
Mi Kabbala – Sivan 20, 5786 – Viernes 5 de junio del 2026
¿Trinitarios?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 18:2, “Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos”.
La Biblia nos presenta a través de las vidas de cientos de seres humanos con características similares a las nuestras, bellas analogías. Uno de los ejemplos más sorprendentes para imitar y crecer en fe, aparece en la historia de Daniel y sus tres compañeros: Sadrac, Mesac y Abednego, quienes originalmente, eran conocidos como Ananías, Misael y Azarías. Tres hombres hebreos fieles que se mantienen firmes a la palabra y promesa del único Creador: Elohim o Yahvé. Daniel (דָנִיֵּאל), Él ha juzgado; dan, (Hananiah, חֲנַנְיָה), el Señor, yah, ha sido bondadoso; Hanan (Mishael, מִישָׁאֵל) ¿Quién es como misha, Él? y; Azariah (עֲזַרְיָה), el Señor, yah, ha ayudado, azar.
Tres valientes que rechazaron audazmente la idolatría, padeciendo, al ser arrojados a un horno ardiente del cual sobrevivieron milagrosamente, gracias a su profunda fe, denotándonos que esa confianza en Su guía es la que nos protege. Por ello, estudiosos de la gematría ven en el número 3, una enorme importancia, aduciendo que este es de los más sagrados, lo que implica que palabras como shalosh (שָׁלֹשׁ) por su simetría, al estar compuesta por dos shin(ש), signo de 3 puntas que rodea por lo alto a lamed, nos llama a vislumbrar en esa letra ese carácter firme que requerimos para confiar solo en Él.
Los creyentes hablamos incluso de la trinidad, perspectiva que nos incita a apreciar, cómo el Creador se entre mezcla (arevut) con nuestras vivencias, vinculándonos a través de ellas fraternal y servicialmente, con esa nuestra historia humana en donde nuestros ancestros nos reiteran como avanzar en este desierto, como tribus que toman la difícil diaria decisión de continuar hacia Tierra Prometida. Rubén, Gad y media tribu de Manasés, nos invitan a través de ese pastoreo a buscar ese oriente del Jordán en nosotros y mirarnos hacia adentro, ministrándonos (שָׁרַת, sharath) como hermanos.
Decisión que no se debe entenderse en este caso como un acto egoísta, ya que las tres tribus no estaban abandonando a sus hermanos, sino que al establecerse en Canaán, manteniendo el pacto de lealtad, nos legaron como próximos la necesidad de proyectar en ese triangulo de vivencias tal como Abrahán; su nieto Jacob e Isaac, el intermedio, ese camino de fe que nos llama a mantenernos unidos gracias a las enseñanzas de Su palabra, la cual ilumina nuestros entendimientos para que como pueblo e iglesia entendamos nuestra trilogía (שלוש, shalosh) como seres físicos, mentales y espirituales.
La búsqueda de ese equilibrio nos habla por ende a través de esa letra shin (ש) y sus tres puntas, de esa motivación permanente a la unión, que hace que nuestro ser coexista con esa armonía divina. Siendo ese Isaac quien nos pide mantener nuestra templanza para ver el punto de equilibrio y así estar junto a nuestro padre como hijos. Viendo en los tres ángeles que visitaron a Abrahán, ese llamado a reflexionar en esa santísima trinidad, que como estructura celestial infunde a nuestras vidas ese toque de espiritualidad, gracias a ver en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nuestra salvación, redención y guía. Proceso que implica congregarnos en unidad como pueblo e iglesia.
El Texto de Textos nos revela en Juan 3:34, “Porque aquel a quien el Creador ha enviado habla las palabras del Creador, pues El da el Espíritu sin medida”.
Oremos para que la trinidad guie nuestras vidas.



