
Mi Kabbala – Iyar 26, 5786 – Miercoles 13 de Mayo del 2026.
¿Escrituras?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 28:13, “Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia”.
Cuando en la Biblia se nos habla de Israel o de Jerusalén (יְרוּשָׁלַיִם) no deberíamos visionar solo un lugar físico sino esa nueva Jerusalén celestial de la cual no logramos hacer una descripción simbólica, pero si un imaginario que nos debe motivar como creyentes ya no a percibirnos en este mundo alejado, sino a Su lado, como novia o esposa del Cordero: su iglesia. Escenario en donde nosotros nos reuniremos e integremos a Él en ese cielo nuevo, eterno, en donde estaremos pronto y del cual hoy los ángeles vigilan sus puertas, las cuales se afirma, tienen forma de cubo para denotarnos que ya estamos allí al ser discípulos.
Conceptos que parecen complejos de comprender, tanto o más cuando como pueblo seguimos aferrados a objetos, a lugares, a una tierra física que difiere de la prometida que se describe con limites en las Sagradas Escrituras, pero quizá solo para que expandamos esa fronteras mentales y en vez de seguir peleando por dicha ilusión material, salgamos de esa esclavitud del pecado y le busquemos a Él quien nos llama a retornar a Su Canaán a través de un proceso trasformador interior, que para todos los creyentes implica buscar ese nuestro Edén (גַּן־עֵדֶן) celestial, la nueva Jerusalén en nuestro corazón.
Israel (ישׂראל, Yisra’el) es ese pueblo que lucha con el Creador para superar el pecado y por ende, atender ese llamado no solo tiene que ver con poseer un territorio del cual históricamente se les ha sacado, en pro de denotarnos que no se trata de habitar en este mundo confiadamente, sino de preservar Sus mandatos para acercarnos cada vez más a Él, lo que implica que al conmemorar en el Monte Herzl, en Jerusalén, los creyentes deberíamos como el patriarca Jacob, batallar con el ángel camino de Betel, para lograr adueñarnos de sus promesas divinas gracias a un pacto y subir hacia el cielo nuevo.
Perspectiva que leída más allá de esa diáspora judía en donde ellos deben retornar de todo el mundo hacia su tierra prometida, nos llama a todos a ver más allá de Jerusalén como capital de Israel, a ese nuestro templo ( הֵיכַל, hekal) corporal, superando ese verdadero conflicto entre hermanos y aceptando Su promesa, esa que nos denota incluso que la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo a la tierra, ya no será para llamar con su misericordia, sino para juzgar a todos los que no quisieron aceptarle voluntariamente.
Las mismas piedras de la actual ciudad sirven de fundamento para escalar hacia la Nueva Jerusalén, ya que allí se nos edificó a través de los apóstoles la posibilidad de cogobernar nuestro ser, proceso de llamado a todos los seres vivos para el reinado de nuestro Señor Jesucristo, en donde sus bendiciones cumplirán la promesa a Jacob y no necesitaremos de batallar para alejarnos del pecado, sino que construiremos con esas piedras fundamentales esa relación fraternal, olvidando así la disputa que como tribus (שבט) y hermanos hemos seguido proliferando al no reconocernos como sus hijos.
El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 21:22, “No vi ningún templo en la ciudad, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo. 23 La ciudad no necesita ni sol ni luna que la alumbren, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. 24 Las naciones caminarán a la luz de la ciudad, y los reyes de la tierra le entregarán sus espléndidas riquezas. 25 Sus puertas estarán abiertas todo el día, pues allí no habrá noche. 26 Y llevarán a ella todas las riquezas[f] y el honor de las naciones.
Oremos para que el reinado del Mesías llegue ya.



