
Temas Majestuosos – Episodio CLXV – Rompiendo el coco
“Aprendiendo de la suerte…”
EL COQUERO
Reconozco que en mis años de infancia muy un poco más inquieto que la mayoria de niños de mi edad… y no era solo cuestión de indisciplina o por llamar la atencion o algun tipo de sindrome de hiperactividad no diagnosticado de esos muchos que ahora aparecen en el listado de patologías de los siquiatras … sino que y así lo creo todo se debe a que tengo una mente compleja, algunos dirían muy creativa, lo que no creo, una mentalidad inquieta a la que aun hoy le cuesta mantener la atención, especialmente en aquellos temas que no capturan la atención… bien me dijo un pastor un día que ese era el taller del diablo… y vaya si este personaje trabaja en mis lóbulos cerebrales… aunque no le quiero culpar a él ni a nadie más que a mí, por dejar que ciertos pensamientos proliferen sobre otros… en el fondo soy yo el que los patrocino y hago muy poco para intentar coordinar estos hacia otro tipo de ejercicios… seguramente por ello al recordar esos días de pilatunas… no puedo dejar de sacar de mi imaginación la entrada de aquel colegio en donde me enjaulaban todas las tardes cuando aparentemente me encontraba en mis mejores años de infancia y pre adolescencia… probablemente por ello mi único escape mental era el encontrarme con el coquero… no el que se pueden estar imaginando algunos de esos más mal pensados que yo… sino con un vendedor de coco… producto originario de las costas pero que el nos ofrecía en la fría capital… cocos de diversas variedades y preparaciones que el ubicaba en la parte de atrás de su bicicleta en un pequeño cajón y que se convirtió por mucho tiempo en la mejor forma de disiparme… y no era que me gustara de a mucho el coco como sí apostar con aquel vendedor… era algo así como un inicio de una ludopatía que me llevaba a colocarle a la suerte el único recurso que tenía para pagar el transporte que me retornaría a la casa…. Y es que no puedo negar que lo que más disfrutaba era la adrenalina que consumíamos ambos mientras la moneda giraba por los aires… aun recuerdo con agrado esa su cara de perdedor, humillado porque un culicagado le quitara parte de las ganancias de dicho día… realmente se ofendía al perder…. Mientras yo en un acto de presunción invitaba hasta a quienes no eran mis amigos a degustar de unos buenos pedazos de coco… eso sí cuando yo perdía debía colarme por la puerta de atrás del bus público para retornar hacia mi casa … lo cual incluso hacia regularmente así tuviera e dinero… era cuestión de mantener la imagen de niño rebelde…. Mas cuando las cosas se complicaban con algún conductor o un usuario de esos sapos que no faltan… tocaba hacer cara de niño bueno y pedirle al conductor aceptara la promoción de dos pasajeros por uno… dinero que no se registraría y seria para él… mientras mi hermano al que le parecian no solo extraños sino molestos mis comportamientos, se hacia el que no me conocía… hoy no puedo dejar de pensar si aquellas cosas las hacia porque queria sentirme el mas vivo, el mas inteligente o simplemente porque como decian algunos profesores yo era cansón e indisciplinado porque sí… esa era mi personalidad … lo único que si puedo reconocer es que fue mucho el coco que comi y muchas las veces que agradecí a aquel personaje y a la monedita por alimentar hasta mis inquietudes…



