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Mi Kabbala – Elul 19, 5785 – Viernes 12 de septiembre del 2025

¿Yugo?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 10:27, “Y sucederá en aquel día que la carga de Asiria será quitada de tus hombros y su yugo de tu cerviz, y el yugo será quebrado”.

El concepto de “yugo” nos lleva a suponer una carga, una que desafortunadamente muy pocos quieren llevar. Esto se debe quizás a que interpretamos algunos términos de manera sesgada y opuesta al modelo de pensamiento divino, alejándonos de percibir las analogías que, incluso a través de letras como Alef (א), nos hablan del buey y su fuerza, términos que llevan implícito esa visión suprema de liderazgo, la misma que probablemente le otorga a los signos lingüísticos hebreos un valor pictográfico y en este caso a Alef, el énfasis para describir dicho yugo (עֹל, ‘ol), no como una carga en sentido negativo.

La tradición judía ortodoxa afirma que las letras del alfabeto poseen un valor especial que trasciende el significado convencional, proyectándonos hacia un vínculo con lo divino. La Cábala o mística judía, es el área de estudio encargada de profundizar en el significado de cada signo lingüístico, atribuyendo números a las letras para que, a través de combinaciones y sumas, se puedan traducir los mensajes divinos desde una nueva perspectiva. Cada palabra y letra, como Alef, cuyo valor gemátrico es uno, nos sugiere la idea de lo eterno y nuestra aceptación de esa voluntad divina (נֶצַח, Netzaj): נ (Nun) = 50, צ (Tzadi) = 90, ח (Jet) = 8, (50 + 90 + 8 = 148).

Analogías que nos enseñan que, al igual que el buey, simbolizado por esta letra y que está sujeto a un yugo, es decir, a la voluntad de su amo (אָדוֹן, Adón) para arar la tierra, nosotros, como hijos, debemos comportarnos obedientemente, aceptando el liderazgo divino. Y así como el buey viejo, enseñar a los más jóvenes de esa guía, evitando que se desvíen de los límites, acelere o desacelere del trayecto, perspectiva que nos indica también que no solo debemos seguir la voluntad de nuestro Creador, sino aprender a Su lado.

Todo nos alecciona, aunque a veces prefiramos no recibir lecciones. Lógica que nos llama a aceptar el dominio y la voluntad divina, sometiéndonos a ella, comprometiéndonos con esas leyes espirituales, responsabilidad y esfuerzo consciente que nos eleva gracias a cumplir con esos mandatos divinos, los mismos que nos reconectan a Él a través de esta Su obra, de allí que nos llame a ese equilibrio entre fuerzas, que pareciendo opuestas como el juicio (Guevurá) o la misericordia (Jesed), se alinean cuando cohabitamos como partes integrales de un todo en esta nuestra casa (bet, ב) común.

La tarea diaria de atender Sus revelaciones nos llama igualmente a decodificar cada uno de estos signos lingüísticos, logrando interiorizar sus mensajes para vivir conforme a Su sabiduría y no a nuestros propios conocimientos. Debemos entender que su Palabra está inscrita en nuestra conciencia y que a través de la oración y la guía del Espíritu Santo, podemos aclarar nuestro entendimiento, iluminando nuestras mentes con Su Haz de Luz. De este modo, discernimos mejor al sabernos nutridos de Él en esas búsquedas diarias que nos permiten como mayordomos de Su obra, asumir ese yugo para darle a nuestras dudas y egoísmos una verdadera orientación (hajvaná, הַכוָּנָה).

El Texto de Textos nos revela en Mateo 11:29, “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”.

Oremos para asumir con alegría el yugo que significa que Él nos lidere y guie.

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