
Mi Kabbala – Sivan 22, 5786 – Domingo 7 de junio del 2026.
¿Ver?
El Texto de Textos nos revela en Números 33:55, “y si no echareis a los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitareis”.
Nuestra visión es un sistema esencial que captura imágenes exteriores acorde a unos modelos sígnicos que se articulan a nuestra mente. Imaginarios en que nos recreamos gracias a unos conceptos que interpretamos como reales, aun cuando estos difieren producto de las diversas percepciones y sesgos conceptuales. Lo que significa que coexistimos en el mundo de las ilusiones y anhelos, los mismos que nos distraen con sus signos y símbolos de ese camino espiritual así como de las manifestaciones divinas que regularmente confundimos con satisfactores fomentados por expectativas (תִּקְוָה, tiqvah)
La letra Ayin (ע) del alfabeto hebreo, corresponde para quienes así lo creen al ojo, y aunque para algunas personas significa, vacío o la nada y hasta destrucción, como símbolo, nos proyecta una hermosa relación con el viento, el mismo que desatendemos, pero que transporta esas ondas de nuestras voces y por ende Su Palabra. Lo que explica que nuestra sordera, le llevo a humanarse, rasgando el velo que tenemos en nuestros ojos egoístas para que Su Espíritu pudiera ingresar a nuestro templo corporal y iluminara, permitiéndonos entender desde el mismo acto de respirar lo que es la vida.
Ayin, como signo, sirve de advertencia, para evitar esas crisis a través de las cuales nos cuestionamos, por ende esas señales y alertas sobre sus líneas trazadas, nos incitan a que no sigamos confundidos edificando nuestras torres de Babel con nuestras desinformaciones, cuando podemos más bien cerrar nuestros parpados y proponernos un crecimiento interior. El mismo que tiene que ver con nuestra evolución espiritual, traspiración que nos llevará a cultivar a diario una dinámica de vida diferente en donde nuestros anhelos y sueños sean para compartir y no para competir, atendiendo desde esa perspectiva las revelaciones divinas (מַלְאָך, malak).
Palabra que se fundamenta en estas letras, siendo esta la décima sexta del alfabeto hebreo. La cual con sus chispas de luz y correspondencia con la letra griega ómicron, O, nos arroja un mensaje liberador en pro que no sigamos en la cultura egipcia de nuestra esclavitud y abramos el ojo (udjat), no el de Horus, sino el del alma. Lógica gematrica que le da a este signo un valor numérico de 70, para reconfirmarnos que debemos percibir mejor las cosas y así poder derrumbar esas barreras que nos instan a engaños, haciendo visible lo invisible al iluminar nuestro ser con Su luz, dándole a nuestros ojos interiores esas chispas de la Palabra, que amplían nuestra percepción (רָאָה, raah) visual y sonora.
Nuestro Señor Jesucristo nos denotó que existe la posibilidad de una percepción más directa del mundo espiritual, una que no requiere de intermediarios y que nos llevaría a vislumbrar esa otra realidad, para la cual Su Espíritu nos da esa nueva visión, nacida ya no de la causa de las cosas y por ende de sus apariencias (מַרְאֶה maré) sino sobre todo de integrarnos a cada partícula con la cual interactuamos a cada instante, transpirando así esa posibilidad de reencontrarnos con esa fuente de agua, viva fruto de atender Su palabra y a través de ella transformar nuestras coexistencias.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 5:29, “por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”.
Oremos para que con nuestra vista podamos percibir mejor al Creador.



