
Mi Parashá – Génesis 14:22
La respuesta de Abram al rey de Sodoma, quien le había ofrecido quedarse con los bienes materiales a cambio de las personas, revela el profundo compromiso que debemos tener con lo divino y el rechazo a las riquezas que no están alineadas con sus principios espirituales. Por ello, el concepto de alzar la mano (הֲרִימֹ֙תִי יָדִ֔י, harimoti yadi), harimoti (הֲרִימֹ֙תִי), con un valor de 661, hacia el cielo es un gesto simbólico de juramento y conexión con lo divino.
Al hacerlo, Abram está declarando su completa dependencia y lealtad a YHWH, el Dios Altísimo (El Elyon). Este gesto también simboliza que Abram ha renunciado a la oferta material del rey de Sodoma, eligiendo mantenerse fiel a lo espiritual por encima de lo material. Al invocar ambos nombres divinos, YHWH (el Tetragrámaton) y El Elyon (Dios Altísimo), Abram está declarando la unidad de Dios como creador y sustentador del universo.
Usar el nombre sagrado YHWH, que representa el aspecto de Dios involucrado en el mundo y su creación, nos recuerda que Él, como El Elyon, nos convoca a través de ese aspecto trascendente y supremo. Abram reconoce que su éxito no proviene de la acumulación de bienes materiales, sino de su conexión con esta fuente divina.
Él, como creador de cielos y tierra (קֹנֵ֖ה שָׁמַ֥יִם וָאָֽרֶץ, koneh shamayim va’aretz), es soberano sobre todo lo que existe, tanto lo espiritual (los cielos) como lo material (la tierra). Así, como los cielos simbolizan los aspectos superiores del alma y la espiritualidad, la tierra nos recuerda lo físico y lo material, reafirmando que debemos depositar toda nuestra confianza en el Creador, no en las riquezas materiales que el rey de Sodoma puede ofrecer.
El valor numérico de harimoti (661) sugiere una acción poderosa y de gran significado espiritual. El valor de YHWH (26) es conocido como un número sagrado en la gematría, ya que está directamente asociado con el Tetragrámaton, el nombre más santo del Creador. Elyon (181) refuerza la idea de la trascendencia divina, mientras que la combinación de shamayim y aretz simboliza la unión entre lo espiritual y lo material bajo la autoridad de Dios.
Este versículo muestra la decisión de Abram de rechazar la oferta del rey de Sodoma y su firme compromiso con el Creador, el creador de los cielos y la tierra. La elección de Abram de alzar su mano hacia lo divino en lugar de aceptar las riquezas materiales refleja una profunda lección espiritual: el verdadero éxito no proviene de la acumulación de bienes materiales, sino de la fidelidad y la conexión con la fuente divina.
En nuestras vidas, este versículo nos invita a reflexionar sobre las tentaciones materiales que enfrentamos y cómo podemos, al igual que Abram, elegir mantenernos fieles a nuestros principios espirituales y a nuestra relación con lo divino, reconociendo que todo lo que realmente necesitamos proviene de la fuente creadora. Así, nuestras decisiones deben enfocarse en mantener nuestra conexión espiritual por encima de las tentaciones materiales.



