
Mi Parashà – Gènesis 14:1
Las historias de la Biblia nos recuerdan los comportamientos humanos que resultan de alejarnos de su guía. Es por ello que este versículo nos presenta el inicio de verdaderos conflictos entre varias ciudades y los reyes que las gobiernan. Esta perspectiva nos lleva más adelante a la intervención de Abram, quien debe librar una batalla no solo física, sino espiritual, para salvar a su sobrino Lot.
El hecho de que varios reyes estén involucrados en una guerra puede verse como una representación de la lucha entre diferentes fuerzas espirituales y materiales. Quizá por eso el nombre Amrafel (אַמְרָפֶ֣ל), que al descomponerse en la raíz hebrea אמר (amar, “hablar” o “decir”) y la palabra פל (pel, “caída” o “juicio”), simboliza esa caída o juicio que llega por medio de la palabra o el decreto de un líder. Esto es una advertencia para entender que el lenguaje y las palabras son poderosas armas o herramientas, siendo Amrafel el rey que impuso su voluntad a través de sus palabras y decisiones, pero que eventualmente encontró su “caída” o juicio.
Estos nombres, אַמְרָפֶל (Amrafel), valor 371, אַרְיוֹךְ (Aryokh), valor 331, כְּדָרְלָעֹ֙מֶר (Kedarla’omer), valor 355, y תִּדְעָ֖ל (Tidal), valor 513, nos revelan las fuerzas en juego, ya que cada uno representa una energía distinta en este conflicto. Esto sugiere que estas fuerzas no son aleatorias, sino que están relacionadas con principios espirituales que necesitan ser equilibrados o resueltos.
Amrafel (אַמְרַפֶּל), rey de Sinar (Babilonia).
אמן (Amen) — palabra que significa “así sea”, “verdad”, relacionada con la firmeza espiritual.
רפא (Refa) — raíz relacionada con “sanar” o “curar”.
אל (El) — Dios.
Combinando, Amrafel podría interpretarse como: “El Dios que confirma la sanación” o “la firmeza (Amn) del Dios sanador (Refa-El).”
Gematría: א (1) + מ (40) + ר (200) + פ (80) + ל (30) = 351, puede relacionarse con palabras como:אמת (Emet) = 441 (verdad) — cercano, mostrando una conexión con la verdad espiritual. ספר (Sefer) = 360 (libro) — similar en valor, podría indicar “el libro” o la sabiduría.
Arioc (אַרְיוֹק) Rey de Elasar.
ארי (Ari) — significa “león”, símbolo de fuerza y realeza.
יוק (Yok) — podría relacionarse con “exaltación” o “majestad”.
Así, Arioc puede entenderse como: “León exaltado” o “fuerza majestuosa”.
Gematría: א (1) + ר (200) + י (10) + ו (6) + ק (100) = 317, en gematría no es muy común, pero se puede descomponer o vincular a conceptos de poder y protección.
Kedorlaomer (כְּדֶרְלָעֹמֶר) Rey de Elam.
כְּדר (Kedar) — nombre de una tribu nómada relacionada con el desierto, simbolizando realeza nómada.
לעמר (Laomer) — podría traducirse como “piedra de la multitud” o “piedra del pueblo”.
Interpretación combinada: “El poder firme de la multitud” o “piedra de la realeza nómada”.
Gematría: כ (20) + ד (4) + ר (200) + ל (30) + ע (70) + מ (40) + ר (200) = 564. Este número no es muy común en palabras clave, pero la suma de las partes refleja una combinación de fuerza, multitud y permanencia.
Tidal (תִּדְעָל) Rey de Goyim (naciones).
תד (Ted) — raíz relacionada con conocimiento o habilidad.
על (Al) — puede significar “sobre” o “sobre el”.
Podría interpretarse como: “Aquel que tiene conocimiento sobre (las naciones)” o “maestro supremo de las naciones”.
Gematría: ת (400) + ד (4) + ע (70) + ל (30) = 504, número que puede dividirse o asociarse con conceptos de liderazgo y conocimiento en textos cabalísticos.
Estos nombres reflejan aspectos simbólicos de fuerzas espirituales o arquetipos en el mundo material y espiritual:
Amrafel: poder sanador y verdad divina.
Arioc: fuerza real, valor y majestad.
Kedorlaomer: liderazgo firme, fundamento de poder colectivo.
Tidal: dominio, conocimiento y autoridad sobre las naciones.
En la Cábala, los reyes representan fuerzas y energías que influencian el orden del mundo, y su lucha contra Abraham simboliza la confrontación entre la luz espiritual y las fuerzas materiales o egoístas.
Esta narrativa de conflicto y tensión nos gobierna no solo físicamente, sino también a nivel espiritual, y hace que nuestras luchas internas estén sometidas a estas fuerzas opuestas. Así como el cosmos, nuestra alma requiere del equilibrio divino, o de lo contrario, estas fuerzas o energías generan una especie de competencia, tal como ocurre en nuestras sociedades cuando enfrentamos decisiones o desafíos externos.
La intervención de Abram, más adelante, refleja el papel del individuo espiritual como mediador entre estas fuerzas, lo cual nos invita a reflexionar sobre nuestras propias luchas internas y cómo necesitamos una figura o energía que actúe como mediador para resolver los conflictos entre nuestras inclinaciones espirituales y materiales.



