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Mi Kabbala – Tishrei 25, 5786 – Viernes 17 de octubre del 2025.

¿Enfermos?

El Texto de Textos nos revela en Levítico 13:45, “Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada”.

Cohabitamos en el mundo del pecado, distanciados del Creador, quien incluso a través de las adversidades y enfermedades, llama nuestra atención para transformar esos comportamientos, por lo que esos agentes patógenos invisibles que nos contagian y hasta se propagan en el aire nos muestran esa parte de las impurezas de un mundo alejado de Su luz; invitación a orar y postrarnos (tzara’at, צרעת) escuchándole más hasta entender que podemos encontrar en esas debilidades, como en todo lo que nos detiene y alerta, una revelación divina para nuestro crecimiento, si confiamos en Él.

Para prevenir la propagación de estos dilemas y virus contagiosos, el ser humano ha intentado diversas posibilidades, desde cubrirse la boca hasta el aislamiento y la cuarentena, perspectiva que nos ayuda a entender que todos los males que se extienden en nuestro entorno, como la lepra, la que va más allá de la piel (or, עוֹר) alertas, que son útiles para que revisemos la forma en que estamos experimentando este proceso transitorio terrenal, lo que implica que cada proceso que vivimos busca motivarnos a una transformación profunda de nuestros comportamientos incoherentes y desobedientes.

Buena parte de nuestras enfermedades, como clamores del alma, requieren que nos cuidemos integralmente, especialmente en lo que decimos y en los pensamientos que de ello se desprenden, para que Él nos bendiga (baraj, ברך), expresión que desde Su raíz BRK (rodilla), nos insinúa que para asimilar su guía y vivir armoniosamente sanos, debemos entregarnos, comunicarnos, acercarnos a Él para someternos a su guía, pues cual leprosos estamos infectados por deseos egoístas que nos llevaran tarde o temprano a depender plenamente de Él como única fuente de vida, dándole un viraje a nuestro lenguaje en pro de sanar tal como está inscrito en Su plan de vida.

La bendición (berajá, בירך) que nuestro Señor Jesucristo recitó, es la misma que aún hoy pronuncian los judíos antes de comer pan: Baruj Ata Adonai Eloheinu Melej HaOlam HaMotzi Lejem Min HaAretz, “Bendito seas, Señor, Rey del Universo, que haces brotar el pan de la tierra”, como un llamado a aislarnos del mundo del pecado donde nuestras enfermedades y necesidades se multiplican como virus al retroalimentarnos de este y mas bien nutrirnos de Él de Su palabra, sanidad y armonía que con Su guía, nos llevan a dejar de quejarnos para alabarle y agradecerle por todo y por todos.

Ezequías (חִזְקִיָּהוּ‎, Hzkyhw, fuerza), rey de Israel, representa esa genealogía humana que nos reitera que hay un único Rey y Señor de señores: nuestro salvador Jesucristo, postura que nos llama a confiar plenamente en Su amorosa guía y a aprovechar cada instante de vida como presente suyo para degustar de nuestro crecimiento integral, oportunidad de estar más cerca para dejar que Él nos limpie, sane y salve, proceso de mejoramiento continuo hasta retornar a ese estado original en el cual fuimos creador y del que nos alejamos a causa del pecado.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 8:2, “Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció”.

Oremos para que el sane y satisfaga nuestras necesidades.

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