
Mi Kabbala – Jeshván 18, 5786 – Domingo 9 de noviembre del 2025
¿Templos?
El Texto de Textos nos revela en Proverbios 14:30, “el corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos”.
Contamos con un cuerpo (básar, בָּשָׂר) físico, compuesto por billones de moléculas y células, de las cuales conocemos lo básico, siendo necesario atender el llamado que nos hacen algunas enfermedades para apreciar el verdadero valor de las funciones que estas desempeñan en nuestras vidas, lo que implica ver en esas partículas energéticas del universo esa esencia divina que retroalimenta nuestro ser a través de interacciones e interrelaciones que se generan fruto del vibrar de Su Palabra, de allí la importancia de enfocarnos más en esas expresiones engañosas propias que nos distancian de Él.
Todo nos habla de Él, de allí que expresiones como beth Elohim (morada del Creador) o mikdash (“santuario”) o kadosh (קדוש, “santo”), derivadas de la raíz קדש (“separado”) nos recuerden que nuestro cuerpo cumple con el propósito de servir como punto de encuentro para nuestra alma, la cual se ha alejado voluntariamente de Él para ir tomando consciencia de los propósitos del Libre Albedrio, de allí que las inconsciencias propias de este mundo caído y oscuro son útiles para reafirmar nuestra dependencia con quien nos alienta y alimenta, siendo ese trabajo terrenal diario el que nos va guiando por los senderos de lo ético de Sus preceptos y mandatos para alejarnos de lo estético de nuestras alucinaciones.
Nuestro cuerpo, como templo (mikdash) o morada (shaján, שכן) del Espíritu Santo, es el espacio propicio para que nuestra alma se conozca, se reconozca y se reencuentre con ese haz de luz, siendo la oración el canal propicio para iluminar nuestras mentes oscuras en pro de incrementar nuestro entendimiento y con ello, todas las demás capacidades creativas que nos llevarán a asumir conscientemente el significado de sabernos hijos del Creador, seres eternos llamados a fluir con cada partícula de este universo, integrándonos a Él a través de esta Su obra.
Honrar (kabád, כָּבַד) nuestro cuerpo como templo de vida significa despertar y acercarnos a esa morada celestial, donde alabaremos a Dios con una vida santificada, retroalimentándonos de todo lo sano, bueno, bello y armónico que Él creó para nosotros, conscientes de degustar de Sus bendiciones físicas, mentales y espirituales, bienestar que también influye en nuestras emociones, permitiéndonos mantener relaciones armónicas con nosotros mismos, con los demás y, lógicamente, con Él, nuestro guía.
Malaquías (מַלְאָכִי), al igual que muchos otros mensajeros terrenales, nos llama a alcanzar una disciplinada integridad para que se nos devuelva el sentido trascendente divino de la vida al reconocernos desde lo verdadero, desde la vida misma, cuya esencia está inscrita en nuestro ADN, en cada célula y partícula de nuestro ser y de la naturaleza, atendiendo todos esos intercambios permanentes de información en donde se encuentran Sus revelaciones, vivencias que nos llaman a comunicarnos con Él, a integrarnos, sí a ver en los conflictos alarmas que nos recuerdan la necesidad de apartarnos de los descuidos y distracciones mundanas para volver a Él y a Sus propósitos.
El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 6:19, “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis del Creador, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, al Creador en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son del Creador”.
Oremos para que nuestra alma se reconecte con Él a través de este templo físico.



