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Mi Parashà – Gènesis 17:10

La circuncisión (הִמּ֕וֹל, himol) mencionada en este versículo es mucho más que un rito físico. En la cábala, la circuncisión simboliza la purificación y la eliminación de las capas que ocultan la verdadera esencia espiritual del ser humano. El acto de la circuncisión representa la eliminación de las barreras entre el ser humano y lo divino, permitiendo un acceso más puro y directo a la conexión espiritual.

La palabra הִמּ֕וֹל (himol – circuncidado), en términos de gematría, se descompone así: ה (Hei) = 5, מ (Mem) = 40, ו (Vav) = 6, ל (Lamed) = 30, dando un valor total de 81. Este valor sugiere la idea de purificación y renacimiento. Si descomponemos el número, 8 + 1 = 9, que en la numerología judía simboliza la verdad (אמת, emet) y la revelación divina. Esto nos indica que la circuncisión es un acto que permite revelar la verdad interna del individuo y alinearlo con la voluntad divina.

Además, la palabra ברית (berit – pacto), cuyo valor es 612, refuerza la importancia de la conexión con lo divino. Como hemos visto anteriormente, este número, sumado con uno más, simboliza los 613 mandamientos que conectan a la humanidad con el Creador, lo que nos recuerda que este pacto es una manifestación de un compromiso espiritual más amplio.

El pacto (בריתberit) que el Creador establece con Abraham a través de este mandamiento es una alianza de compromiso y fidelidad a través de generaciones. En el contexto cabalístico, la circuncisión es vista como un acto de corrección espiritual. El acto físico es una manifestación de un proceso más profundo de corrección interna, donde el alma busca librarse de los deseos egoístas y alinearse con el propósito divino.

La palabra זָכָר (zakhar – varón) en hebreo también está relacionada con el verbo “recordar” (זכר, zakar), lo que sugiere que cada varón circuncidado debe recordar constantemente su pacto con el Creador y vivir de acuerdo con este recordatorio. La cábala nos enseña que este acto representa la remoción de lo que nos separa de la Luz Divina, permitiéndonos vivir de acuerdo con los principios más elevados de la Creación.

El mandato del Creador a Abraham de circuncidar a todo varón es un recordatorio de que las acciones físicas, cuando están conectadas con intenciones espirituales, pueden ser un vehículo para la transformación interior. Este pacto no solo tiene implicaciones para Abraham, sino para toda su descendencia, lo que nos recuerda la importancia de la transmisión espiritual a las futuras generaciones. El concepto de recordar (zakhar) vinculado a este mandamiento nos llama a ser conscientes de nuestro pacto con lo divino en cada momento de nuestras vidas y a vivir de acuerdo con ese compromiso.

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