
Mi Kabbala – Nisán 29, 5786 – Jueves 16 de abril del 2026.
¿Ceñir?
El Texto de Textos nos revela en Job 38:40, “Cíñete ahora como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me responderás”.
La vida nos enseña a diario a ser moderados, a buscar la perfecta armonía de una creación en donde hasta los excesos se alinean, espacio en que debemos aprender a cogobernar nuestro mundo mercantil egoísta de deseos, reduciendo estos en pro de ajustarnos a Su voluntad, la misma que nos llama a menguar agresiones y conflictos enfocándonos en servir, ocupándonos de ser útiles en vez de estar exigiendo ser servidos, por lo que desde esa mirada es que la Biblia nos invita a ceñirnos (אוֹזֵר, ozer), a ajustarnos, a que seamos guiados por los preceptos del Creador.
Desde aquellos antiguos días que nos relata la Biblia, los seres humanos antes de irse a las batallas, en estos casos los guerreros, se colocaban el casco, la armadura y tomaban su espada, lo que implicaba estar prestos para enfrentar al enemigo y para ello debían ceñirse los lomos, expresión que para algunos implica el ajustarse a las condiciones para las cuales se nos ha dotado, lo que significa el llenarnos de fortaleza y confianza (בָּטַח, batach) además de asumir una postura corporal y mental que nos permita cumplir con nuestros deberes y obligaciones espirituales por Él encomendadas.
Concepto de ceñir que debe entenderse más allá de llevar una túnica (כֻּתֹּ֫נֶת, ketónet) bien puesta, ajustada o sea abrochada con una faja, sino también el prepararse para cumplir con nuestras obligaciones, entregando siempre lo mejor de nosotros, esfuerzo que denota nuestro anhelo de devolverle a Él algo, de lo mucho aportado. No perdamos de vista que nos otorgó habilidades y dones con el fin que seamos útiles a Su obra, se trata es de ceñirnos en pro de colocar lo mejor de nosotros para aportar a ese bienestar general.
Ceñir los lomos, además implica el recoger el exceso de tela de la túnica larga y ajustarla con el cinturón para que las rodillas queden expuestas, sabiéndonos soldados espirituales, que enfrentamos a diario una verdadera batalla con nosotros mismos, intentando no tropezar con todo lo que este mundo nos coloca como desafíos, para lo cual el verbo ceñir, en hebreo, azar (אזר) nos habla de sujetar, de asegurar, recordándonos a través de la raíz asar (אסר – encerrar), que debemos salir de nuestra vasija mental y estructuras sociales amuralladas, para no seguir siendo rodeados por los ataques del pecado.
Él nos invita no solo a superar dichos senderos protegiéndonos en ese recorrido de los dardos del enemigo disfrazados de deseos y engaños, los cuales nos alejan de nuestros verdaderos propósitos, siendo soldados (חיל, khayal) de esa causa, ciñéndonos de su Palabra, no solo para enfrentar esas diarias contradicciones a través del amor y del servicio, sino para que nuestra alma encerrada, se proteja, evitando el ser tocada por ese egoísmo pecaminoso disfrazado de deseos que nos contamina, para lo cual necesitamos de esa armadura de la sabiduría divina, la cual nos lleva a superar esos tiempos difíciles a través de su guía misericordiosa, que es consuelo para nuestra alma.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 5:43, “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”.
Oremos para que vivamos ceñidos a la Palabra del Creador.



