), contexto que, para los estudiosos de la Palabra desde el hebreo original, nos invita a poner el énfasis de la lectura en la palabra final del versículo (ayeka, אַיֶּכָּה), que se traduce para algunos como: “¿Dónde estás?”, visión que significa para algunos traductores mucho más que eso, ya que es la forma gentil en que el Creador inicia esa conversación difícil preguntando dulcemente: “¿Qué te ha pasado?”

Desde entonces, se cree que nos cuestionamos respecto a dónde estamos en relación con el Creador. Bajo ese concepto, podemos asumir que, aunque la relación con Él se quebró como fruto de aquel pecado original, nosotros tenemos la oportunidad, desde lo individual, de restaurarla como humanidad con Él, siendo la oración un insumo fundamental para ello. De allí la importancia de no seguir escondidos ante el Creador, y menos sentirnos avergonzados por nuestros errores, ya que Él nos conoce y, gracias a Su amor, reconoce que sin Él los pecados sobreabundan en nosotros (להיות בשפע, lehiyot be’shéfa).

Aunque tengamos preguntas que hacerle al Creador, vale la pena que nos cuestionemos a diario primero nosotros mismos respecto a si estamos viviendo conforme a su Palabra, alimentándonos del Árbol de la Vida: nuestro Señor Jesucristo, o si por el contrario, aún seguimos contaminándonos con los frutos del conocimiento del bien y del mal, bajo la excusa de que la serpiente nos tentó. Si así seguimos comportándonos, solo podemos sentir vergüenza (בושה, busha) ante Él, manteniéndonos escondidos de su presencia.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 3:12, “Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Creador vivo.

Oremos para que nuestro entendimiento este abierto a las revelaciones divinas.

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