
Mi Kabbala – Tamuz 1, 5786 – Martes 16 de junio del 2026.
¿Unión?
El Texto de Textos nos revela en Malaquías 2:10, “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué nos portamos deslealmente unos contra otros, profanando el pacto de nuestros padres?”
El concepto de unidad (יָ֫חַד yachad), es quizá uno de los más complicados de entender y por ende de llevar a cabo en nuestra vida práctica, ello, debido a que vivimos en un mundo fragmentado, en donde prima el egoísmo y a través de esa competitividad, una serie de intenciones, deseos, emociones, sentimientos y búsquedas que desdibujan esa visión universal de sabernos uno; partes de la Creación, integrados a ella, percibiéndonos aparte. Desde esa mirada debemos trabajar a diario para que sea esa propuesta de amor y servicio en pro de un bienestar que es general, lo que cogobierne nuestras búsquedas individuales.
Entendimiento que como creyentes nos otorgan expresiones que forjadas desde la letra hebrea yod (י), nos hablan de Israel (ישראל), de Judá (יהודה), de Jerusalén (ירושלים) y de Jesucristo (ישוע). Chispas de luz que con esos destellos nos otorgan esos significados reveladores para ver lo esencial de nuestras vidas. Propósito que nos llama a comprender el honor de ser Sus hijos y la necesidad de estar cerca de Él. Es por ello que, este signo lingüístico enarbola el tetragrámaton: YHWH (יהוה). Palabra que nos manifiesta que dentro de cada molécula existente se encuentra ese núcleo divino: Su amor, Su Luz.
Cada uno de los mensajes decodificados en nuestros conocimientos contienen esas señales que nos hablan de Èl, por ende términos como Sion (צִיּוֹן) gracias a las letras, tsadi y vav, nos reiteran el llamado a integrarnos como una sola familia, como una sola nación. Hermandad, que clama por nuestra unidad voluntaria, esa que parte de armonizarnos dentro de esta Su obra, para lo cual contamos con el vínculo perfecto del amor, el mismo que nos posibilita el convivir acorde a Sus mandatos. Por lo que como un solo pueblo, como su iglesia, debemos proponernos juntos ese retorno a nuestra morada celestial.
Cada oración (פָּלַל, palal) nos debe ayudar a comprender mejor ese llamado para unirnos, identificándonos como sus hijos, alimentándonos de Él como pan de vida, de esa fuente de agua viva que nos otorga Él como guardián y dador de todo, en pro de nuestro bienestar, que es general. Propósito que se logra solo siendo útiles a Su obra. Servicio fraternal que nos llama a colocar lo mejor de nosotros, de nuestros dones; alineándonos a Su voluntad, lo que significa dejar a un lado ese egoísmo pecaminoso que por siglos nos ha distanciado hasta de nosotros mismos, para aportar en vez de apartarnos.
José (יוֹסֵף) como líder de esta visión unificadora familiar, nos recuerda que incluso el mundo de Egipto también recibe de la misericordia divina, gracias a nosotros por ello debemos asumir a través de cada relectura de la Biblia esa misión de ser promotores del deseo superior unificador, el cual hace que aportemos de ese amor no solo a través de nuestras predicas sino a nuestro ejemplo de vida, el cual debe tocar los corazones de aquellos que sumidos en sus egoísmos y resentimientos no logran comprender este mensaje primordial del evangelio y por el contrario, con sus diarias reacciones solo promueven la desarmonía, el caos y el que vivamos separados: obviando así Su llamado.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 18:20, “Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Oremos para permanecer unidos siendo ejemplos de amor y servicio.



