
Mi Kabbala – Tishrei 12, 5786 – sábado 4 de octubre del 2025.
¿Alma?
El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 4:29, “si desde allí buscas al Señor tu Creador con todo tu corazón y con toda tu alma, lo encontrarás”.
Coexistimos dentro de dimensiones físicas, mentales y espirituales que se complementan y a las cuales debemos integrarnos, haciéndonos conscientes de ese proceso de perfeccionamiento que enaltece nuestra alma que, como esencia divina nos fue otorgada por el mismo Creador, quien la alimenta con Su hálito de vida, reconectándola con Su propio Espíritu, sin embargo, producto del pecado, hoy estamos esclavizados por las alucinaciones de nuestra mente, lo que implica que nuestra esencia (néfesh, נפש) se articule con el viento (ru’ach, רוח) para dale a nuestra alma (neshamá, נשמה) esas vivencias (chayah, חיה) en donde nos reconozcamos (yechidah, יחידה) como sus hijos.
El alma se nutre de ese principio vital (néfesh) y gracias a ese hálito de vida celestial(rúaj, רוח) como esencia (neshamá) existe, lo que nos llama a un ascenso armónico hacia Èl en pro de alejarnos de esta realidad ilusoria que domina nuestras interacciones, lo que implica tener una mayor conciencia gracias a que estamos iluminando nuestro entendimiento con Su Palabra, abriendo ese acceso espiritual a esa otra dimensión a la que pertenecemos pero de la que nos aislamos para vivenciar a través de imaginarios este ciclo de vida terrenal que reinterpretamos gracias a nuestras propias interrelaciones caóticas.
Las cinco dimensiones proyectadas por su Luz (Ohr, אור) de acuerdo con las sefirot, nos orientan hacia ese quinto mundo: Adam Qadmon, el primordial, en el cual alcanzamos nuestra trascendencia, de allí la importancia de alimentarnos de esa Luz divina (Mimalei Kol Olmin, עולמות) la cual llena nuestro vacío existencial producido por este nivel físico (Assiyah, עשיה) dentro de un universo infinito que nos muestra lo alejados que estamos de Él, razón de peso para que nos sumemos a ese encadenamiento progresivo celestial que nos lleva de lo oculto y misterioso a un acercamiento voluntario al Ein Sof.
Lo material y biológico, caído, también forma parte de ese Todo, dentro de esta dimensión de la acción y la ilusión (Assiyah, עֲשִׂיָּה) la cual nos confunde a través de imaginarios disfrazados de deseos fragmentados y egoístas, siendo necesario comprender conscientemente esa Unidad integradora que nos permite superar la muerte para nacer a la verdadera vida: la eterna, trascendencia que nos articula con esas otras dimensiones gracias a un crecimiento integral y voluntario, donde el lenguaje, limitado y finito actual, tiene un papel preponderante en pro de alinearse con Èl, logrando el reintegrarnos a través de esta Su obra, reconociendo así Su emanación (Atzilut).
Elías (אֵלִיָּהו, ēliyahū), como profeta, nos indica que aunque el pecado habita en nosotros en esta dimensión corporal caída y nuestra mente nos mantiene encadenados al mundo de la ficción, también cohabitamos en la dimensión espiritual, siendo nuestra alma parte de esa vida eterna, dimensión Maljut, donde dicha esencia revestida en este recipiente (kli) corporal debe percibir esas manifestaciones divina que dan sentido a lo vivido y percibido al superar aquellos niveles de inconsciencia, fruto de Su Luz que nos guía, posibilitándonos reconocernos desde nuestra esencia real.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 10:28, “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”.
Oremos para que nuestra alma consciente domine nuestras inconciencias.



