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Mi Parashà – Génesis 22:5

El verbo “sentarse”, Shevú-lajem poh (שְׁבוּ־לָכֶם֙ פֹּ֔ה) o “quedarse” (שְׁבוּ, shevú), implica no solo la acción física de permanecer en un lugar, sino también un estado de espera y preparación espiritual. Abraham les dice a sus siervos que se queden en un nivel físico y terrenal (poh), mientras que él y su hijo se disponen a adorar al Creador en un nivel espiritual más elevado. En este contexto, quedarse con el asno, que representa lo físico y material, sugiere que no todos están listos para el viaje espiritual.

La palabra shevú (שְׁבוּ), “sentarse”, tiene un valor numérico de 308, que en gematría se relaciona con el término ruaj (רוח), que significa “espíritu”. Esto sugiere que, aunque los siervos de Abraham se quedan en el plano físico, existe la posibilidad de que, como el espíritu, puedan elevarse espiritualmente en el futuro.

La frase “El muchacho y yo iremos hasta allá”: Va’aní ve’hanáar nelechá ad-ko (וַאֲנִ֣י וְהַנַּ֔עַר נֵלְכָ֖ה עַד־כֹּ֑ה), muestra la disposición de Abraham e Isaac para ascender a un lugar espiritual más elevado. En cábala, el acto de caminar o avanzar (nelechá) hacia un lugar no es solo un movimiento físico, sino un símbolo de crecimiento espiritual. La palabra ko (כֹּה) puede interpretarse como “hasta aquí” o “hasta cierto punto”, lo que implica un límite en el camino espiritual.

El verbo “adorar” o “postrarse” (nistajavéh), Ve’nistajavéh (וְנִֽשְׁתַּחֲוֶ֖ה), representa un acto de entrega total. En la cábala, la adoración es un acto de alineación con la voluntad divina, donde el individuo se vacía de su ego y se entrega completamente al Creador. Este es un momento clave en el versículo, ya que Abraham e Isaac se preparan para el sacrificio, lo cual simboliza la rendición de sus voluntades individuales en favor del propósito divino.

La expresión “adorar”, Nistajavéh (נִשְׁתַּחֲוֶה), tiene un valor numérico de 836, asociado con conceptos de entrega y sacrificio. Esto refuerza la idea de que la adoración de Abraham e Isaac es una completa sumisión a la voluntad divina.

El verbo “volver” (nashuvah), Ve’nashuvah aleichem (וְנָשׁ֥וּבָה אֲלֵיכֶֽם), que usa Abraham para afirmar que ellos volverán después de adorar, tiene un significado especial, ya que está relacionado con el concepto de teshuvá, que significa “retorno” o “arrepentimiento”. Este retorno puede interpretarse no solo como físico, sino también como una transformación espiritual después de haber cumplido con una misión divina.

Por su parte, Nashuvah (נָשׁ֥וּבָה) tiene un valor de 358, el mismo valor que Mashíaj (משיח, Mesías). Esto simboliza que el retorno o la vuelta está conectada con la redención, no solo en el sentido físico, sino también espiritual. El retorno de Abraham e Isaac puede verse como una prefiguración del retorno espiritual y la redención futura.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre el camino espiritual que debemos recorrer. A veces, como los siervos de Abraham, nos encontramos en un estado en el que debemos “quedarnos” en lo físico y material, pero el llamado es avanzar hacia un lugar espiritual más alto, como lo hacen Abraham e Isaac. El acto de “adorar” implica una entrega total, una conexión profunda con lo divino que trasciende lo material.

El uso del verbo “volver” también nos recuerda que cada experiencia espiritual tiene un impacto transformador. Al igual que Abraham e Isaac, podemos volver de nuestras experiencias espirituales no solo como los mismos individuos, sino como personas renovadas y más conectadas con nuestro propósito divino.

El versículo nos enseña que el verdadero viaje es el espiritual, que implica sacrificio, entrega y un retorno a un estado de conexión profunda con el Creador. En nuestras vidas, esto significa priorizar nuestras metas espirituales por encima de lo material y aprender que la verdadera adoración implica una transformación personal.

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