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Mi Kabbala – Iyar 10, 5786 – lunes 27 de abril del 2026

¿Fuego?

El Texto de Textos nos revela en Levítico 6:12, “Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz. 13 El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará”.

Si aceptamos que Dabar (דָּבָר) se debe traducir más que como un objeto físico, como una imagen, ello producto de la raíz dibur (hablar), que nos ratifica que todo objeto parte de un concepto, de una creación verbal mental, debemos asumir que nuestra realidad física esta conformada por esa Palabra, que además comunica la coexistencia de lo que Él creó con su voz: chispa divina, en que nos recreamos, transformando nuestros entornos gracias a esa vibración energética que nos revela en cada partícula que percibimos Su Luz, la misma a la que la ciencia le otorga desde la materialidad el poder de crear.

La física nos habla de la entropía, ley que describe el desorden (בלגן – balagan) de las cosas en la naturaleza, una especie de dirección hacia el caos, lo que desde lo espiritual nos llama a encender en nosotros esa luz divina, que además le da a nuestro entendimiento e inteligencia, creatividad; capacidad para movilizar esas partículas a través de nuestra conceptualización en pro de lograr una armonía, que en su todo nos lleve a esa unidad celestial a la que debemos integrarnos a través de lo creado en pro de irradiar lo mejor de nosotros en cada uno de nuestras vivencias.

Los mismos místicos ven en esa energía (koaj – כוח) nuestro mayor potencial espiritual, lo que implica que todo objeto, cosa o persona, contiene esa chispa divina, la cual moviliza todo lo creado a través de Su palabra; energía, que le da a cada una de esas moléculas vida o de lo contrario, estás se extinguirían fruto de no retroalimentarse de Él, lo que nos invita a todos a usar nuestras expresiones y conceptualizaciones en pro de un bienestar general en donde esa vibración armónica nos aporte en vez de apartarnos.

Su Palabra es fuego (esh – אֶשָּׁא) y a través de ella no solo podemos identificar cada objeto que percibimos, sino mover nuestra realidad, lo que se traduce en que el concepto original de fuego nos incita otro significado, el de foco, llamado a reenfocarnos en todo aquello que nos da calor, a Su luz, que cual hoguera nos proyecta ese hogar en donde podemos encender nuestro interior, gracias a este elemento fundamental, símbolo igualmente de esa Unidad armónica, lo que nos conduce a asimilar que ese fuego también sinónimo de sanidad, de purificación, ya que tiene la propiedad de limpiarnos.

Su fuego arde, lo que nos denota un valor, unas cualidades, que nosotros mismos les conferimos a las cosas, personas e ideas, incluso a algunas circunstancias y gracias a esa estimación, podemos encender igualmente la búsqueda de vivir conforme a unos preceptos, logrando así unas relaciones armónicas, comunicándonos con ellas, lo que se traduce igualmente en valorar (הַחְשֵׁב – hajsh) más la vida, fruto de estos conocimientos a través de los cuales nos reconocemos como sus hijos.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 2:19, “y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; 20 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; 21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”

Oremos para valorar más y más la vida.

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