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Mi Parashà – Génesis 22:6

La frase que constituye buena parte de este versículo, Va’yikkákh Avrahám et-atséi ha’olah (וַיִּקַּ֨ח אַבְרָהָ֜ם אֶת־עֲצֵ֣י הָעֹלָ֗ה), que describe cómo Abraham toma la leña para el sacrificio (atséi ha’olah), nos recuerda, a través de este material necesario para encender el fuego en un sacrificio, que existe una base relacionada con nuestras acciones y esfuerzos espirituales.

La palabra olah (עֹלָ֗ה), que significa “holocausto” u “ofrenda quemada”, tiene un valor gemátrico de 111, asociado con la palabra alef (א), la primera letra del alfabeto hebreo que simboliza la unidad y el origen divino. El hecho de que Abraham colocase a su hijo sobre la leña, Va’yasém al-Yitzchák benó (וַיָּ֤שֶׂם עַל־יִצְחָק֙ בְּנ֔וֹ), simboliza el acto de cargar el sacrificio sobre los hombros de Isaac. En la tradición cabalística, este acto puede interpretarse como la carga de la responsabilidad espiritual.

Isaac, cuyo nombre en hebreo tiene un valor de 208, simboliza el sacrificio y la devoción total a Dios. Esta escena también puede aludir a un futuro en el que el sacrificio personal y la responsabilidad recaen sobre las generaciones venideras. En la cábala, el concepto de fuego (ésh, אֵ֑שׁ) representa el juicio y la purificación, mientras que el cuchillo (ma’akelet, מַּאֲכֶ֖לֶת) simboliza la separación o corte de lo mundano para conectarse con lo divino.

El fuego es también un símbolo del espíritu y de la pasión por cumplir la voluntad del Creador. En términos de gematría, ésh tiene un valor de 301, asociado con esh (אש), que significa “fuego” y simboliza la fuerza transformadora del sacrificio. El cuchillo, ma’akelet (מַּאֲכֶ֖לֶת), tiene un valor numérico de 471, que representa la acción de cortar, no solo físicamente, sino también espiritualmente: la separación entre lo material y lo espiritual.

La expresión “caminaron juntos”, Va’yélkhu shenehém yachdav (וַיֵּלְכ֥וּ שְׁנֵיהֶ֖ם יַחְדָּֽו), tiene un simbolismo profundo que indica que Abraham e Isaac no solo caminan físicamente, sino espiritualmente. Esto nos invita a reconocer la importancia de asumir nuestros desafíos como una forma de hacernos conscientes de que estamos siguiendo la voluntad del Creador, para lo cual Él mismo nos otorgó todos los recursos necesarios.

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