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Mi Kabbala – Elul 6, 5785 – Sábado 30 de agosto del 2025

¿Destellos?

El Texto de Textos nos revela en Jeremías 9:5, “cada uno engaña a su prójimo, y no habla la verdad, han enseñado sus lenguas a hablar mentiras; se afanan por cometer iniquidad.”

Se cree que la Biblia Septuaginta fue el texto más utilizado por las comunidades judías de todo el mundo antiguo, fuera de Judea. Posteriormente, la Iglesia cristiana primitiva de habla y cultura griega clasificó este texto, dándole un orden y unos nombres especiales hasta llegar a los libros del Antiguo Testamento, fundamento de nuestro actual Texto de Textos que cuenta con diversas traducciones algunas de las cuales han sido criticadas como inexactas aunque todas mantienen su esencia, la cual esta basada en el estudio de esas letras originales nacidas de la misma voz del Creador en hebreo (אָלֶף־בֵּית עִבְרִי)‎.

Signos lingüísticos que se consideran chispas de luz divina y que con sus destellos mueven el universo a través de la vibración de Su Palabra, la cual se nos manifiesta y revela (חֲזֹת, chazoth) mediante nuestro propio lenguaje, el mismo que nos permite interpretaciones y traducciones bíblicas, que, ya sea desde la versión alejandrina, la Septuaginta, el canon griego o los concilios posteriores, han proporcionado una identidad en cuanto a los mensajes traducidos por cientos de seres, como Jerónimo, quien, por encargo del papa Dámaso I, llevó estos textos a nuestras lenguas latinas.

Son traducciones que, más allá de generar debates sobre el número de libros aceptados, nos presentan en la Torá, en el Tanaj, en los deuterocanónicos o incluso en las Biblias evangélicas; a nuestro Redentor, quien se humanó para traducirnos con su propia vida lo que a través de ese canon hebreo, con sus treinta y nueve libros del Tanaj (תַּנַךְ, tanakh), compuesto por la Ley, la enseñanza, el Pentateuco, los primeros cinco libros escritos por Moisés, Nevi’im (los Profetas) y Ketuvim (los Escritos), no logramos comprender plenamente, ya que algunos ni siquiera quieren leer ese mensaje salvador.

Los evangelios apócrifos o extracanónicos, escritos surgidos en los primeros siglos del cristianismo en torno a la figura de Jesús de Nazaret, no fueron incluidos ni aceptados en el canon del Tanaj judío hebreo-arameo, ni en la Biblia israelita Septuaginta griega. Algunos textos, como los conocidos genéricamente como Vetus Latina, también fueron traducidos por figuras como Casiodoro de Reina (la Biblia del Oso) o Cipriano de Valera (la Biblia del Cántaro), que contenían todos los libros incluidos en la Biblia Vulgata Latina de San Jerónimo, lo que solo nos reconfirma como creyentes la necesidad de Espíritu Santo para alejarnos de creencias sesgadas que nos impiden reconocer la guía del Creador (יֶדַע, yeda).

La Biblia, como Palabra del Creador, escrita en hebreo y con algunas pequeñas partes en arameo, nos presenta como énfasis a nuestro Mesías. Todos los textos expresan algo de Él, ya sea desde los cinco primeros libros de la Torá, los 39 adicionales (que para algunos son 46 del Antiguo Testamento) o los 27 del Nuevo. En todos esos versículos, se revela un mensaje y mandato claro: amar (אַהֲבָה, ahabah) a nuestros prójimos como a nosotros mismos y al Creador por sobre todas las cosas, visión sinóptica que es la tarea a seguir.

El Texto de Textos nos revela en II de Pedro 1:19, “tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; 20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres del Creador hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.

Oremos para que entendamos que toda la escritura es inspirada por el Creador.

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