
Mi Kabbala – Kislev 7, 5786 – Jueves 27 de noviembre del 2025
¿Mesías?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 9:5, “Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz”.
Las profecías (נָבָא, nabá) nos hablan del Mesías, ratificándonos a los creyentes que nuestro Señor Jesucristo es nuestro redentor así otras sesgadas interpretaciones con sus dudas solo intenten desviar nuestra atención, quizá por ello siguen existiendo fariseos que cual estudiosos de Su palabra sesgan estas interpretaciones para mostrarnos un rey humano con roles terrenales, cuando lo que importa es que todos debemos ser parte de ese proceso de salvación universal, que inicio con su primera venida al hacer un paréntesis en nuestra historia para permitirnos como humanidad el ser salvos producto de una fe que necesita de esa misericordia celestial que debemos traducir como amor al prójimo.
La Biblia en cada revelación nos habla de un Mesías (מָשִׁיחַ, Māšîaḥ), quien se humano y murió por nuestros pecados, rey que aun siendo descendiente directo de David, hijo de Ishai, no se presentó como tal, líder que no busco poder político y quien por el contrario, nunca uso sus extraordinarios talentos para promover una revolución mundial armada, sino que nos habló de una justicia social perfecta para toda la humanidad, una que sigue influyendo a toda personas que quiere servir en esta Su obra de corazón, no buscando compensaciones mercantiles egoístas, sino ese reinado espiritual.
El pueblo Judío lee esas profecías y visiona al más grandioso de la historia, jerarquía incluso superior a la de Moisés, mas no percibe en Jesucristo a ese ser que vio más allá de la falsedad y la hipocresía de este mundo, con capacidad de percibir el alma de las personas, tomando de nuestro pasado y pensamientos para hablarnos de ese futuro en donde las tribus de Israel, heredarán esa porción celestial para reconocerle por fin como el león de Juda de la tribu de Leví(לוי), el que une, el que legitima, (kohén כּהן), el salvador de un mundo que esta a espaldas de esa única verdad fraternal y servicial.
Nuestro Señor Jesucristo cumplió con todas las profecías, pero los eruditos no piensan igual fruto de su ceguera espiritual, la misma que posibilito que los gentiles seamos quienes le predicamos al mismo pueblo escogido, hasta que Èl como Yeshúa (יֵשׁוּעַ), regrese más ya no como ese niño concebido por el Espíritu Santo a través de María, sino como el mismo Creador que ya no reinará con misericordia sino con justicia, especialmente para aquellos que no le aceptaron, dando así inicio al milenio final de este planeta y el inicio de nuestra redención a nuestro estado original.
En el pasaje de la trasfiguración de nuestro Señor Jesucristo, Él mismo nos denota el cómo será ese milenio o era mesiánica, es por ello que los creyentes visionamos en patriarcas como Moisés (מושה) la importancia de la ley, en Elías (אֵלִיָּהו) de las profecías y en los mismos tres discípulos a quienes finalmente disfrutaremos de Su reinado ya que a partir de ese momento todo ojo le verá y adorará, época que esta próxima y que permitirá que todas las naciones le honren, cumpliendo así ese gran mandato de amar al Creador por sobre todas las cosas y a nuestros próximos como a nosotros mismos.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 16:15, “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? —Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente —afirmó Simón Pedro”.
Oremos para que el mensaje y la salvación del Mesías guie nuestras vidas.



