
Mi Kabbala – Av 6, 5786 – Lunes 20 de julio del 2026
¿Receptivos?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 53:6, “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”.
Cada letra, como signo o señal, nos proyecta un imaginario con el que le damos un sentido a la vida. Quizá por ello, la letra Kof (ק), al ser la décimo novena del alfabeto hebreo, equivalente a la “Q” en occidente, nos llama, incluso con su sonido que proviene del fondo de la garganta, a vivir desde el alma. Analogía que, de acuerdo con la gematría, le da el valor de cien a este signo, lo cual refleja una especie de interrogación que nos invita a percibir la necesidad de ser prudentes, especialmente en lo que respecta al origen del mundo, donde nuestros signos lingüísticos como señales nos dan esos mensajes divinos.
La tradición judía, por ejemplo, otorga a la multitud de fuentes como Kof un principio positivo, mientras que otros le confieren un concepto fuertemente negativo. Con todo, como creyentes, debemos darle a Kof una lectura distinta que evite interpretarle como un hacha en manos de un mono, para reconocer en su forma como ese ojo de una aguja (majat – מַחַט), tal como nos lo expresó nuestro Señor Jesucristo como llamado a unificar nuestras fortalezas para poder atravesar esa puerta estrecha de nuestro discernimiento, la cual nuestro ego tranca al desenfocarnos, llevándonos a actuar contrario a los preceptos divinos.
Quienes ven en dicho signo las murallas laterales de Jerusalén, caracterizadas por una puerta estrecha (delet – דֶּלֶת), diferente de la puerta principal que se cerraba después de cierta hora, donde los mercaderes que llegaban tarde tenían que entrar por ese ojo de la aguja, nos invitan a no llegar tarde como pecadores, para lo cual debemos dejar nuestros deseos y cargas afuera, arrodillándonos y orándole en pro de obtener sabiduría, cerrando nuestros ojos, boca y oídos para aceptar lo que el Creador nos dicta y dejar de seguir un mundo que con sus distractores nos confunde.
Recordemos que, al cerrar nuestros sentidos al mundo exterior, estamos más receptivos a lo divino, y probablemente todo lo que nos sucede a diario nos proyectará un despertar interior para que ese amor por la vida sea el impulsor para ser mejores seres humanos; servidores de los propósitos divinos. Al reconectarnos con esa energía espiritual, que difiere sustancialmente de la solar de la que hoy suponemos depender, se nos llama producto de estas analogías a aminorar nuestras ilusiones egocéntricas gracias al conocimiento de esa luz verdadera (or – אוֹר).
Desde esta perspectiva, Kof (ק) podría actuar para los creyentes como un arma afilada que corta y separa lo real de lo ilusorio, poniéndolo en dos direcciones: lo que se une por un lado y lo que se separa por otro, en señal de lograr vislumbrar en ese signo lingüístico original Kof (simán – סִימָן) esa luz universal que nos otorga iluminación, revelación y libertad. Perspectiva que nos ofrece este símbolo en pro de ponernos al frente, a destacar y colocar en evidencia todos los dones personales, los mismos que debemos colocar al servicio de la obra Creadora atendiendo así las palabras de nuestro Señor Jesucristo, quien nos incitó a amarnos como parte de esa fuerza suprema, en pro de alcanzar la convicción que retornaremos pronto al lado de nuestro misericordioso Padre.
El Texto de Textos nos revela en Filipenses 1:19, “porque sé que, gracias a las oraciones de ustedes y a la ayuda que me da el Espíritu de Jesucristo, todo esto resultará en mi liberación”.
Oremos para estar más receptivos a todo lo que el Creador nos expresa a diario.



